El  implícito concepto de discriminación en las convocatorias peruanas ha sido deformado, a lo largo de los años, haciendo que este tome como víctimas a individuos que de a pocos han ido entrando a un grupo por el momento incambiable de “excluidos”. Pero este mismo concepto, que puede ser reemplazado tal vez por uno menos directo, ha ganado valor y respeto en los últimos tiempos, ya que el actual responsable de realizar las principales labores en la selección peruana de fútbol se ha encargado de valorizar la palabra y ponerle condiciones que parten de la intención de hacer un proyecto serio y conciso, a diferencia de otros entrenadores.

Como sabemos, Ricardo Gareca decidió, nuevamente, no convocar a Farfán, Carrillo, Zambrano, Advíncula y Ascues, jugadores de inevitable mención e interés (hacen falta probablemente en esta lista los nombres de Juan Vargas y Claudio Pizarro, pero ambos ya no son considerados por motivos estrictos de rendimiento). En su exclusión, priman las excusas de continuidad y compromiso, justificadas principalmente para jugadores como Ascues, de nula continuidad en el Wolfsburgo alemán, y para Zambrano y Advíncula, de ya indiscutible indisciplina. En mi opinión, con el zaguero del Eintracht Frankfurt y el anteriormente aclamado jugador de Newell’s Old Boys, no hay discusión, por ahora, para no convocarlos, pues el atento al compromiso deberían ser indiscutibles, y lo son para Gareca, quien, casi ya todo el tiempo, no traduce la jerarquía en titularidad y convocatoria garantizada. El entrenador de la selección ha hecho que el estar en la selección esté ligado, invariablemente, a valores de disciplina de un fútbol realmente profesional.

Dentro del respetable trabajo del técnico nacional, entra una confusión particular: la inédita situación de André Carrillo, en un contexto de explicación ausente. El delantero del Benfica ha venido teniendo minutos en una cantidad considerable en la liga portuguesa, así como Benavente y Ávila, quienes, en igualdad de condiciones, en ligas menores y en un innegable menor nivel, sí fueron considerados. A Alberto Rodríguez le bastó jugar un partido de reserva, que fue a la vez su primer partido oficial después de 2 meses, para ser convocado. Por mi parte, no discuto la inclusión de Rodríguez en la nómina: pienso, a diferencia de muchos hinchas de Cristal a comienzos de año, que ya no tuvieron más que decir ante su gran muestra de talento, que es un central genial, completo, anticipador, audaz, rápido y decisivo. Sin embargo, bajo esta misma lógica y no guiándose por la continuidad sino por la calidad y aporte, Carrillo no fue incluido, lo que deja en el aire la razón por la que el extremo no es llamado a Perú. Pareciera como si Gareca lo asociara inevitablemente con el grupo de los que no son llamados por haber sido referentes que jugaban en un torneo que no es el local en una época de muchas polémicas. Es una afirmación mediocre, pero es la única que se asoma en este extraño caso.

Viene ahora la situación de Jefferson Farfán. Este dejó de ser convocado tras la fecha doble contra Venezuela y Uruguay, para las que se preparó entrenando en la Videna mientras se recuperaba de su lesión, pero no midió, o tal vez omitió voluntariamente solo para ser considerado, el hecho de que un partido de Eliminatorias sudamericanas no se juega como cualquier otro, y que no bastan entrenamientos solitarios de tres meses sin partidos oficiales para afrontarlo. Farfán había cambiado de equipo hacía ya un año, en lo que parecía un intento de priorizar a la selección peruana y gastar menos tiempo de dedicación en un torneo exigente y de primer nivel como el alemán, en el que, si es que la entrega, calidad y físico no son potenciados ni exhibidos al máximo, te ves de a pocos excluido. Jefferson había sido el mejor de Perú en las primeras cuatro fechas y, tras estas, quedó fuera porque su lesión lo excluyó repentinamente de las canchas, lo que lo limitó a jugar de manera oficial por un largo tiempo. Es así que Farfán no es incluido porque no juega o juega poco. Innegablemente, el ex ‘10’ peruano tiene más nivel que cualquier extremo derecho de la selección, es más determinante en el juego y es más influyente. Esto lo demostró en lo que jugó de la Eliminatoria, aunque muchos lo quieran minimizar por el factor inconsciente, creo yo, de pertenecer a un grupo de individualidades jerarquizadas por su mismo fútbol, responsables de haber manejado el camino de la selección, valga la redundancia, en una época polémica (así como Carrillo). Para la población, si es que estos jugadores no rinden un partido, no están comprometidos ni aportan.

De igual manera, dentro de los criterios aparentes actuales del comando técnico peruano, está el que se les da más oportunidades a los jóvenes, ya que los que estaban en la selección no rendían porque no les importaba, y los valores del fútbol peruano de corta edad dan todo por la camiseta incansablemente. Este es el pensamiento generalizado de un gran sector de la prensa y la población, uno que exclama que se le debe dar oportunidad a las “jóvenes promesas”, y que Gareca se las está dando, dejando de lado al grupo de antiguos referentes de la selección, “viejos” y “gastados”. Es aquí donde se entra en una confusión ridícula e interminable. No se les da oportunidades a los más jóvenes, se les da oportunidades, finalmente, a los mejores jugadores, con los que el técnico y sus colaboradores hacen una división que ya sabemos.

No ha habido un cambio generacional impulsado por malos resultados de la “anterior generación”, ha habido una incorporación de jugadores en teoría nuevos, que evidentemente tienen un rendimiento apto y oportuno para estar en Perú. Contra Venezuela, en Lima, Ruidíaz y Flores no entraron por Pizarro y Farfán porque eran jóvenes, sino porque le podían dar soluciones estrictamente futbolísticas a Perú. Además, ambos están en una edad de consolidación futbolística, no de primeras oportunidades. Se fueron, como se dijo, últimamente, jugadores como Carrillo, Ascues, Advíncula, Zambrano, y se integraron jugadores como Polo, Flores, Abram y Corzo. ¿Hubo un cambio generacional con respecto a estos jugadores? ¿Cuánta diferencia de edad se llevan los jugadores enlistados? ¿A qué se le llama jugador joven en el Perú? Pizarro y Vargas, han sido “reemplazados”, si es que se quiere usar ese término, por Ruidíaz y Trauco; esto no se dio porque eran más jóvenes, se dio por razones puramente futbolísticas. Y ahora, que se volvió a convocar a Lobatón, quien fue llamado por su creciente continuidad y por, tal vez, una intención de darle más pausa a la exagerada verticalidad de Perú, ¿dónde está el “recambio generacional”? ¿Dónde está el “que jueguen los jóvenes”? ¿Gareca pensó como la prensa informó? Recordemos también que están jugadores partícipes de la última Copa América como Rodríguez, Ramos, Revoredo y Vílchez, que tienen más o igual edad que los que se han quedado fuera desde marzo. Una vez más, la convocatoria no es de los jóvenes, es de los que están mejor, dejando de lado a los que sabemos. Dejemos de confundirnos y entrar en una utopía de repentino cambio, llamada así por nuestra desesperación por soluciones inmediatas. Hay que realizar un análisis más minucioso.  

Bajo este, a mi parecer, errado concepto de cambio generacional y un interés siempre presente de la población, los que pudieron y quisieron fueron al estadio contra Ecuador. Más allá de lo que se diga sobre los jugadores, sobre el momento de Perú, sobre si hay ahora una nueva generación o no, el hincha va a alentar a su selección con el único propósito de acompañarla y estar ahí para ella, junto con ella y con la intención también de gritar, de cantar, donde sea, cuando sea. Pero aquí también entra una polémica inevitable y que ocurre en todo el mundo.

Yo fui a la tribuna Norte del Estadio Nacional contra Chile y Paraguay, pero no fui contra Ecuador porque no me apetecía. Eso no me hace menos hincha, ni uno menos fiel, ni tampoco a nadie que haya hecho lo mismo. Por supuesto que el alentar a Perú es algo importante e influye considerablemente en los jugadores, pero no para ser fiel a la selección tengo solamente que alentarla con una venda en los ojos, no para ser fiel no debo criticarla, porque si no, al parecer, no soy un buen hincha y le soy mezquino a mi país. Si es que yo no vengo por la clasificación y vengo para alentarte, debo apoyarte, sí, pero también debo entonces persistir en mis críticas, para que así mejores, para que no olvides lo que hiciste mal, para que no cometas los mismos errores, para que haya un cambio en el planteamiento futbolístico en los partidos, para reclamar que un sistema hubiera sido mejor que el otro, que un jugador no se paró bien en la cancha, para que así los objetivos sean el resultado de un proceso y no hechos forzados, para que se pueda también lograr de a pocos un cambio estructural. Ser un buen hincha también significa eso y no hay nada de malo. Hay que criticar lo futbolístico porque es lo primordial. Hay más crítica de audiencia y compromiso que crítica del juego en sí. Consigamos que esta misma sea una seria y bien fundamentada, y así también creceremos, no solo aclamando que pase lo que pase estaremos con la selección; juzguemos también.

Cada uno es hincha a su manera, todos somos hinchas que quieren a su selección, algunos más que otros, pero todos lo hacen, aunque no se crea. A pesar de que se falte al estadio, a pesar de que se insulte injustificadamente a un jugador, a pesar de que muchísimas cosas estén mal armadas, de que se acepte un mal planteamiento, un mal juego, el hincha nunca va a dejar de estar con Perú, el hincha nunca va a dejar de interesarse en él, aunque no lo parezca. Que la pasión no sobrepase nuestros niveles de análisis. Siempre es saludable una buena crítica y, si es que no la hubiera, y si es que los encargados de dirigir a la selección no la realizaran, no se llegaría a nada. Así también, el mundial llegará a ser un resultado natural. Así también, habrá un aliento constructivo. Así también, le irá mejor a la selección.