Editado por Gianfranco Rojas

Febrero ostenta el privilegio de cobijar entre sus días el nacimiento de figuras inmortales en la literatura universal, tales como James Joyce, Charles Dickens o Bertolt Brecht, indudables personajes que influyeron, en los años venideros, a un sinnúmero de artistas. Ahora bien, el 8 de febrero de 1828, la ciudad francesa de Nantes tuvo la dicha de concebir, con algo de fortuna, al padre de la literatura de ciencia ficción: Julio Verne, un escritor con la imaginación tan extensa como la infinidad del mar, cuyas obras destilan las características del futuro incierto y la curiosidad humana.

Los relatos literarios componen realidades alternas para una “realidad real” que no nos satisface; en este caso, la literatura de ciencia ficción va más allá y establece desviaciones de la realidad, pero partiendo de conclusiones que las leyes de la ciencia posibilita. En un relato ficcional de corte científico, el lector no se topará con algún duende, hada, hechicero o mago, pues para las reglas que gobiernan la ciencia aquellos personajes y sus diversas acciones serán inconcebibles y totalmente irreales.

Sin embargo, sí podremos hallar un submarino que recorre las profundidades de distintos mares, un proyectil que eyecta hacia la luna en pleno siglo XIX o un globo lleno de hidrógeno que sobrevuela por cinco semanas distintos parajes entre las costas de África hasta aterrizar, finalmente, en Inglaterra. Todo lo mencionado es posible, pues la ciencia así lo amerita. Las novelas de Julio Verne, en su prolífica carrera, están plagadas de estas y otras aventuras.

La tecnología y la curiosidad humana

En las narraciones de Verne destacan el rol de la tecnología y sus consecuencias para la humanidad, así como el resultado de las acciones humanas motivadas por la curiosidad y el deseo de indagación. Los avances tecnológicos facilitados por la Revolución Industrial otorgaron a Julio Verne insumos para ampliar sus márgenes de uso y, con dosis de creativa imaginación, generar eventos extraordinarios.

La mayoría de los protagonistas en las novelas de Verne son científicos, investigadores o personas allegadas a la ciencia. Aquellos perciben los avances científicos como elementos sustanciales para alcanzar el progreso humano. Por lo tanto, tienen la necesidad de emplear estos elementos y emprenden largos viajes motivados por el desmesurado deseo de indagación.

Asimismo, el protagonista verniano, en casi todas las historias, va acompañado de un pupilo de menor saber. Para Verne, aquellos representaban la inocencia e incredulidad, ya que al encontrarse guiados por un mentor que personifica al conocimiento (especialmente científico) pueden llegar, después de un viaje de autoconocimiento, a su destino.

El doctor Samuel Fergusson y su criado Joe en Cinco semanas en globo, Pierre Aronnax junto a Consejo en Veinte mil leguas de viaje submarino u Otto Lidenbrock en compañía de su sobrino Axel en Viaje al centro de la Tierra constituyen algunos ejemplos de la dualidad maestro-pupilo en las obras de Verne.

En síntesis, Julio Verne fue un disidente de la vida normal del siglo XIX, cuyas fantasiosas historias permitieron que el lector vaya afuera de sus propios límites de imaginación. Basándose en avances tecnológicos y configurando personajes motivados por la curiosidad, Verne compuso relatos que cimentaron los pilares para el posterior desarrollo de la literatura de ciencia ficción.