Extraordonaria toma. Una deslumbrante perspectiva de la hinchada de la Juventus decorándole el marco a su capitán. Fieles que enorgullecidos asisten a cada partido, detrás de su más grande emblema, acompañándolo.

La ‘Vecchia Signora’ es una serie de cosas. Es la más ejemplar defensa; es un leónico medio campo; y es una delantera con clase. Pero, sobre todo, la ‘Vecchia Signora’ es Gianluigi Buffon. Aquel que se toma tan en serio el jugar contra el colero de la Serie A que contra el campeón de España. El que admira y reconoce cuando debe a los demás, muchas veces a los más jóvenes, en aras de cumplir con lo que le hace bien al fútbol. Ese icónico portero que desde que salió campeón del Mundo en Berlín no cambió en su esencia: maduró, asumió el rol de autoridad en este deporte que había sido su carrera y se volvió un referente. Y, como no muchos otros, continuó dando seguridad y solidez a su escuadra. Aunque pasaran los años, los reflejos seguían intactos y la convicción que hacía que se desempeñara bien era simplemente innata. El italiano continuó con la calidad que adquirió muy temprano y la mantiene hasta hoy en día.

Y es así como ahora, inmerso en una final de Champions, tiene la oportunidad de abrazar esa orejona que tanto ha anhelado para coronarse totalmente. Aquella Copa que, se lleve o no, siempre merecerá. Porque futbolísticamente ya no hay nada más que demostrar para Buffon. Porque futbolísticamente ya es natural tomarlo como el mejor ejemplo para su posición. Porque futbolísticamente, ya es sino el mejor arquero de estos tiempos. Porque, gane o no la Champions, Buffon ya es lo que es, y con eso es suficiente.