A través de la historia, los seres humanos siempre han buscado la forma más eficaz de comunicarse entre ellos. Antiguamente, uno de los medios más apreciados por las sociedades era aquel que se basaba en la literatura oral. Un ejemplo de ello son las distintas tragedias griegas que comunicaban historias heroicas o quejas sobre el contexto conflictivo en el que se vivía. En base a este estilo de comunicación, durante la época moderna, los testimonios post-conflictos armados fueron los que más resaltaron en los grupos interesados en las memorias de los marginados y grupos no representrados. Sin embargo, tanto la literatura griega como la literatura contemporánea (respecto de testimonios e historias orales) suele tener una extensión no muy atractiva para un público no lector. Con esto hago referencia a un sector que, precisamente, prefiere ver la película antes de leer un libro de 350 páginas. Esto no significa una acusación negativa a esta preferencia por el mundo mediático, al contrario, es una llamada de atención a la apertura de una nueva cultura de comunicación.

Si es que no quiero leer todo un manual sobre reglas de tránsito ¿qué hago? Si es que me quiero informar sobre la coyuntura actual de manera rápida, pero superficial ¿qué hago? Si es que quiero promocionar una marca, pero no quiero elaborar un texto acerca de las ventajas de esta ¿qué hago?

Ante un grupo más tecnológico, más creativo y menos impregnado en una cultura lectora tradicional aparece la “memética” o, la más conocida, cultura de los memes. Se suele atribuir el nacimiento del término “meme” al etólogo Richard Dawkins, quien en su libro El gen egoísta (1976) utiliza este término para referir al área de evolución cultural humana (análoga a los genes) la cual contiene una unidad de información que se queda en el cerebro y se comparte entre otros agentes. En otras palabras, es un patrón cargado de ideas, las cuales tienen un fin reproductivo en la sociedad. Otro origen de esta terminología se le atribuye a la palabra griega mimema, que hace referencia a la imitación. En nuestro contexto, los memes se utilizan como una estrategia eficaz de marketing, ya sea para promocionar nuevas marcas, así como para hacer una burla acerca de algún suceso político o social que se haya llevado a cabo. Esencialmente, busca llamar la atención de los usuarios y, sutilmente, informar a un público de manera gráfica.

Para no hacer de este artículo uno extenso y aburrido propondré dos ejemplos clásicos de memes para entender, de mejor manera, su rara conexión con el mundo de la literatura y la comunicación.

El primer ejemplo es acerca de la coyuntura política de nuestro país: Perú. Uno de los clásicos repertorios de la cultura del meme fue hacer una analogía de los premios Óscar  con las actitudes más destacadas de los personajes políticos peruanos durante las elecciones del 2016.

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En esta primera imagen se encuentra el ex presidente Ollanta Humala, junto al premio de “Ganador al mejor actor secundario con la película ¿Y dónde está el Presidente?“. Como muchos peruanos recordaremos, el gobierno (2011-2016) de este señor se caracterizó, principalmente, por destacar a su esposa Nadine Heredia en todas las reuniones oficiales del Gobierno. Pasando al plano literario, se puede analizar la imagen a partir del recurso literario metáfora. Una ubicada en la frase “mejor actor secundario”, la cual hace evidente referencia a que Humala hizo un trabajo no tan relevante durante su película (es decir, su mandato); y, una segunda metáfora en la pregunta “¿Y dónde está el Presidente? “, aludiendo a la búsqueda de la posición de Humala, la que, según el pueblo peruano, su esposa cubrió.

 

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En esta segunda imagen se encuentra el mayor representante del plagio peruano: César Acuña, fundador y líder del partido Alianza para el Progreso, quien en el año 2016 fue uno de los personajes más sonados por la polémica del plagio. Según se comprobó por distintos medios, Acuña presentó su tesis doctoral a la Universidad Complutense de Madrid con la reproducción de fragmentos pertenecientes a obras de terceros, quienes, evidentemente, no fueron reconocidos en el trabajo. En el meme mostrado previo a este párrafo se muestra una ironía en conexión a la situación por la que pasó el líder político. Se hace mención “al mejor guion original” cuando se sabe que fue este personaje quien cometió una infracción de autoría en uno de los trabajos académicos más importantes. Además, en la frase “yo no copio, soy coautor” se apela al mensaje que Acuña transmitió en defensa a esta situación académica y moralmente vergonzosa.

Un segundo ejemplo (en temática) de la cultura memética es aquel que parte de nuestra tan prestigiosa institución de seguridad ciudadana: la Policía Nacional del Perú. Como se mencionó en el párrafo introductorio de este artículo, existe, actualmente, un grupo significativo en la sociedad que busca informarse de una manera que no requiera tanto trabajo lector y, por el contrario, más trabajo gráfico. Ante estas demándas tecnológicas, la PNP crea memes en base a ciertas advertencias que el usuario tiene que tener cuando maneja o, en general, cuando sale por la calle. Aquí algunos ejemplos.

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Para los que no reconocen los gráficos mostrados en la imagen, Plants vs. Zombies es un juego de estrategia en donde el jugador tiene que defender a las plantas de los zombies que llegan a destruirlas. Básicamente, la PNP personifica a la planta, con características inofensivas, conectándola con el potencial lector del meme. En esta situación vulnerable, la planta (persona que comete la infracción de portar armas de fuego sin licencia) se enfrenta a un zombie, con signos de poder, que representa a la cárcel en caso de no cumplir con la regla de portación de armas de fuego.

 

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En esta otra imagen se apela al tema del mercado negro (con “la esquina del ahorro”) y las ventajas de corto plazo que puede traer comprar estos medios. Si bien se ahorra muchísimo dinero, son medios ilegales que pueden traer consecuencias más grandes.

Puede parecer un chiste que una institución “seria” que encabeza la seguridad nacional utilice este tipo de medio para transmitir mensajes de advertencia y prevención. No obstante, creo yo, que a través de medios visuales y modernos como este, se puede llegar a más personas y difundir, de una mejor manera, el mensaje que se quiere transmitir.

En síntesis, según lo mencionado a lo largo de este artículo, la cultura de los memes representa un aporte significativo en nuestra sociedad actual. Frente a un grupo social, mayormente joven, que está más conectado a las últimas tecnologías y menos a los clásicos de la tradición literaria e informativa, una buena y eficaz manera de mantenerse al tanto de lo que sucede en el mundo es este método. Por otro lado, no hay que dejar pasar por alto el tema de utilizar los memes, lamentablemente, como un recurso ofensivo hacia cierta población. Los típicos casos que se ven son, por ejemplo, burlas hacia el grupo LGTBIQ+, hacia las mujeres (por parte de grupos machistas) o, incluso, hacia poblaciones alejadas por tener una variedad lingüística distinta a la de la capital.

Ahora, la gran pregunta es: ¿cómo se conectaría este arte visual con la literatura? Personalmente, lo tomo de una manera bastante simple bajo tres conexiones. En primer lugar, el obligatorio uso de recursos literarios para elaborar estas imágenes. Como se vieron en los ejemplos, es inevitable no usar metáforas o ironías en los contenidos. En segundo lugar, demanda al lector cierto conocimiento o cierta base para poder entender e interpretar el mensaje que se busca difundir. Incluso, ahondando más en el campo literario, se puede llamar a debate el concepto de interrextualidad. Este supone una conexión entre, por ejemplo, los premios Oscar y el gobierno de Ollanta Humala. Una conexión que, superficialmente, no tiene pies ni cabeza, pero en el plano interpretativo es lo primero que resalta. En tercer y último lugar, un meme busca llamar la atención y comunicar algo al potencial lector, con el fin de que este lo difunda y llegue a un público mayor: exactamente lo que se quiere obtener con la literatura oral (mitos) o testimonios. Claro, tendría que haber una elaboración maravillosa para que un meme se compare con un libro, pero, al menos, nos jala la mirada y nos enseña en muchos casos acerca de situaciones actuales y cosas útiles para la vida.