Las luces se apagaron e ingresaron poco a poco los personajes. Había una cierta solemnidad, una seriedad que anticipaba un viaje, una transformación a partir del sufrimiento y la revelación de los más profundos secretos. “Japón” es una obra de mucha fuerza, una puesta en escena que estremece el alma de quien contempla la historia de seis personajes esperando una muerte inevitable en la víspera de Navidad. Nos sumergimos de pronto en una travesía que, poco a poco, iba desenterrando secretos y enfrentando a los personajes con sus demonios, y, al mismo tiempo, enfrentándonos nosotros a los propios.

Cuando los antiguos griegos representaban las tragedias, estas tenían un fin educador y purificador. El espectador observaba al héroe trágico cometer excesos, reconocer sus errores y enfrentar las consecuencias por haber quebrado el equilibrio. La audiencia se purificaba a través de la compasión y el dolor observados en escena. Esta esencia, de algún modo, se mantiene viva en “Japón”, un montaje en el que de inicio a fin vemos a los personajes atravesando momentos poderosos, confrontando el pasado y tratando de aferrarse a algo para sobrellevar el presente y tratar de pensar en el futuro.

“Japón”, escrita por Víctor Falcón, es una historia que nos sacude, que nos interpela y nos arranca de la zona de confort. Es una invitación a mirar hacia atrás, a cada cabo sin atar, a cada capítulo inconcluso y conflicto sin resolución en nuestras vidas. Llega el momento en el que todo nos estalla en la cara, el instante en que lo guardado nos pasa la factura y debemos hacerle frente a lo que en un principio evitamos. Tal vez, no en las mismas circunstancias, pero el argumento de “Japón” puede terminar siendo un reflejo de nuestro accionar llevado al extremo.

El mensaje en esta obra tampoco nos lleva al extremo opuesto. La reflexión en el pasado y nuestras cuentas pendientes son un paso necesario, pero es igualmente indispensable el movernos hacia adelante. No podemos negar nuestro presente. Vivir en el pasado nos detiene y nos impide seguir con nuestra vida, abrazar el futuro y dejar ir lo que ya no nos aporta nada.

El trabajo en “Japón” es impecable. La puesta en escena no necesita de demasiados elementos o referencias para atrapar y desarmar al espectador. El elenco- conformado por Attilia Boschetti, Humberto Cavero, Montserrat Brugué, Trilce Cavero, Francisco Cabrera y Cheli Gonzales- realiza un verdadero trabajo en equipo que transmite mucho y forma un poderoso vínculo con la audiencia. La dirección de Carlos Tolentino ha sabido explotar el potente mensaje en “Japón”.

No se pueden perder una experiencia de este calibre. Ya quedan muy pocas funciones de “Japón”. Pueden verla en el ICPNA de Miraflores a las 8 p.m. Hay precios especiales para estudiantes y es 100% recomendable por su intensidad y profundidad.