En este preciso instante hay un fantasma que ronda los pasillos del Palacio de Gobierno. Ojo, no vayan a pensar que es el fantasma del comunismo de Karl Marx; se trata del presidente constitucional de la república, Pedro Castillo Terrones. El problema con el actual jefe de Estado no son sus alaridos, sino sus silencios. Es más, de acuerdo con información oficial, proporcionada por el programa Epicentro TV, el presidente Pedro Castillo ha declarado tan solo 30 meros minutos a los medios de comunicación en estos 3 meses de gobierno.

Que un presidente no se comunique en vivo y en directo con los medios de comunicación se ha podido apreciar antes con Francisco Sagasti, a quien las redes sociales apoderaron “el presi profesor” tras emplear un lenguaje académico para comunicar lo planteado en el Consejo de Ministros. En consecuencia, después de sus discursos, uno salía más confundido que con respuestas. Ante semejante embrollo se decidió que mejor fuese que los ministros transmitieran las ideas y que el entonces presidente Sagasti se limitase a gobernar y dar alguna que otra entrevista a medios escritos, principalmente.

Sin embargo, el caso de Pedro Castillo sería más peligroso: no informa en lo absoluto a los medios y estos últimos solo pueden escucharlo cuando le dan el alcance en algún mitin en donde, como buen sindicalista, sabe comunicarse. Estos silencios han provocado que el espacio comunicativo del presidente sea tomado por nefastas figuras izquierdistas como Vladimir Cerrón o Guido Bellido. Es necesario detenernos un momento en el premier: en estas últimas semanas, el también congresista de Perú Libre no solo se ha dedicado a hacer de las suyas, sino que, además, se ha propuesto socavar la imagen del presidente, así como petardear a ministros que considera caviares alejados del ideario del partido.

Con respecto al premier, no se le ocurrió mejor idea que destruir los esfuerzos realizados dentro del marco de la gira por México y Estados Unidos con el propósito de atraer inversión extranjera al Perú. Para lograr su cometido, Bellido aseguró mediante Twitter que se estaba planteando la probabilidad de expropiar la empresa Camisea en caso la misma no estuviese dispuesta a renegociar el contrato firmado con el Estado peruano. Con esa facilidad se borró un gran esfuerzo realizado por Torre Tagle y el Ministerio de Economía y Finanzas. A tal punto llego el estrago que el dólar, que en esos momentos se encontraba a la baja con un valor de 4.12, tuvo una estrepitosa subida hasta llegar a valer 4.14 (esto a pesar de la enorme cantidad de dólares vendidos por el BCRP).

Por otro lado, Vladimir Cerrón ha aprovechado los silencios del presidente para poder continuar promocionando su proyecto de Asamblea Constituyente. Con el uso de redes como Twitter e inspirado por las practicas fuji-montesinistas, ha decidido crear diarios personalistas en los cuales despotrica a diestra y siniestra contra los moderados del gabinete de Castillo, alabando, de paso, la idea de una asamblea constituyente.

Sorprende que, a pesar de que dos personas cercanas a su entorno se dediquen día y noche a tratar de socavar cualquier intento de moderación de su gobierno, el jefe de Estado siga en un silencio absoluto. Esto solo daría a entender que, directa o indirectamente, apoya las ideas de sus supuestos críticos.

Lo que el país necesita en estos momentos de crisis sanitaria y económica es un líder que sepa dirigir a la nación. No obstante, parece que Pedro Castillo aún está tratando de procesar su elección como presidente. Tal vez ese sea el motivo del silencio, de su perfil de fantasma, ante lo cual no quedaría más remedio que llamar a los cazafantasmas. Pero no. Es una persona de carne y hueso y parece necesario que alguien de su entorno amical, familiar o laboral promueva que nuestro presidente se percate de que debe poner los pies en la tierra. Si no lo hace, de entre los pocos aspectos que quedarían de su legado, solo podría resaltarse que la izquierda se vuelva imposibilitada de ganar una elección al menos en 50 años y a la larga se termine escogiendo a alguien peor que él para ocupar el puesto de presidente del país. Dadas las circunstancias, ese podría ser el comienzo del Perú para transformarse en un Estado fallido.

Señor presidente, o se pone los pantalones o tal vez lo mejor sea que el congreso lo vaque y ponga en su lugar a la vicepresidenta Boluarte, quien parece tener más olfato político que usted.