Ya antes hemos pasado por el entusiasmo apresurado con una selección que tiene buenos momentos en partidos clave, resultados que nos acercan a ese sueño que tenemos la mayoría de peruanos. Y cuando se es hincha de una selección que hace más de 30 años no asiste a un mundial es complicado, nos vamos a emocionar por cualquier atisbo de esperanza que muestre la selección, por cualquier buena actuación en un partido, pero de eso trata ser un hincha, es el amor ciego que podemos sentir por alguien (muchos se sentirán identificados), ese que no entiende de razonamientos y saca sus propias cuentas matemáticas para hacer posible lo que a veces parece imposible.

Yo muchas veces he preferido no ver los partidos de la selección, he preferido cerrar los ojos a un partido que doy por perdido desde antes que inicie. Si me preguntan si soy hincha de la selección sería una pregunta difícil de responder, en la vida cotidiana soy más racional que emocional, no me suelen sorprender las cosas y lo que siento lo llevo dentro. Por eso mi relación con la selección nacional es compleja, porque la selección puede sacar de mí las mejores emociones así como puede ocasionar que dentro de mí se rompa, otra vez más, la ilusión de ver los logros que Perú puede conseguir en el fútbol (así como en muchos otros deportes). Pero también es cierto que me emociono al saber que Perú gana en un partido, cualquiera que sea, que cuando eso ocurre creo que seguiremos en ese camino de mejorar en los partidos que vienen, que con la selección mis emociones dominan mi racionalidad y que – en secreto – quizá sea hincha de Perú.

No pienso mucho en los resultados inmediatos, sino en los que se logran a largo plazo porque esos tienen más probabilidades de ser duraderos. Pienso en las eliminatorias Rusia 2018 como un examen para evaluar si la selección nacional puede encontrar su propio estilo de juego, si puede creérsela y tener la misma actitud con cualquier país que tenga que enfrentar porque si algo he entendido en estos pocos años es que el fútbol, como todo en la vida, no solo es cuestión de método y técnica sino también de sentimiento.

Ver las limitaciones no tiene que ser impedimento para ponerte metas altas, creer que puedes lograr todo puede ayudar a que mejores y llegues a una posición que quizá no imaginaste. Claro que todos queremos ver a Perú ir a un Mundial, pero pensemos en algo a largo plazo, no el siguiente mundial, sino en las generaciones que vienen. Eso es lo que deben pensar los dirigentes de fútbol, trabajar con las bases menores (un proyecto que probablemente ya está en la mesa) y esos resultados los veremos dentro de algunos años.

El martes es la siguiente fecha y solo espero que la selección siga por el mismo sendero, no espero que gane –aunque así lo quiera- pero creo que puede mantener la actitud mostrada el jueves y no darse por vencida antes de tiempo. El mejor gol que puede concretar la selección es poner la actitud y no olvidar la técnica.