Por estos días en los que los amantes del llamado buen cine se abalanzan sobre el Festival de Cine de Lima y desestiman aún más la comercial cartelera limeña, aparece un nuevo film de estudios Marvel que demuestra que no todo blockbuster carece de buenas ideas y personajes tan agradables. Este es el caso de  “Guardianes de la galaxia”.

Días atrás “El planeta de los simios” demostraba cómo la evolución de un género puede dar buenos resultados. El filme de Martin Reeves no solo traía de vuelta las batallas entre simios y humanos, sino que explotaba las ambiguas interrelaciones sociales en ambas tribus. Hoy, James Gunn realiza una fresca y divertida adaptación de “Guardianes de la galaxia”, cómic de 1969, y nos devuelve esa dosis de humor negro y aventuras que hace tiempo no encontramos en un filme de este género. Así, la atmósfera de la película nos imbuye en el universo fantástico de los personajes- que por cierto están muy bien desarrollados y caracterizados.

El filme inicia trasladándonos a fines de los 80, donde un pequeño Peter Quill -eficaz Chris Pratt en la interpretación del personaje en sus distintas facetas- es abducido por lo que parece ser una nave extraterrestre el día en que su madre fallece. La historia continúa con un Peter Quill ya crecido y convertido en un ladrón. Así, en una de sus labores, encuentra un enigmático y codiciado orbe que lo sumerge en una travesía en la que conoce a simpáticos y peculiares personajes. He ahí el punto más fuerte de este filme. Los personajes no solo aparecen en pantalla y luchan por el objetivo trazado, sino que se muestran complejos, agradables y, sobretodo, con sencillos pero acogibles momentos grupales.

El universo creado por Gunn es acogedor en todo el filme y los personajes no son solo figuras en movimiento como hemos visto en otras producciones similares. Aquí, adquieren identidad mientras transcurren los 122 minutos de duración. Sin embargo, este no es el único cimiento fuerte del filme, la banda sonora irrumpe en totalidad. Temas como Cherry bomb de los Runaways, Moonage Daydream de David Bowie o I want you back de los Jackson 5 se acoplan de manera ideal a las escenas grupales de los personajes. Un filme que demuestra que la apariencia no es sincera pues no toda producción comercial ha de ser un circo explosivo y que no siempre un filme ha de ser complejo en sí mismo para desatar tamaña satisfacción como este.