Se puede intentar definir qué es la “TV basura”, pero no hay un consenso común en la formulación de una terminología específica. A pesar de ello, sí se puede identificar imaginarios comunes que la tipifican de manera general. En palabras de Pedro Canelo es, “televisión degradante” (2015) que despierta y exacerba los peores antivalores de la sociedad peruana: sexismo, racismo, homofobia y agresiones a la dignidad humana; estas se hacen presentes en programas como Combate, La noche es mía, los populares (y, felizmente, ya desaparecidos) talk-shows de Laura Bozzo y en los programas de cómicos peruanos. Existe y se encuentra muy establecida en los hábitos de consumo del televidente peruano, mas queda plantearse quiénes son los responsables de la proliferación de estos contenidos que “llenan, pero no alimentan” (Carrillo 2015), que aturden en contenidos estrafalarios, pero no construyen en valores ni comportamientos cívicos para la sociedad.

La producción y difusión de contenidos de la “TV Basura” es responsabilidad conjunta de las empresas y periodistas desde distintos campos de acción. Las empresas son las que crean estos contenidos de baja calidad según las expectativas que delimitaron en el público objetivo, mediatizando los contenidos de formas polémicas y poco éticas para responder a dichas preferencias. No obstante, es parte del espacio democrático que estos programas de TV Basura existan. Al estar enmarcado en un Estado de Derecho en el cual priman las políticas económicas neoliberales, todas las empresas y mercados se rigen bajo el principio de la oferta y demanda. Este principio es válido en tanto la oferta se rija por parámetros mínimos de códigos de ética, en especial, al estar difundidos en espacios de comunicación masiva. La Sociedad Nacional de Radio y Televisión establece 8 artículos que regulan el espacio de estos contenidos en un Código de ética. El artículo número 3 subraya el deber de los canales de radiodifusión respecto a “la defensa de la persona humana y el respeto a su dignidad” (Inciso A), “la promoción de los valores y la identidad nacional” (Inciso H) y “el respeto al honor, la reputación, y la intimidad personal y familiar” (Inciso J). Aún conociendo la existencia de estos códigos, la coerción no parece ser suficiente, pues se sigue produciendo y difundiendo material televisivo de muy baja calidad.

Los periodistas tampoco son inocentes, pues es mediante espacios de opinión pública en los que se valida la mediatización de estos componentes de TV Basura. Por ejemplo, los noticieros en la sección de espectáculos reproducen nuevamente fragmentos de programas como Esto es Guerra o Combate en forma de reportajes sobre eventos relevantes ¿Por qué? Pues generan mayor número de espectadores para los noticieros televisivos, lo cual conlleva a un mayor número de auspiciadores y anunciantes. La lógica de las empresas se infiltra nuevamente. Se crea una cultura del espectáculo innecesaria; no solo se consume el programa en sí de forma ipso facta dentro de su horario establecido, sino que también se consume el contenido televisivo derivado de este: entrevistas a los participantes y cobertura mediática sobre estas figuras de entretenimiento. Se les mistifica y se crean paradgigmas de ocio sobre ellos ¿Desde cuándo es una noticia relevante conocer los pormenores amorosos de Nicola Porcella? ¿Es realmente valioso conocer la tienda de ropa de Alejandra Baigorria en Gamarra? Las empresas son responsables por producir contenido basura, pero son los medios (en especial, espacios periodísticos) los responsables de su difusión y la creación de contenido derivado de estas, aunque no es poco común que dentro de la misma labor periodística se identifiquen actitudes sensacionalistas.

Es una figura reiterada la del periodista en un velorio: el modo en que este busca entrevistar a los deudos y familiares del fallecido con preguntas impertinentes tales como “¿Cómo afecta esto a la familia?”,” ¿Siente frustración ante tal injusticia?”, ” ¿Qué le diría a los responsables?”. Estas preguntas no aportan, solo explotan el dolor humano y se le quita el espacio de intimidad necesario en situaciones de índole familiar y personal. Esta falta de profesionalismo y tino de ciertos reporteros al abordar reportajes o entrevistas es, sin lugar a dudas, TV basura. No solo humilla, sino que también entorpece la labor de los reporteros que sí trabajan bajo códigos de trabajo morales: dentro del contexto de los desastres naturales este año, se recuerda un reportarje sobre cómo los huaycos afectaron a la familia de Lady Guillén. No tiene nada de malo conocer contextualmente los efectos de este desastre, pero sí se critica la gran cantidad de tiempo invertido en un solo individuo, cuando pudieron ser emitidos reportajes con mayor relevancia social y nacional: centros de acopio, puntos de albergue, lugares para recolección de agua, etc. Al buscar mayor número de audiencia, algunos recaen en el sensacionalismo y tergiversan los propósitos de los medios creando, a su vez, contenido basura. No informan ni crean reflexión; buscan crear drama innecesario que alimenta el morbo de la audiencia, aumentando el número de espectadores, y con ello, el número de anunciantes y dinero invertido en publicidad. Falta mucha ética, perspectiva y reflexión respecto a las prioridades en el periodismo televisivo.

Se puede responsabilizar tanto a las empresas como a los periodistas sin olvidar el rol de un agente olvidado. ¿Y, qué hace el Estado? El Estado también tiene que involucrarse en el proceso de diversificación de contenidos televisivos. Ya hay iniciativas en el Canal 7, aunque aún hay espacio para que el Estado dé mayores incentivos a contenidos de tipos culturales y educativos de forma atractiva al consumidor. Sonaly Tuesta, conductora de Costumbres, programa emitido por TV Perú sostiene que “es el reto de la televisión mostrar la cultura como ágil y divertida y que pueda ser transmitida como se transmite cotidianamente en los pueblos de generación en generación” (2015). No se puede prohibir la existencia de la TV basura, sin embargo sí es necesario regularla desde un ámbito legal. También se debe aprovechar el principio de oferta y demanda al diversificar la demanda con contenido de calidad al ciudadano, pues, al fin y al cabo, quién alimenta la televisión somos nosotros, los consumidores, quienes formamos nuestra cultura televisiva.

Referencias:
Martín Carrillo. (2015). Comunicación Personal. Lima: PUCP.
Pedro Canelo. (2015). “¿Qué es televisión basura?”. 27 de mayo de 2017, de El Comercio| Sitio web: http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/television-basura-pedro-canelo-333348
Sonaly Tuesta. (2015). “Es reto de la televisión mostrar la cultura como ágil y divertida”. 27 de mayo de 2017, de CONCORTV| Sitio web: http://www.concortv.gob.pe/noticias/es-reto-de-la-television-mostrar-la-cultura-como-agil-y-divertida/

  • Alessandra Diaz Cruz

    <3 Bello artículo