Es la penúltima salida del Señor de los Milagros y el gentío que le sigue está cerca de la Plaza Bolognesi. Tras él se va quedando el característico olor a incienso, los globos morados, algunos postes decorados por imágenes alusivas a la santa presencia, la inconfundible música de procesión y, unos cuantos parroquianos que cumplieron y se alejan por otras direcciones. La estela dejada aún se mantenía y las calles adyacentes a la gran Plaza Dos de Mayo están totalmente congestionadas de vehículos. Los bocinazos nunca pudieron vencer el sonido estruendoso de las comparsas que acompañan al Cristo Moreno. En lo alto de un poste un cartel que muestra a un hombre tapándose los oídos, como parte de la campaña de la Municipalidad contra el ruido de los carromatos, es olímpico y doblemente desobedecido.

La desobediencia no solo viene desde la religiosidad morena o las bocinas, pues en las inmediaciones de la Plaza Dos de Mayo, en medio de las veredas de esas viejas arquitecturas pintadas de azul claro, 10 ó 15 puestos de comida al paso se habían instalado. Como suele suceder con cada evento de envergadura que acontece en el Centro, los ambulantes se apropian no solo de las veredas, sino de partes de la pista. Era una toma ciudadana: banquitas de plástico apostadas en plena pista. Rachi, pancita, pan con chicharrón y tantos menjunjes deleitaban el paladar del caminante del Centro. Sin embargo, era poderosísimo el golpe de vista que esto causaba…

Para un adolescente cualquiera esto puede ser un signo de divertimento, de acogedor caos, incluso de variedad culinaria que tanto nos lo restriegan en la publicidad, pero desde una perspectiva de orden de ciudad, las autoridades de Lima sacan relucientes jalados. Tranquilos: “esto sucede muchísimas veces, solo cuando hay eventos grandísimos, hay que ser flexibles”, dirían algunos. O, como las cajas de resonancia del Movadef, cuando se dieron los aparatosos hechos de La Parada hace un año: “son proletarios, ¡hay que defenderlos!”. Lo real es que haya o no haya actividad, los ambulantes hacen su agosto los doce meses en el Centro. Es un fenómeno generalizado ciertamente, debido a que la informalidad laboral ronda el 70% de la PEA y abarca otros nichos sociales. Respuestas al Estado caduco.

Estas ideas de gestión edil rondaban la cabeza cuando encontramos en el vértice de la av. Nicolás de Piérola con la av. Abancay, cerca de “el Hueco”, a una portátil de Somos Perú. Como bien nos permitió saber uno de los candidatos a regidor que estaba presente, muchos limeños no sabíamos qué diablos hacían ahí esas personas vestidas de blanco, con pitos en la boca y haciendo una improvisada coreografía al son de una ruidosa música, lo que hizo pensar que la procesión del Señor de los Milagros ya estaba en plena Abancay. Lo que hacían era propaganda política para la menesterosa y agobiante elección de regidores de noviembre próximo. Somos Perú, para esta fecha, ya tiene su lista completa de 22 candidatos para el concejo de Lima.

Antes de conocer lo que realmente tenían entre manos, este servidor recibió un volante del partido de parte de una señora muy motivada con el público. La publicidad partidaria venía con un detalle adicional: un heladito para combatir al sol que dañaba con sus rayos. ¡Los activistas del partido estaban en todas! Ellos se acercaban a los pocos buses que por el Parque Universitario rondaban y pasaban su contundente “pack propagandístico”: un volante con un helado o con una gaseosa. En tiempos de acaparador apoliticismo, su método de enganche parecería ser la “solución”.

Luego, al conversar con el candidato a regidor Humberto Quesquén, este expondría con mucha rapidez su plan de gobierno. Temas como la reforma del transporte le parecían claves y desestimaba lo que hasta el momento había realizado la gestión de la “Tía Regia”. “Lo de los paraderos en Abancay ya lo sabemos todos los peruanos, creo que debe haber una reforma más profunda”, dijo. Al PPC los tildó de oportunistas por su labor de oposición de última hora. Nuestra conversación fue interrumpida por una señora que pedía que a ella también se le dé un helado. La verborrea de Quesquén fue herida de muerte, pues, durante unos segundos,  se quedó mudo por no saber y poder decir que no habían más helados. Además de eso, era un poquito-un poquito nomás-incómodo hablar de renovación política (eso era parte de su speach) cuando dabas un helado a cambio de atención. El fugaz y embarazoso momento terminó cuando le di mi helado a la señora.

Consultado sobre cómo entender la renovación de Somos Perú cuando, sobre todo en el contexto de elecciones municipales, daban helados y gaseosas con propaganda política, Quesquén dijo que era una forma de “refrescar” la memoria del ciudadano, de recordarles lo tan cuidada que estuvo la ciudad con Andrade. Lo cierto es que los ciudadanos refrescaban mejor la memoria de los candidatos a regidores pues alrededor de nosotros una cantidad de envolturas de helado lanzadas al piso demostraba que la indiferencia política sigue siendo uno de los mayores enemigos a vencer. “Una vergüenza”-dijo-“hasta señores de saco y corbata los he visto hacer eso”. El recuerdo de las galletas y fideos de la revocatoria impulsada por Marco “Turbio” estaba ileso todavía. A esto, Quesquén siguió respondiendo que además de la técnica de refrescar de una manera dulce la memoria, él hacía hincapié en la información contenida en el volante y no tanto en ¿el helado?. Convenimos en que sería mejor que se haga eso-mínimo-a nivel grupal y no solo a nivel personal.

Después de un rato, el candidato a regidor, Humberto Quesquén, se tomaba una sonriente foto con el fondo de la gigantografía de Somos Perú la cual estaba colgada de las rejas de la Corte Superior de Justicia de Lima. La banda y la portátil que bailaban mientras las envolturas del helado se les pegaban a los pies. Detrás de ellos también se podían ver inmensos envases vacíos de tecnopor.  Era un símbolo del éxito de la estrategia de Somos Perú para recibir el verano y también muestra de la orfandad de ideas para conectar con la gente.

31-10-13