Después del escándalo, su nombre ha sido archivado en la mente de todos aquellos que no lo conocíamos, pero que sentimos entera sensibilidad con su caso. Particularmente la sensibilidad que me surgió se tradujo a una curiosidad que me motiva a escribir este artículo. Y sé que por la historia, experimentamos no solo un drama policial de novela, o una conmoción extendida en los medios de comunicación, sino también interrogantes sobre cada perfil psicológico, que honestamente me inquietan.

Si hasta este momento el lector no reconoce el caso al que me refiero, haré una pequeña presentación de los hechos. El 25 de febrero José Yactayo salió a tomar café como lo hacía muchas veces con sus amigos. Algo dentro de lo común. Al terminar la reunión lo dejaron cerca de su casa como era costumbre, pero ocurrió que desde esa noche ni su madre, ni sus amigos volvieron a saber de él. Lo siguiente ya fueron consecuencias inevitables y ansiosas para todos. Pasaron tres días y se denunció su desaparición a la policía. Esto rebotó en los medios de comunicación, donde sus más cercanos amigos y periodistas reconocidos, o daban discursos de indignación o solo se quebraban a nivel nacional. Parecía que la mayoría daba por hecho algo que aún no estaba confirmado. Pero qué otra opción podría haber en la mente de un desesperado amigo o familiar. Así, el país entero inició la búsqueda de Pepe Yactayo.

Algo que se conoció después, pero que muchos ya sospechaban, fue que Yactayo estaba muerto. Dos días después de su desaparición los pobladores de una zona alejada de la ciudad llamada Catalán, en Huaura, hallaron un cuerpo descuartizado dentro de una maleta que se quemaba. Se confirmó que esos pedazos eran los restos de lo que alguna vez fue José Yactayo. El escándalo se desató en la comunidad periodística y en el Ministerio del Interior. Y no pasaron más de tres semanas para que encuentren al presunto asesino.

Ahora, concentrémonos. Qué ocurrió el 25 de febrero por la noche para que se desarrollen tremendas escenas. José Yactayo conoció por internet a un joven de 27 años, llamado Wilfredo Zamora (estudiante de Ingeniería Mecatrónica en la UPC) a quien fue a visitar esa misma noche a su departamento de Breña. En ese departamento se asumía que tendrían sexo, ya que ambos eran de orientación homosexual. Sin embargo, Yactayo no previó que Wilfredo Zamora tenía una relación sentimental con un empresario de 69 años, Aldo Cáceda. Este trío sentimental parece ser el factor más importante que influenció en el asesinato de Yactayo.

Esa noche Yactayo y Zamaro empezaron a tomar whisky, pero al poco rato Zamora le puso Rivotril a la bebida, y así el periodista cae muerto. Continúa una escena macabra, Zamora decide descuartizar el cadáver de Yactayo para dejarlo pudriéndose en ese departamento. Lo intrigante, es que después de tres días, Zamora compra un frigider para guardar los restos de Yactayo. Cuando Aldo Cáceda vuelve al Perú, ocurre algo que para mí fue inesperado dentro de la historia, él lo ayudó a tirar los restos del cadáver fuera de Lima.

Al inicio del artículo resalté la inquietud que me provocaba cierto perfil psicológico. Ahora conociendo el caso puedo escribir con mayor libertad sobre lo que, según los peritos, se desprende de la psicología de Wilfredo Zamora. En primer lugar este tipo cumplía con las características de un descuartizador, la policía determinó que “el examinado presenta frialdad afectiva, es egocéntrico y muestra poca capacidad de empatía, siendo inestable en el control de sus emociones. Sus acciones se orientan a satisfacer sus necesidades de disfrute personal”, lo que significa que presentó un alto nivel de ideación y planeación antes, durante y después de cercenar el cuerpo. Esto llama muchísimo mi atención porque Wilfredo Zamora era un joven de 27 años, y además estudiante universitario. Cualquiera que esté leyendo este artículo pudo haberlo visto en la calle o incluso dentro de la UPC, y por nuestras cabezas no pasaría semejante perfil. Entonces, cuando pisamos nuestra universidad o caminamos por las calles de la ciudad, ¿a cuántos de estos tipos nos cruzamos y no lo notamos? O aún peor ¿cuántas personas podrían tener un perfil similar en potencia y no lo saben?

Son cuestiones que aparentemente pueden ser irrelevantes, y para mucho podrían serlo. Pero recordemos que nuestras edades oscilan entre 17 y 23 años. La vida misma y las experiencias más duras no las tenemos, al menos eso creo. Sin embargo, si pensamos que no debemos hacernos esta pregunta interna es una decisión personal que tampoco pretendo motivar. Mi propósito, más bien, es resaltar la perspectiva del individuo ingenuo que desconoce su entorno, y que inevitablemente terminamos siendo todos.

Algo que aún no he mencionado, pero se infiere, es que Zamora padecía de gerontofilia, la patología que inclina a la víctima a sentir atracción por las personas mayores. En este caso, a las personas mayores del mismo sexo. Qué tanto pudo afectar esto en la acción de Zamora. No lo sé. Pero pienso que más que la enfermedad, fue el trauma que vivió, lo que lo condicionó en parte a cometer el asesinato. Zamora fue violado de niño.

Finalmente, a pesar de su acción homicida y despreciable, y a pesar de la situación jurídica en la que se encuentra, incluso a pesar de la consciencia que seguramente tiene sobre lo desafortunada que será su vida en adelante, Wilfredo Zamora, de acuerdo a su perfil psicológico, presenta seguridad sobre sus comportamientos, firmeza, y convicción. Frialdad absoluta, y capacidad para manipular. Un tema más amplio a tratar sobre la salud mental, ¿cierto?