La Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS) ha organizado en conjunto con otros colectivos de la PUCP el mes de la diversidad, en el cual se están realizando distintas actividades para informar y generar un mayor interés en nuestra comunidad universitaria sobre diversos temas como inclusión y discapacidad, diversidad étnico racial, diversidad sexual e interseccionalidad. La semana pasada (del 24 al 27) se trató el tema de inclusión y discapacidad, tema que desde mi punto de vista es sumamente importante (al igual que los demás), porque se debe generar más conciencia y empatía en nuestra comunidad universitaria. Muchas veces somos ajenos a lo que no nos toca y no pensamos en el otro, en como esa persona se puede sentir o si necesita algún tipo de apoyo.

Desde mi experiencia personal, todo lo realizado en estos días fue muy interesante, especialmente la muestra fotográfica colocada en el tontódromo de la PUCP frente a la tesorería, porque habían diversas fotos con descripciones sobre ellas, en las que se contaban las historias de personas con alguna discapacidad; sin embargo, lo que llamó más mi atención, porque es algo que no se ve a diario y que muchas personas no conocen, fue que estos paneles contaban con el sistema braille, y para los que no lo sepan, este sistema es un mecanismo con el cual las personas con discapacidad visual pueden leer y escribir, además cuenta con un alfabeto basado en puntos de alto relieve.

Otra actividad que me pareció muy interesante y me enseñó mucho, fue un taller vivencial dado el miércoles 26 de octubre llamado “Ponte en mi lugar”. En este taller, uno podía simular tener ciertas discapacidades. Los organizadores elaboraron un circuito con 4 estaciones. En la primera, uno debía tratar de transmitir un mensaje sin utilizar el habla, y no era un mensaje simple como “Hola, ¿qué tal?”, sino oraciones más complejas. Cuando traté de transmitir mi mensaje, mi compañera no podía entenderme. Trataba de decir cosas con mi manos y mis expresiones, pero nada resultaba. Fue en ese momento cuando casi pude entender como alguien que tiene una discapacidad para comunicarse se puede sentir.

En la segunda estación por la que pasé, había que primero escribir y segundo dibujar, pero sin utilizar las manos, solamente con los pies o la boca. Cuando me dijeron pensé que sería muy sencillo; sin embargo, cuando lo estaba haciendo, el plumón se atoraba, la hoja se movía y, en verdad, comencé a sentir mucha frustración de no poder lograrlo. Entonces, me puse a pensar en esas personas que hacen grandes obras de arte y no poseen sus manos, ¿cómo con tanta dedicación y esfuerzo pueden hacer cosas increíbles? Luego, en la tercera estación, tenía que atravesar un circuito utilizando una silla de ruedas. Comencé a hacerlo, pero se me hizo muy complicado poder dirigirla para los lados, y luego me comenzaron a doler los brazos. Finalmente, después de muchos choques lo logré, pero entendí cuan trabajoso puede ser movilizarse en silla de ruedas y el inmenso esfuerzo que se debe hacer, sin contar que muchas veces no hay elevadores, rampas, ni veredas amplias o sin huecos.

En la cuarta estación, te tapaban ambos ojos con unos parches y tenías que caminar fuera del salón, por el campus de la mano de un acompañante. Al inicio no estaba tan asustada: conocía el campus y sabía más o menos por dónde íbamos, pero en momentos pasamos por diversos terrenos (pasto, tierra, escaleras) y perdí la noción de donde estaba. En ese momento, comencé a tener mucho temor de chocarme o caerme, pero mi compañero me guió y me dio la confianza necesaria como para creerle lo que me decía. Luego, intercambiamos papeles y a mí me tocó guiarlo. Estaba algo preocupada, porque pensé que, quizás, no me haría caso y se caería o chocaría con algo, pero- por suerte- no fue así, y al finalizar esta actividad, pude captar como una persona con una discapacidad visual puede sentirse, por el hecho de no conocer el espacio por donde va y la confianza que debe tener con la persona que lo acompaña, ya que de él o ella depende su camino.

Finalmente, luego de pasar por todo el circuito, todos nos juntamos y comenzamos a compartir nuestras experiencias e ideas sobre lo vivido. Para mí fue una experiencia muy enriquecedora. Sé que no puedo ni podré simular sentirme al 100% como una persona con alguna discapacidad, pero actividades como estas te hacen si quiera pensar un poco más en una persona así, generan empatía y te hacen pensar en cómo poder apoyarlas, aunque sea un poco más. Por otro lado, también te hacen valorarte más y darte cuenta que tú desde donde estés, puedes hacer grandes cosas y utilizar todo lo que tengas a tu alcance para hacer la diferencia y ser ese granito de arena que impulse a hacer el cambio. En verdad, recomiendo mucho este tipo de talleres, y si estás leyendo esto te invito a que vivas la experiencia y que puedas tener la oportunidad de ponerte en el lugar del otro.