¿Qué nos diferencia a los hombres de los animales? ¿La razón? ¿La dignidad? La respuesta aún no es del todo clara.

La humanidad ha recorrido un extenso camino a lo largo de su existencia, alternando su orientación conforme nos hemos ido dando cuenta del poder del conocimiento. Ahora, miles de miles de años después de nuestro surgimiento en el mundo, nos hemos desarrollado como especie, nos hemos juntado en grandes grupos llamados naciones, sociedades, etc., y hemos aprendido finalmente a convivir… ¿o no?

Semejantes cuestiones saltan a la mente luego de ir a ver “La Prudencia”, comedia negra escrita por el argentino Claudio Gotbeter, y montada y dirigida en esta ocasión por Natalie Niño de Guzmán, como parte de su proyecto final en la carrera de Artes Escénicas.

La obra gira en torno a una reunión de vecinas (Melina Hernández y Macla Yamada) para celebrar el año nuevo entrante. Rápidamente salta a la vista la hipocresía y la falsedad sobre las que están construidos ambos personajes, muy bien reforzados por la original propuesta estética de Natalí. De esta forma, tenemos una representación muy cómica de una sociedad burda, mentirosa desde sus expresiones más pequeñas, escondidas en la cotidianeidad de la vida. Pero es precisamente en en este aspecto, en aquellas cosas que hacemos automáticamente todos los días, donde se esconden la estructura y la esencia de nuestra sociedad. La propuesta de la directora calza muy bien con esta noción.

Cuando llega la tercera vecina (Emma Suito), la incertidumbre de las dos primeras llega a tal nivel que dispara la desconfianza de estas hacia la recién llegada. En adelante, encuentran en la “prudencia” la justificación de esta desconfianza y de sus consecuencias. Una prudencia vuelta cotidiana, construida por el miedo, también cotidiano, que les impone el mundo en el que viven y la guerra en la que se encuentran. El miedo ha pasado a ser un elemento central, inamovible de sus vidas. Tanto es así que, sin reparar en ello, las vecinas han terminado por convertirse en aquel monstruo que tanto temen.

Otra de las virtudes de esta obra es su texto, riquísimo en analogías burlonas de una realidad totalmente deshumanizada, y políticamente inquietante. Esta comedia, de aproximadamente una hora, es muy digerible dentro del ritmo propuesto por la directora. La dinámica entre propuesta estética, ritmo y texto resulta muy efectiva al momento de hacer llegar su mensaje; es inevitable, mientras ríes, pensar atemorizado: “¿Así es que somos los seres humanos? ¿A esto hemos llegado?”

Para concluir, considero (y esto lo comento desde un punto de vista estrictamente personal) que quien quiera saber un poco más sobre temas políticos densos, como las violaciones de derechos humanos por parte de los Estados, tiene que ir a ver esta puesta en escena. Muchos de los temas que toca la obra están íntimamente ligados a nuestra historia como país, y a la historia de América Latina. A mi manera de ver, es una obra diseñada para generar incomodidad y crítica en el espectador, algo que desesperadamente se necesita en la actualidad tanto a nivel nacional como global.

La cita es en el teatro Mocha Graña, en Barranco. Solo quedan tres funciones, el 27, 28 y 30 de junio. Recomendada al cien por ciento. Es de esas obras que te inspiran a ser una mejor persona.