“El amor es ver a la persona como lo que es. No imaginar lo que no es.” exclamó Kosta Ivanoff, uno de los ex amores de Katrina, mientras esta le decía que lo amaba profunda y perdidamente, que lo deje todo y se vaya a ver el mar junto a ella.

Katrina Kunetsova es una famosa actriz porno de República Checa quien, a pesar de sus años, logra mantenerse triunfante en esta industria. Su anatomía contempla la perfección del universo, el verde de sus ojos alumbra al invierno gris, es sutil, comprensiva, una diosa en la pornografía y, sobre todo, la mujer con un clítoris gigante. Katrina le ha dado sus mejores años a los ojos de precoces y ancianos personajes ansiosos por satisfacción. Su lista de seguidores va en incremento, todos la desean, sueñan, viven con ella, todos quieren hacer películas con ella, todos quieren hacerlo con ella, todas quisieran ganar como ella, ser como ella, tener el clítoris como ella. Sin embargo, ¿quién es y qué quiere Katrina Kunetsova más allá de esta utopía pornográfica?

La obra en cuestión expone, en sus casi dos horas, la respuesta a esta pregunta partiendo desde la perspectiva de la sociedad respecto de una actriz porno. Las personas tendemos a prejuzgar viendo al otro, no como nuestro homólogo sino como nuestro depredador. Debemos mostrarnos fuertes ya que puede ser cualquier cosa menos una persona como nosotros. Ser parte del mundo de la pornografía no es la excepción. Constantemente, creemos que estas personas son adictas al sexo, enfermas, drogadictas, gente que quiere dinero fácil y rápido, sin pudor ni principios, de lo peor. Olvidamos tontamente que bajo todo esto queda el alma desnuda de un ser humano frágil y confundido en este mundo tan efímero.

Atenuando el prejuicio y consternando a la audiencia, la obra empieza con Katrina en una conferencia de prensa, en la cual anuncia su retiro de la pornografía, dando paso a la explicación y deslumbramiento de la pregunta propuesta. ¿La razón de su retiro? Algo extraordinariamente difícil de creer y que sólo sabrán al ver esta puesta en escena, que se resume a dos palabras ocultas en el evento: Amor propio. Inmensurable amor a sí misma. Y es que Katrina Kunetsova era una persona que necesitaba amar para sentirse amada.

Considero que el tema tratado debería llevarnos a todos al teatro ya que no es ajeno a lo que se experimenta hoy en día. Buscamos en los demás algo trascendente que nos haga sentir merecedores de nuestra existencia cuando el único amor que sabrás que es verdadero y la única persona a quien tienes segura en tu vida eres tú mismo. Reconocer todo esto es inefable sin haber pasado antes por situaciones que te lleven al límite. Situaciones que te hagan reflexionar, pensar, doler. Katrina cuenta en un bello guión sus desventuranzas en el amor, las cuales le impiden realizar sus propios sueños. En la búsqueda de plasmar en una persona su ideal de compañero, descubre que el otro no es quien ella quiere que sea. Después de tres infortunios con tres amantes, el sueño de Katrina Kunetsova se ve truncado dejando su cuerpo y su alma muy enfermos al punto de permitirse volver a empezar. Es la enfermedad, el daño, el dolor lo que la permite redimir para nacer otra vez. Solo que esta vez nacerá envuelta en un evento extraordinario la cual dejará que Katrina consiga sus sueños y sea plenamente amada. Al fin y al cabo, ella sólo quería ser amada.

Esta es una obra altamente recomendable que esconde en una historia sobre una actriz porno una verdad cotidiana y dura, llena de signos y mensajes entre líneas que nos acercan un poco más a este lado más humano que todos llevamos dentro, reflejando una problemática actual y personal, así como muchas veces cruel mundo contra el que tenemos que luchar. ¿Quiénes somos en verdad y qué queremos hacer con nosotros mismos más allá de la utopía de de nuestra actualidad?