Editado por Claudia Sotomayor Dorival

El punto de partida del cine de horror no puede ser otra cinta distinta a L’arrivée d’un train à La Ciotat (La llegada del tren) de los hermanos Lumière en 1896. Siendo una de las primeras presentaciones de imágenes en movimiento, concibe la experiencia cercana de observar un tren a una escala en que lo visual juega con el espectador y le causa temor a ser arrollado en ese preciso instante. El cine de terror utiliza el miedo que puede generar en los espectadores como material de manipulación. Sin embargo, la elaboración de estas cintas se basa en dos aspectos fundamentales: el reconocimiento de los miedos y el retrato cinematográfico de estos.

A pesar del gran escándalo que provocó la puesta en escena de L’arrivée d’un train à La Ciotat, es considerada La mansión del diablo, obra de Georges Méliès, la primera película de terror en el mundo del cine. Curiosamente, este filme fue estrenado el mismo año de la presentación de la cinta de los hermanos Lumière: 1896. La mansión del diablo es considerada el punto de partida para lo que se clasificaría el género de terror. No solo por el hecho de que logró asustar a los espectadores, sino también porque tuvo como personaje principal a un individuo temido por la sociedad, el diablo. Méliès emplea el cine mudo para mostrar la historia del diablo Mefistófeles, quien  tras aparecer un caldero y un ayudante, conjura diversos maleficios. Esos tres minutos de duración de la cinta permiten al espectador visualizar una comedia más que una controversia hacia la tranquilidad emocional; sin embargo, el uso del miedo en este tipo de cintas aparece por el simple nombramiento o participación de seres considerados malévolos.

En 1910, con la primera adaptación al cine del mito de Frankenstein producida por J. Searle Dawley, se pudo notar una evolución de lo terrorífico en el mundo cinematográfico. En esta primera versión, la rareza y condición física del monstruo es útil para generar terror en el espectador, pues fue el maquillaje la herramienta fundamental para ello. Asimismo, en la versión producida por James Whale, El doctor Frankenstein (1931) y su secuela La novia de Frankenstein, también se maneja el maquillaje para generar miedo, al mismo nivel que la actuación puede generarlo. El personaje realiza acciones que se asemejan más a la realidad, con lo que usa el miedo al fuego para causar temor en los espectadores. ¿No encuentran un parecido con nuestra forma de actuar? En ese sentido, el cine logra presentarse como un reflejo no solo de los miedos del hombre, sino también de los efectos de ese miedo en su vida. Así, podemos pensar que el cine es una posible mímica de nuestras acciones y las emplea en nuestra contra como un medio ideal para horrorizarnos.

Concluyendo con Frankenstein, en 1957, se estrenó La maldición de Frankenstein, dirigida por Terence Fisher. En este filme se presentó una versión más humana y menos monstruosa del personaje. Además de ser una cinta con una extensión mucho mayor a las anteriores, esta podría considerarse como una redirección de los miedos de la época. Esto debido a que el terror no se disipaba en lo monstruoso o lo exagerado y fantástico, sino en el mismo hombre. El cine en este periodo giraba entorno a los residuos de la Segunda Guerra Mundial y demás sucesos caóticos que se estaban suscitando. El mismo hombre se había convertido en su propio enemigo y en el principal responsable de los posibles peligros hacia la vida.

Ahora bien, las interpretaciones más modernas de Frankenstein retoman lo fantástico e incluso muestran una visión más científica de lo que era antes imposible, como se puede detectar en Victor Frankenstein (2015). En la actualidad, estas nuevas versiones no llevan al espectador a experimentar el horror que sintió en la época en que se presentó el Frankenstein de Dawley, pues el terror cambia según el tiempo y con la aparición de nuevos o incluso la superación de miedos. En ese sentido, es absolutamente imprescindible comprender al público para reconocer sus miedos, puesto que no es posible plantear historias a base de temores no comprendidos. Ciertamente, nuestra generación ha perdido mucha sensibilidad hacia lo que en tiempos pasados era el terror en esplendor total.

El mundo cinematográfico aún continúa empleando las mismas técnicas, temáticas, puntos visuales y demás puntos claves que se presuponen indispensables para la elaboración de una película de terror. Esto explica el aburrimiento que le genera a muchos espectadores este tipo de filmes. Así como el hecho de que muchos se convierten en un espacio ideal para la burla y risa respecto a la incapacidad de generar terror. Por otro lado, el cine de terror de este siglo se construye como un medio desligado de cualquier temática antes tratada. Puede que existan muchos remakes de viejas películas o secuelas, pero estas siempre disponen de un nuevo enfoque y de un gran empleo de no solo maquillaje, sino también de efectos especiales, pero, sobre todo, del sonido.

El cine de terror presenta nuestros miedos de una manera cercana a la cotidianidad. Según podemos ver en las últimas películas de terror más impactantes, este tipo de filmes tratan de problemas psicológicos, relacionados a la soledad y a la violencia psicológica; así como otros que tratan de la cercanía de lo sobrenatural al hombre, quien se impacienta por lo desconocido y se atrae por lo no-natural. El cine aparece dispuesto a quebrar la distancia entre la realidad y el reflector de la cámara. Entre técnicas modernas, se encuentra el found footage, que brinda al espectador la ilusión de que las escenas son recopilaciones de grabaciones de instantes inquietantes, normalmente de laptops o celulares. Esto se puede ver en The Blair Witch Project (1999) y en Paranormal Activity (2009).

En mi opinión, el pilar fundamental para ocasionar miedo en el espectador es el sonido, pues este es el medio que ambienta la intranquilidad ideal en la escena. Lo sonoro se entiende como una guía de reconocimiento sobre una posible amenaza o momento visual que pueda llevar al espectador a una exaltación. Un gran uso de esto podemos verlo en la película ‎The Conjuring (2013) y su pre-secuela The Noun (2018), así como en The Witch (2015). En el caso de Ad Astra (2019), el sonido es primordial pues funciona como un personaje narrativo que describe la soledad que aterra al protagonista durante toda la película.

El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project, Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, 1999)

Es así como el cine de terror adquiere un nuevo objetivo mucho más difícil que solo provocar gritos, pues busca el encuentro con la conciencia del espectador. En ese sentido, se procura inquietar con la historia la mente del individuo, para que así este tenga un pensamiento prolongado sobre la película posterior a su visualización en el cine. Así, la película genera una angustia sobre lo visualizado e incluso un reconocimiento a lo nunca antes considerado como terrorífico. De esta manera, el cine de terror procura trabajar con nuestros miedos, los cuales cada vez se masifican y se transforman con ayuda de nuevas técnicas cinematográficas que nos acercan al encuentro de nuestros peores temores.