Para probar una pequeña teoría, a varios de mis amigos les hice la misma pregunta: “¿Crees en las almas gemelas?”. Logré un par de risas incrédulas, otro par de “¿qué es eso?” y uno que otro ojo par de ojos puestos en blanco. No los culpo, en realidad la sola idea de que existe una persona que es mágica para ti y la de que te enamorarás al instante simplemente no es realista. La idea de que existe alguien que está diseñado para ti y con la cual todas las piezas de tu rompecabezas por fin terminarán por encajar suena mucho pedir, y eso me lo dejaron saber la mayoría de personas a las que les pregunté. Sin embargo, hubo una amiga que me respondió con un “sí” seguido de una sonrisa de oreja a oreja.

Como era de esperarse le pregunté el por qué y ella, después de mirar al vacío como por cinco segundos intentando ordenar la lluvia de ideas que podía notar que estaban pasando por su cabeza, me dijo “es que cuando lo sabes, lo sabes”. Me contó que hace poco más de un año había conocido a un chico en una fiesta y que sentía que con él había conocido a su alma gemela. Ya llevaban de enamorados casi un año y entre risas y anécdotas me explicaba que nunca había sido tan feliz como lo era ahora.

Debo admitir que me gustó mucho escuchar su historia, pero aún después de todas las cosas que me contó no me llegaba a convencer la idea de que hubiera en el mundo una persona para la cual uno es perfectx y que el destino mueva sus fichas para que lleguen a encontrarse en el momento adecuado. No antes ni después, sino justo cuando tiene que pasar, y que te haga entender el por qué no funcionó con otras personas y por qué has pasado todo lo que has pasado para llegar ahí.

Parte de mí no aceptaba esta idea, aunque sonara realmente convincente de la boca de mi amiga, porque hacerlo implicaba aceptar que, a menos que encuentres a esa persona, no llegarías a ser completamente feliz. Pasarías toda la vida buscándola o intentándola encontrar en las personas, o peor aún, confundirías a la persona incorrecta con tu alma gemela. Parte de mí no lograba aceptar todo el concepto hasta que me tocó.

Fue igual –o mejor- de lo que me había descrito mi amiga ese día caminando por la universidad. Ahí confirmé otra de mis tantas teorías que dice que, a menos que algo te suceda, no hay manera que lo entiendas a la perfección. No buscaba a mi alma gemela o algo parecido, es más, estaba en un periodo de mi vida en la que no quería saber nada de eso, pero como bien dijo mi amiga “en el momento que menos te lo esperas, es cuando te sucede”. Pero, antes que nada y para intentar convencerte, ¿cómo supe que encontré a LA persona?

Primero que nada, hemos estado cómodos el uno con el otro desde el primer día que nos vimos y, a pesar de haber conversado por celular casi cinco meses, cuando por fin nos encontramos nos conectamos con muchísima facilidad. Se sentía muy familiar y podía sentirme muy cómodo alrededor de él. Es más sencillo relajarme con él, contarle mis cosas y el permitirme ser vulnerable; pero lo mejor de todo es que esto se siente absolutamente correcto y fluye de una forma muy natural.

Esto puede sonar cliché, pero es cierto, cuando nos comunicamos no necesariamente tenemos que hablar, sino basta con una mirada, una sonrisa o un pequeño guiño de ojo. Aunque también suene a una situación que solo sucedería en alguna comedia romántica, terminamos las frases del otro, decimos lo mismo al mismo tiempo y sabemos exactamente lo que el otro quiere decir sin que la otra persona pregunte si entendimos a lo que se refería.

Otra cosa es que con él siento que puedo conversar de cualquier cosa. Un día podemos estar conversando acerca de nuestros planes para el futuro, otro día podemos hablar acerca de cómo al ver las estrellas en el cielo uno en realidad está viendo el pasado porque esa estrella ya murió hace mucho pero recién llega la luz a la Tierra, y al otro día podemos reírnos de algún nuevo escándalo que se suscita en la farándula local. Tengo planes para nuestra vida, ‘random facts’ acerca del universo y chistes acerca de Chollywood al mismo tiempo. ¿Qué más puedo pedir?

A pesar de lo que la gente podría suponer la relación no va siempre viento en popa. Una persona no siempre está envuelta en un paquete perfecto, físicamente o en términos de circunstancias de la vida, ni tampoco significa que la relación va a venir sin desafío. Sin embargo, la diferencia es que las circunstancias de la vida y los retos difíciles son una fuente de fortalecimiento que se convierten en eso que nos mantiene unidos a través de tiempos difíciles y ayuda a cada uno a convertirse en su yo más auténtico. Me ayuda a evolucionar como persona, me reta como nadie más puede hacerlo y me hace dar cuenta de muchas cosas que antes ni consideraba. Lo más satisfactorio de todo esto es que sé que él siente igual.

No necesariamente compartimos los mismos puntos de vista, podemos diferir en varios, pero nuestras metas y ambiciones globales calzan. Muchas opiniones pueden ser diferentes, pero a la vez compartimos las mismas virtudes y valores, y vemos el mundo a través de un lente similar. No por nada ya tenemos en claro quién será el papá que engría a nuestros hijos llevándolos a McDonald’s o KFC siempre que le pidan, y quien será el que los obligue a comer ensalada y no los dejará pararse de la mesa a menos que la hayan terminado toda.

A ambos nos trae una sensación de calma interior. Es un poco obvio que cuando estás con la persona equivocada te sientes inseguro acerca de la relación y te preocupa que un movimiento en falso hará que tu pareja se vaya, pero con él no es el caso. Ambos estamos seguros que estaremos el uno con el otro a largo plazo. No importa lo que pase en nuestras vidas porque ambos estamos seguros que somos compañeros de equipo y que pasaremos por eso juntos. Mi voz interior me dice que estoy en una relación sana, confiamos el uno en el otro y nos sentimos muy seguros.

“Es posible que se conozcan de tiempo, o que recién lo hagan, lo que importa es que se encuentren listos para el amor al mismo tiempo” decía mi amiga, y no podría estar más de acuerdo. Cuando se trata de amor, el momento lo es todo. Ambos hemos coincidido que nos hemos encontrado en ese momento de nuestras vidas en que estábamos listos para entrar en una relación, y que si nos hubiéramos encontrado antes las cosas probablemente no habrían resultado tan bien como lo han hecho ahora. ¿Alguna vez has escuchado que dicen que una persona aparece en tu vida justo en el momento que tiene que aparecer? ¿Ni antes ni después? Pues quien lo haya dicho tiene razón, porque ya sea bueno o malo el resultado, las personas siempre te enseñan algo.

Y por último, y probablemente más importante, es que en mi interior sé que he encontrado al elegido. Podría continuar y escribir hojas de hojas acerca de las muchas razones y anécdotas por las que considero que he encontrado a la persona indicada para mí, pero creo que todo puedo resumirlo en la misma frase que uso mi amiga ese día: “Cuando lo sabes, lo sabes”. Ese viejo dicho suena a verdad cuando se trata de una conexión como la que yo tengo con él. Realmente no hay adivinanzas o preguntas cuando la persona verdadera llega. Por lo general, dicen, hay un signo revelador que te permite saber cuándo el amor verdadero ha llegado, una voz en tu cabeza, una sensación de reconocimiento o una corazonada de que se trata de alguien especial para ti; y yo tengo muchísimos signos reveladores de que él lo es.

Como le dije una vez, “No te conocí, te reconocí. Llevo años soñando contigo” porque efectivamente yo siempre soñaba con una persona que me entendiera, que me apreciara por las cosas buenas y malas que tengo y con la que pudiera ser auténticamente yo y sin guardarme nada, y creo que la he encontrado. Te puedo asegurar que no hay satisfacción mejor que esa.

Habrás notado –o no- que no he usado la frase “alma gemela” más allá de la primera parte, pero es una idea que efectivamente aún me da vueltas la cabeza. ¿Habré encontrado a la mía? Probablemente él es una persona mágica y de la que me he enamorado al instante, probablemente está diseñado para mí y todas las piezas de mi rompecabezas encajaron cuando lo conocí, y probablemente nunca había sido tan feliz como lo soy ahora. Probablemente cuando lo conocí todas esas canciones de amor cobraron sentido y toda esa avalancha de emociones que te prometían las películas y poemas se hicieron realidad. Probablemente no haya gesto con el que me sienta más feliz y más seguro que cuando cojo su mano o cuando lo abrazo. Probablemente me brillen los ojos cada vez que hablo de él, o probablemente me quede mirando más de cinco segundos al vacío intentando ordenar todas mis ideas cuando alguien me pregunta por él.

Dicho todo esto entonces puede ser que sí, que haya encontrado a mi alma gemela, pero también me gusta pensar que no es todo tan perfecto como la simple idea lo propone, sino que también existen los obstáculos a superar o las vallas por saltar. Pero que el hacerlo también logra que ambas personas sean más fuertes y que, por consiguiente, la relación también lo sea. Estoy consciente de que no existen reglas para el amor o de patrones que necesariamente todas las relaciones tienen que seguir. Algo de lo que sí estoy seguro es que cuando uno lo sabe, lo sabe y tiene la absoluta certeza de que ha encontrado a alguien especial por la que vale la pena luchar y enfrentarse a todo lo que uno le toque. Si es que sientes eso, ve por ello. Mi amiga y yo te podemos dar fe de que es, probablemente, una de las mejores decisiones que vayas a tomar en la vida.