Discursos nacionalistas aparte, el cine peruano, con sus idiosincrasias y limitaciones, está en alza. Tocando temas comunes —los tejidos sociales en conflicto, el contraste entre lo urbano y lo rural, la creciente injusticia social— estos filmes ofrecen, a su modo, testimonios honestos sobre nuestras discordancias y paradojas, aquellos detalles que, desde la cámara, demuestran protagonismo en nuestra construcción cultural. Veamos ejemplos de este siglo, que, por mérito propio, siguen vigentes…

X. Sigo Siendo (Kachkaniraqmi) – Javier Corcuera (2013)

Nada recuerda —y celebra— mejor las contradicciones del Perú como su música. ¿Está el Perú definido por el sonido rebelde y frenético del festejo? ¿Está mejor representado por el lastimero huayno de la sierra? ¿Se trata de la contemplativa música selvática? En este documental, se conectan las raíces musicales y culturales del Perú, narradas con detalle, empatía y energía. Sin ninguna narración más allá de las canciones, este film incita a la reflexión, a la algarabía colectiva.

La escena: La espontánea presentación de música afroperuana, testimonio de libertad y resistencia.

IX. La hora azul – Evelyn Peigot-Oiger (2014)

Adaptando la premiada novela de Alonso Cueto, la cineasta ofrece un delicado e íntimo estudio sobre vidas enfrentadas por el conflicto armado interno. Virando la historia hacia el romance, el film busca profundizar en la memoria colectiva a través de la memoria personal, reflexionando sobre la culpa, el perdón y, sobre todo, la resistencia. Con una paleta de colores fríos y un montaje rápido, somos testigos del viaje de Adrián Ormache por los estragos de la guerra, y por la tormentosa mente de Miriam, víctima de la misma.

La escena: El primer encuentro entre Adrián y Miriam, sutil, sin palabras, solo con miradas.  

VIII. Tinta Roja – Francisco J. Lombardi (2000)

Quizás el cineasta más premiado del país, Lombardi se caracteriza por diseccionar los escabrosos conflictos urbanos del Perú y, con Tinta Roja, le toca a la prensa: mostrar el cruento mundo del periodismo amarillista y la corrupción constante de la sociedad del morbo. A medio camino entre thriller y sátira, esta historia resulta incómoda, presentando la dinámica mentor-aprendiz —con un excelente Gianfranco Brero— y demostrando que, finalmente, somos lo que leemos en el periódico.

La escena: Una anciana llora la muerte de su hijo, mientras es fotografiada sin escrúpulos por la prensa, ante la mirada horrorizada del periodista.

VII. Octubre – Daniel y Diego Vega Vidal (2010)

Gran Premio del Jurado de Cannes (Un certain regard), Octubre, ópera prima de los hermanos Vega Vida, es un retrato minimalista sobre los lazos inesperados que se forman en la necesidad, una especie de realismo mágico con la fiesta del Señor de los Milagros de fondo y, a su forma, un drama de familia. En pocos minutos, nos involucramos en la vida de personajes desdichados y, de manera extraña, nos empapamos de su fe. La estética rígida, el humor negro y actuaciones reveladoras contribuyen con ello.

La escena: Clemente, protagonista, celebra su cumpleaños y se toma una foto con su “familia”.

VI. Wiñaypacha – Óscar Catacora (2017)

La ópera prima de Óscar Catacora resulta un hito: primer largometraje en aymara y una de las películas más trágicas que se ha puesto en cines nacionales. A caballo entre docudrama y ficción, el film muestra, con naturalidad y belleza, el día a día de una pareja en los inhóspitos andes. La soberbia puesta en escena, la mistura entre modernidad y cosmovisión milenaria, y el asunto del “olvido” —personas ignoradas por su familia y por el estado— hacen del film una experiencia única.

La escena: La anciana pareja, únicos actores de la cinta, realizan un ritual para agradecer por lo (poco) que tienen.

V. Paraíso – Héctor Gálvez (2009)

Paraíso es historia de los marginados: aquellos que tratan de acomodarse en un sistema que se ha erigido para excluirlos. Sin seguir una narrativa específica, el film arma viñetas que exploran la dura realidad de las nuevas generaciones, utilizando diálogos marcados por la jerga, una paleta de colores brillantes y actores no profesionales para conseguirlo. Funciona, finalmente, como un ensayo sobre lo que nos define: la masculinidad tóxica, las heridas postconflicto, la brecha educativa.

La escena: Una joven presiona a su madre para pagarle la universidad, lo que parece imposible.

IV. Días de Santiago – Josué Méndez (2004)

Una especie de fábula existencialista, un pastiche del cine de Scorsese o las novelas de Dostoievski, este pequeño film explora la distorsionada mente de Santiago, ex combatiente en las épocas más duras que regresa a la ciudad sin hallar a nadie. Combinando una dolorosa narración en off, jugando con tonos de colores saturadas y diseñando una atmósfera inquietante, Méndez elabora un grito violento de guerra, un film post traumático sobre la rabia contenida.

La escena: Santiago enfrentando a su pasado, bala en mano y en blanco y negro.

III. El limpiador – Adrián Saba (2011)

Con solo 80 minutos de metraje, El limpiador funciona como un cuento de hadas contemporáneo, ofreciendo una visión distópica de Lima, su parsimonia y el afecto que se puede formar en las más depresivas situaciones. Saba maneja una trama lineal, pocos personajes y escenas cuidadosamente filmadas ara mostrarnos la historia de Eusebio, anciano que limpia las calles enfermas, vacías, y que encuentra a un niño sin hogar del que hacerse cargo.

La escena: Eusebio y Joaquín, en la mesa, conversando.

II. La teta asustada – Claudia Llosa (2009)

Quizás el film más exitoso en el país —con una nominación al Óscar — esta pequeña pieza musical, marcada por los cánticos quechuas y los colores brillantes de la cultura andina, es, en verdad, muchas películas: un coming of age sobre Fausta y su enfrentamiento con su rol como “mujer”; un choque cultural entre la cosmovisión de la sierra y la urbanidad occidental; un testimonio de dolor sobre la guerra y sus víctimas. Una película que impacta, que duele y que, en el cierre, conjuga espiritualidad y realismo, vida y muerte, tragedia y esperanza. Es un film que se mantiene.

La escena: El inicio, con música y una dolorosa historia por contar, que nos destroza sin pedirlo y nos muestra el otro lado del conflicto nacional.

I. Contracorriente – Javier Fuentes León (2010)

Una fantasmagórica y bellísima historia de amor, (en este caso, amor prohibido) este film nos sumerge en la idiosincrasia de un pequeño pueblo pescador —su fe y su conservadurismo— y en lo que significa “ser un hombre” en tiempos como estos. Es emotiva, musical y, sobre todo, muy humana: un trozo de empatía y surrealismo; cariño e identidad. Sin ser melodramática ni exagerada, la película presenta emociones contrariadas, las enfrenta y muestra bellamente el resultado.

La escena: Un hombre arriesga todo al enterrar el cuerpo de su amante masculino en el mar, para que este “pueda descansar”.