Más de 20 años han pasado y el recuerdo de jóvenes como nosotros, que vivían de libros, formulas, exámenes y autores se desvanecieron en una noche, sin respuestas y sin la verdad. Esas vidas de 9 alumnos, junto a la de un profesor, dejaron un profundo dolor en sus familias y amigos cercanos, y también una herida en nuestra sociedad que hasta ahora no ha sanado.

En la madrugada del 18 de julio de 1992, el Grupo Colina irrumpió en las residencias de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta) en busca de sospechosos vinculados en el atentado en la calle Tarata de Miraflores, ocurrido dos días antes. Los miembros del grupo paramilitar obligaron a los estudiantes a salir de sus habitaciones y echarse boca abajo. En la residencia de los profesores la situación era parecida. Finalmente, Bertila Lozano Torres, Dora Oyague Fierro, Luis Enrique Ortiz Perea, Armando Richard Amaro Cóndor, Robert Edgar Teodoro Espinoza, Heráclides Pablo Meza, Felipe Flores Chipana, Marcelino Rosales Cárdenas, y Juan Gabriel Mariños Figueroa fueron separados del resto y nunca más se les volvería a ver.

Sería en junio del año 93 que, gracias Julio Arizapana Vicente (un reciclador), se daría a conocer el lugar donde se encontraban los cadáveres y, luego de publicarse en medios, la fiscalía se vio obligada a ir al lugar donde se hallaron las cuatro fosas que contenían los restos. El 8 del siguiente mes, en un descampado de Cieneguilla, se encontraron los restos de los estudiantes y el profesor. Solo se hallaron los cuerpos de Bertila Lozano, Enrique Ortiz y Robert Teodoro. Por exclusión, los cadáveres de Dora Oyague y Felipe Flores fueron identificados. Falta recuperar los cuerpos de los estudiantes Armando Amaro, Heráclides Pablo, Marcelino Rosales y Juan Mariños y del profesor Hugo Muñoz Sánchez.

Hoy vivimos un nuevo mundo, un mundo en el que esperamos nunca más dormir al lado del terror, pero es importante para cada uno de nosotros recordar un momento aquellas vidas que con injusticia fueron silenciadas y con pólvora enterradas. Recordemos esas vidas como un episodio de nuestra historia que, esperamos, culmine con justicia para los que la necesitan.

1080283_4486027489234_1197796876_n

1081572_4486027409232_248199724_n

1081690_4486027369231_956603382_n