Editado por Massiel Román

Soledad:

Ya no me acuerdo de ti ni de tus golpes y manías. Ya no dueles ni manchas mis sábanas. Tu disfraz ha quedado de lado para dejar de verme como un ser humano que debe tan solo regocijarse en una habitación gris. 

Desde que julio dio brincos para posar sus largas piernas sobre el calendario, te suprimiste de los lenguajes del mundo. 

Perdóname, pero necesito que me comprendas. Entiende que no pasa nada si nos damos un break. Tú y yo hemos pasado grandes ratos juntos y, a su vez, me has jodido mucho –¿por qué no reconocerlo? 

Creo que con nadie he sido más fiel que contigo. 

¿Recuerdas cuántas veces hemos ido de la mano a la habitación? ¡Tantas canciones melancólicas que sonaban en nuestra cabeza hasta rayar el disco! 

Gracias a ti he logrado conseguir realmente cosas hermosas, grandes regalos que solo han sabido llenarme el corazón de tanto amor y arte. Pero ya está, ha sido suficiente por ahora. 

He decidido dejarte. Cambiar de pantalla, ya sabes. Mudaré de piel y perderé la cobertura por un tiempo. 

Te dejo sola esta vez, Soledad. Pero no te preocupes, nos volveremos a encontrar. Eso es seguro.

Intercambiaremos miradas incómodas, nos contaremos nuestros secretos y volveremos a estar juntas como en aquellos tiempos. Hasta entonces, solo te pido que al nuestro retorno no vuelvas a ser una perra deprimida. La soledad me pinta bien cuando no viene con ideas suicidas.