Daniel Urresti es la condensación (o el Frankenstein) de varias posturas frente a las violaciones de DD.HH durante la lucha contra el terrorismo: negar, minimizar o justificar lo ocurrido. Pero cabe destacar que mientras otros implicados buscan desviar la atención hacia otro lado, el ex ministro utiliza una estrategia muy arriesgada: busca ser el centro de la discusión, para descalificar -e incluso, ridiculizar- a sus detractores. Y digo “muy arriesgada”, porque mantiene esta actitud incluso ante una denuncia por violación. Y es sobre estas dos cosas sobre las que quiero hablar hoy.

Desde el segundo gobierno de Fujimori, se inició una corriente que busca justificar o minimizar las atrocidades que se cometieron durante la guerra anti subversiva. Y aquí ya empieza un conflicto muy debatible: ¿fueron necesarias esas acciones? ¿Necesitaban violar mujeres para combatir a los terroristas? ¿Vale la pena matar a 20 personas si solo una de ellas pertenece a algún grupo subversivo? ¿La violencia se responde con más violencia? ¿El terrorismo de Sendero es igual al terrorismo del Estado? Esta última pregunta es una de las más importantes y, a mi parecer, la respuesta es sí. El terrorismo es condenable venga de quién venga.

Lamentablemente para algunos, pero afortunadamente para otros, regresamos a un estado de Derecho, dónde todos los delitos deben ser juzgados sin importar quién los cometa, o al menos eso es lo que debería pasar. Esto ha llevado al estrado a varios miembros de las Fuerzas Armadas o, en general, del Estado, durante la época del conflicto armado interno, pero en este caso hablaremos de la investigación que se le sigue a Daniel Urresti por ser -supuestamente- el autor intelectual del asesinato de Hugo Bustíos.

En septiembre de este año, el juicio llegó a la fase oral y con esto empezaron a llegar los testigos claves del incidente. Y la aparición de la viuda de Bustíos, Margarita Patiño, daría inicio a una serie de acciones arriesgadas por parte de Urresti. A la salida del juicio, la portátil que acompañaba al ex ministro fue a acosar (si, acosar) a la viuda del periodista, mientras esta declaraba a los medios. Pero esto era solo el inicio.

Isabel Rodríguez Chipana era la próxima testigo del juicio, y para preparar el terreno, Urresti la descalificó como testigo por ser una “terrorista arrepentida” (algo debatible, por lo que explica en este artículo de La República). Durante el juicio, Rodríguez Chipana confirmó que fue Urresti quien participó del asesinato y también dijo que “como no voy a reconocer a ese hombre que me violó”. Lo más sorprendente fue la reacción del ex ministro: reírse. Reírse como si le hubieran contado un chiste y estuviera con sus amigos, pero olvidó que estaba en el Poder Judicial y que lo estaban acusando por una violación sexual.

El domingo 04 de octubre, en una entrevista con Nicolás Lúcar para “Punto Final”, Urresti presentó una serie de argumentos para descalificar a la testigo. Y su argumento principal parece otro de sus chistes: “se ha demorado 27 años en denunciarlo”. ¿Está descalificando la denuncia de muchas mujeres que han demorado en revelar problemas como este? Debería considerar el trauma que una violación puede causar y la falta de canales para denunciar este hecho, entre otros factores.

Si algo queda claro, al menos para mí, es que no debe haber impunidad, seas del bando que seas. Y que si el ex ministro Urresti quiere defenderse (o cualquier persona que afronte cargos tan severos) no debe atacar a testigos o negar acciones sin presentar pruebas. Debe responder a la justicia presentando argumentos sólidos que verifiquen su inocencia, por qué eso es lo que intenta demostrar, ¿no?