Editado por Fiorella Germán Celi

El Perú atraviesa un momento constituyente. Pese a ello, aún no estamos preparados, en términos políticos y sociales, para afrontar dicho proceso. A continuación, se considerarán algunas barreras que debemos superar como país antes de pensar en una Asamblea Popular y una nueva Constitución.

Uno. La crisis de los partidos políticos. Esta barrera no es nueva. Desde las décadas finales del siglo XX, los partidos, al no resolver las principales demandas sociales —seguridad y estabilidad económica—, produjeron una crisis de confianza en los ciudadanos[1]. Los partidos de aquel entonces, ahora tradicionales, no se recuperaron del golpe. 

Hoy también encontramos a una serie de franquicias partidarias que, bajo el rostro personalista de sus líderes, funcionan como vehículos para alcanzar el poder.

¿Qué clase de representatividad, en una posible Asamblea Constituyente, nos aseguran estas organizaciones políticas? ¿Realmente canalizarán los verdaderos intereses sociales? Por otra parte, debido a la extrema polarización política del país, parece utópica la imagen de un posible consenso entre los miembros de la Asamblea.

Dos. La debilidad de la izquierda no asegura el balance de fuerzas. Para tentar una constitución de consenso, es esencial el equilibrio de fuerzas políticas. Sin embargo, la izquierda peruana no solo está dividida, sino que aún se muestra incapaz de presentar un proyecto de reforma oportuno, especialmente, un proyecto de reforma socio-económico. En los últimos años, la izquierda ha intentado recuperar el terreno perdido en la escena política, pero los fantasmas del terrorismo aún perjudican su discurso.   

Tres. Ciudadanos sin participación política. ¿Cómo garantizar que la nueva constitución sea de consenso si existen voces que no son (y no serán) escuchadas? Mientras que distintos ciudadanos no tengan el derecho a la participación política, los esfuerzos por reformar la Carta Magna quedarán en intentos incompletos de construir una nación.  

Sin los derechos políticos suficientes, las comunidades nativas continuarán sin proclamar sus demandas. Por otro lado, las mujeres no tendrán la participación merecida en el debate nacional.  Recordemos que, en la Asamblea de 1979, solo 2 mujeres —Magda Benavides Morales y Gabriela Porto de Power— de 100 constituyentes la integraron y, en la de 1993, solo 7 de 80. Nada nos asegura que en la nueva Asamblea la situación cambie drásticamente.

Además, la nueva constitución puede no consolidar el tan deseado Proyecto Nacional. En nuestra historia republicada se han redactado 12 constituciones, ¿realmente hemos construido un Perú justo con ellas? 

Una renovada Carta Magna no nos asegura la solución de todos nuestros problemas como país. Notemos que la constitución vigente sí incluye distintos derechos básicos (alimentación, salud, educación, entre otros) tristemente negados a un cierto grupo de ciudadanos. En este caso, el problema no se encuentra en ella, sino en la fuerza y el alcance del Estado.

Como país, antes de pensar en una nueva Constitución, debemos superar todas las barreras mencionadas y otras que, por la extensión del artículo, no se han incluido. Todavía hay mucho por hacer.


[1] Crabtree, J., Neopopulismo y el fenómeno Fujimori en El Perú de Fujimori, 2000, IEP.