Amparada en unas rejas negras, una mujer vestida de oscuro nos espera. Gala nos saluda, y nos hace pasar a la casona anaranjada en donde tiene su taller y, a veces, la habitación donde duerme. Atrás dejamos al intacto malecón Sáenz Peña.

 

Mejor es conversar

–Ten cuidado –le digo a la fotógrafa– que la escalera es pequeña.

Carola conserva la autosuficiencia de su rostro al subir los acaracolados fierros, pero es seguro que se maravilla cuando percibe la presencia de los diferentes objetos expuestos en el estante de mediana altura de la habitación-taller. Entonces, la fotógrafa da algunos pasos que resuenan con facilidad en el acogedor piso segundo de madera e inicia su quehacer.

Antes de empezar la entrevista, le comento a la dibujante Gala Albitres (21) los ejes por los que discurrirá la plática. “De acuerdo”, me dice con un gesto de aceptación inocente. Pero pronto me doy cuenta, con algo de nerviosismo, de que no tiene sentido. A cada pregunta, la respuesta se vuelve interesante para mí y por ello dejo de lado mi anterior estructura. Por ejemplo, si no fuera por el ítem “intereses” (léase aves, hojas, mujeres), no sabría que a Gala le gusta dibujar minerales y que alguna vez se le pasó por la cabeza ser geóloga, o que le atrae la historia. Además, ella siente que mejor es la conversación sin paredones, pues:

–¡Tengo mucho que contar!

 

No eran agujas, era obsesión

Cuando dibujo, me centro primero en las cejas, en los ojos y luego la cara se va adecuando a la existencia. Cuando llego al cabello, por ignorancia o cansancio, no sé darle el respectivo trato, así que paso y repaso con el utensilio del momento. En el caso de Gala, se advierte un pormenorizado trazo en el cabello, en las tonalidades de la sombra, en los detalles del vestido, en los serenos rostros de sus féminas y en la integridad de pétalos y hojas. “¿Con qué los haces?”, le pregunto a la artista de Bellas Artes. Gala me señala un portaminas. Al verlo, no me lo creo: pensaba que dibujaba con artículos delgadísimos como agujas. Pero de alguna manera las usa, también emplea estilógrafos 0.03 y 0.05.

Con esto – sostiene, y me muestra la punta fina del objeto.

En eso, coge la manija y saca de un cajoncito de debajo de la mesa un dibujo. Es una mujer que apoya su rostro entre los brazos cruzados. Los cabellos caen cansados sobre el cuerpo, le acompañan plantas y flores y en su cabeza, apareciendo la predilección por el mineral, lleva un tocado ensalzado por cobre en polvo que hace a la mujer más enigmática aún.  El dibujo, de una impecable nitidez, es un tanto más grande que nuestras manos.

foto 13

Para este trabajo reservado, Gala cuenta que se corrige mucho. He ahí el borrador y he ahí la lupa instalada en su mesa, de la que se vale para obtener un acabado más prolijo; he ahí también los pedazos de papel que imposibilitan manchas de sus palmas. Esto le exige suma disciplina, sobre todo cuando siente esa imaginable tensión a la hora de “limpiar” el dibujo. Gala nos pide que miremos las paredes y nos dice que en esos cuadros hubo errores prontamente superados. Por eso, suele evitar el café ya que beberlo hace que sus manos tiemblen.  Curioso en ella, que prefiere la hora de la madrugada para dibujar.

 

Por definición, la luna

A la hora de pedir definiciones, la artista me dice que lo suyo puede definirse como ilustración por la estética, aunque exactamente no lo es. Se explica: a su modo de ver, las ilustraciones acompañan el texto, y su estilo no se asemeja a eso, a pesar de que lo letrado participe en su labor pues a veces se vale de bocetos escritos para inspirar la imagen que creará.

Ella, más visual, para darme una idea saca un aparatito tecnológico y me pide que lea el relato que le sirvió de aproximación en su primera muestra individual:

 

Ella irradiaba vitalidad y alegría, cada noche destilaba su miel, gota a gota en pequeños brotes sonrientes. Al poco tiempo, la vimos llorar cristales, preocupándonos muchísimo. Le preguntamos qué sucedía, nos ignoraba mientras éramos testigos de cómo se acortaba la Mångata, el nexo más cercano entre ella y nosotros. Luna quería estar sola, poco a poco dejó ocultarse por la imperiosa oscuridad y se entregó al destino” (fragmento).

Quizá vio mi rostro al leer lo que escribía y por eso saca su bitácora. La abre y me muestra, en confianza, algunos fragmentos en donde la fantasía pervive entre líneas austeras. Cierro por casualidad el cuadernillo y, de nuevo en la entrevista, pido que me devuelva a esas hojas tan envueltas de lo que ella llama lirismo. Se me ocurre una pregunta: “¿Y a qué poetas lees?”.

 

Las técnicas de la novedad

Al momento de transmitir la narración, lo logra mediante la forma y el tratamiento. Es decir, marca la estructura y luego centra sus esfuerzos en darle esa calculada estética de la que ya hemos hablado en cuanto a método, mas no en preferencia: el significante puro. Es esta estimación por la que se adentra en el arte japonés, en la técnica de grabado Ukiyo-e, o “arte flotante”, que se caracteriza por la gran atención en los detalles que consuma; y por la técnica pictórica del Sumi-e, en la que solo se emplea la tinta negra para lograr imágenes simples pero de gran evocación. Ambas técnicas milenarias del país del sol naciente hacen que uno sienta que mirará con ojos nuevos las olas del mar, la puesta del astro o la fugacidad del mejor instante. Y es eso lo que busca nuestra artista: que uno se pierda en los detalles y que en esas abstracciones encuentre nuevos mundos, o universos, como los llamó si mal no recuerdo.

fotoo 1

 

Original mujer

Habiendo hablado de los modos, creí necesario pedirle que me cuente sobre las mujeres que dibuja.

¿Siempre dibujas mujeres…?”, pregunto sugerente. Ella me dice que no, pero que si lo hace es porque como mujer siente que conoce más de esa condición y que por cierto, se siente muy feliz como tal. Además, refiere que ella prefiere lo original, que ahí está el gusto y que por ahí transcurrirá la creación nueva. Yo a casa me voy con una tarea: procurar dibujos sin recurrir a lo que me pueda decir una fotografía.

foto 12

 

Encantada artista

Cuando la escucho, noto que la voz de Gala no guarda relación con esa constante serenidad del rostro de sus protagonistas y que, sin embargo, su voz de tranquilidad infantil no desentona con ellas. Tampoco tiene mucho que ver con ese sentimiento de nostalgia del cual nos habla y que considera que es uno de los que expresa mejor que otro la veracidad en la condición humana.  Y notaría si está triste, pero no lo está. Su veracidad consiste en sonreírse cuando habla. En ese sentido, Carola la supo describir muy bien: “Rebosa en melancolía, pero es una melancolía asociada a la mera contemplación del misticismo de la vida. Quiere volar, volar… siempre, lejos y sola. Creo que está encantada por el pasado, por lo ‘fosilizado’, porque añora un mundo anterior; tal vez, piensa ella, uno mejor”.

12546084_733912263416455_157664963_o

 

Hoy no, mañana sí

¿Qué otros intereses tienes? –le pregunto.

Me responde que la estética del arte medieval. También me cuenta de su pasión como coleccionista, pasión que labra desde que le fue posible adquirir un objeto y conservarlo. Entonces el lente captura muñecas japonesas, detallados marcos de cuadros, botellas de perfume, un caracol fosilizado y también una estrella de mar, entre otros. Debajo de su colección, muchos libros, muchos son de arte y uno es un diccionario bilingüe de español-inglés.

“¿Y por qué coleccionas?”. Ella responde que es capaz de sentir la energía de las selectas cosas que guarda.

No te molesta estar sola, entonces.

–No, pero tampoco me gusta estarlo me dice como si estuviera pensando que prefiere la soledad a como dé lugar.

(del mismo)

Hablando de sentires, hay una persona que ejerció sobre ella la intuición. A la salida de Bellas Artes se suele vender antigüedades y otros objetos llamativos. Un vendedor advirtió, al ojo, las inquietudes de la artista que por ahí se detenía y le sacó sus gustos. Así que cuando Gala salió de clases un día, el señor le trajo lo que justo ella quería.

yo le dije: “¿Me puede fiar?”.

foto 7

 

Penetrante brillo

Cuando iniciábamos la entrevista, subrayé una palabra: “historia”. Al recordárselo, me comenta que actualmente lee un libro sobre ese tiempo que absorbió a Europa en un espiral de esplendor entre fines del XIX e inicios del XX: el tiempo de la “La Belle Époque”.

¿Por qué esa época?

“Por el estilo y por las fotos”, dice. Y me habla de los daguerrotipos, piezas fotográficas que eran capturadas sobre una placa de plata o de cobre plateado, al cual se le debía de añadir pintura –blanca, negra, turquesa, u otra de afín tonalidad- para que cobre visibilidad. La mezcla de pintura y metal originario daba como resultado una imagen que parece desintegrarse en un pausado polvo divino.

Entonces saca su iPod y me muestra las imágenes de Cleo de Merode, joven musa de muchos y de silenciosa belleza. Tomo el iPod y veo fotos de Merode en donde lleva el cabello suelto pero genuinamente ordenado; y noto un gran parecido con los cabellos que dibuja nuestra entrevistada. La dama luce con sobriedad collares, pendientes y dijes. Se la quiere divina a toda costa.

Como las imágenes de Merode, otras 7000 evocan el lirismo que conmueve a Gala. Aprovecho, entonces, para preguntarle por el simbolismo del que ha hecho referencia. Inquiero, por ende, por Eguren. Sí, sí ha ido a ver la casa del poeta barranquino.

 

El origen en las aves

Un testigo que desde siempre estuvo durante la entrevista fue Pepini, un lorito que comparte su jaula con el rostro de peluche de Tiger, el personaje amigo de Winnie Pooh. Le pregunto a Gala por su relación –temprana– con las aves.

“Bueno, había encontrado a un pichón de Volatinia Jacarina. Al principio pensaba que era una cucaracha, pero no, era una pequeña ave. La mantuve oculta por dos días en mi casa: temía que mis padres me pidan que lo libere siendo aún muy indefenso; o sea, que lo deje en una rama cualquiera. No podía porque recién estaba emplumando. Intenté liberarlo cuando ya podía volar, pero decidió quedarse. Lo tuve conmigo alrededor de un año y medio. Mi relación con esa criatura era como la de un compañero, en esa época no me sentía sola; además, aseguraría que podríamos comunicarnos con el lenguaje corporal. Yo entendía ciertos requerimientos suyos, y Pento se daba cuenta cuando ya era hora de meterlo a su jaula y aún quería estar suelto. He de mencionar que cuando ya tenía sueño entraba solo a su jaula. Cuando quería acariciarlo o sujetarlo, tenía que reducir mis movimientos al máximo, en proporción suya, ya que una caricia de intensidad normal podría ser muy tosca para él. Gracias a él aprendí mucho de la sutileza, la paciencia, lo pequeño y el lenguaje del silencio, me refiero al lenguaje no verbal. Extraño mucho a Pento hasta la fecha, aún lo pienso”.

De esa Gala de 15 años, que creció junto a palomas y gallos de pelea, todavía se mantiene ese cariño. En el taller-habitación una vez entró un picaflor y vio de cerca su aleteo fulminante y hasta pudo tocar su cuerpecito rojo. Otra vez…

“Bueno, al piquero lo encontré en el obelisco de Sáenz Peña en Barranco, a muy pocos metros de mi taller, cuando llegaba de la escuela hecha un ‘ekeko’. Había una persona que intentaba comunicarse con la policía ecológica sin éxito, así que fui a mi taller, dejé las cosas, averigüé más números telefónicos y regresé. 

En un rato llegaron muchas personas y miembros del serenazgo. Nadie era capaz de hacer algo, así que decidí llevarlo a la casona, donde se encuentra mi taller, mientras los serenos tomaban una decisión, pero el dueño no me lo permitió. Y terminé sangrando un poquito cuando sacaba la llave de la puerta, producto de un picotazo por no cogerlo con mis dos manos. Así que los serenos tuvieron que llamar a una patrulla, nos pidió (a mi compañera de taller y a mí) que lo cargáramos y que ellos nos llevarían en el carro hasta Chorrillos para liberarlo con la promesa de que nos dejaría en la puerta de la casona nuevamente. Nunca antes había visto a unos serenos tan cobardes que temían cargar al ave.

Cuando subí una foto mía dentro de un patrullero de Barranco, generó mucha polémica entre mis conocidos porque pensaron que me había metido en problemas”.

 foto 11

Lo que nos da

La conversación ya terminó, pero olvido hacer una última pregunta:

–¿Algo más que agregar, Gala?

Se toma su tiempo. Yo, con menos carga, empiezo a ver las colecciones que ella expone. Veo que…

–Sí –dice–, que en mis dibujos dejo un pedazo de mi vida.

 

Fotos: Carola Campaña Alva

 

Día de la entrevista: 18-01-16