El Festival de Cine de Lima persiste, a pesar de todo tipo de crisis (política, sanitaria, emocional). La necesidad del cine por hacerse relevante frente al caos (como herramienta de subsistencia, como mecanismo de desahogo) no podría ser más evidente que este evento, la vigésima quinta edición de este encuentro de todos los cines: cine latino, cine queer, cine prohibido, cine indie, cine sobre cine.  Por supuesto, el Festival persiste en formato virtual, con todo lo que ello implica. ¿Vale la pena conformarse con el cine desde el ordenador, someterse a la tiranía de la pantalla chica? ¿Se debería aprovechar la virtualidad a su máximo, consumiendo películas de forma desenfrenada, compartiendo cine entre amigos y conocidos, descubriendo los otros cines alrededor del globo? Como muchas otras cuestiones, estas trascienden al festival. Mientras tanto conviene aprovechar la oportunidad, adjuntar la URL y poner play. Aquí diez recomendaciones, como punto de partida.

This Is Not a Burial, It´s a Resurrection (Lesotho) – Lemohang Jeremiah Mosese

Desde su estreno hace ya dos años, el pequeño film de Mosese es un testimonio de vida como pocos, en una especie de hiperrealismo mágico, si cabe el término, que, a través de su inolvidable protagonista, nos fuerza a enfrentarnos a la mortalidad y la trascendencia de una forma que pocas veces capta el cine. En este film, una anciana lo pierde todo, incluido su hijo y, lejos de entregarse al vacío, se mantiene firma en la defensa de su tierra, esperando con convicción el momento de su entierro. Filmada de forma impresionante –en la que cada fotograma parece estar meticulosamente calculado bajo un fin estético notable— la película es sincera, espirituosa; pensada para el alma antes que para la razón. Nos dejará emocionalmente exhaustos y debe ser así.

Autoerótica (Perú) de Andrea Hoyos

Una producción local, el filme de Andrea Hoyos decide irrumpir con un tema todavía tabú —la sexualidad femenina— y filmarlo por todo lo alto. Su protagonista, joven y moderna, se embarcará en viaje de exploración personal, en la que, al parecer, el cuerpo y el deseo se vuelven motores de ruta. La ópera prima de Hoyos parece una necesaria introspección por el significado del placer, la reapropiación individual del cuerpo y la necesaria búsqueda de autonomía frente a la patriarcal imposición sobre el sexo.  

Noche de fuego (México) – Tatiana Huezo

Seleccionada en Cannes, el filme de Tatiana Huezo parece ser un doloroso camino por la violencia y el olvido en América Latina, explorando las heridas que deja el crimen, el conflicto armado y la pobreza, sobre todo en aquellos que no pueden defenderse. Una mujer es violentamente forzada a huir de su comunidad, o eso creen sus amigas. Nos enfrentamos, entonces, a un testimonio desgarrador sobre la relación entre feminidad en conflicto, resaltado una perspectiva original en las historias de desapariciones. Bajo esta lupa, nos enfrentamos a una serie de revelaciones que, dolorosas o no, son necesarias. Una selección de Cannes que promete.

Clara sola – Nathalie Álvarez

Una mujer vuelve a casa, se reconecta con su pasado y asume el rol de chamán en el pueblo. Sin mayor pretensión, se exploran los vestigios de las tradiciones y la identidad colectiva en la identidad personal. Con pulso firme, se captan el dolor, la exploración, la feminidad. Naturalmente, Cannes la eligió.

A última floresta – Luiz Bolognesi

Jair Bolsonaro de parcelar la Amazonía al mejor postor. Llevándose un galardón en Berlín, este film explora la relación entre sujeto y tierra sin filtros subjetivos, ajenos al territorio: por una vez, las comunidades indígenas tienen la cámara enfocándoles sin condescendencia ni lejanía. Arte y resistencia en escena.

Esperaré aquí hasta oír mi nombre (Perú) – Héctor Gálvez

Héctor Gálvez, galardonado cineasta peruano y autor de dos importantísimas piezas de ficción (la combativa e hiperrealista, Paraíso, y la cerebral y melancólica NN) regresa con su tema bandera: indagar las secuelas del conflicto armado interno en Perú a través de distintas subjetividades. Si antes le importaba la migración o la búsqueda de desaparecidos, en este filme explora el conflicto desde el arte (el teatro). En una historia que nos recuerda a obras maravillosas como la novela En noche andamos en círculos, de Alarcón, Gálvez nos presenta cómo una compañía de actores viaja por la sierra peruana, narrando historias del pasado que tienen muchísima vigencia en el presente.

Una película de policías (México) – Alonso Ruizpalacios

Alonso Ruizpalacios parece no tener una guía fílmica fija, sino un conjunto de nociones sobre qué filmar que se desperdigan sin tregua sobre sus producciones: ya sea un homenaje al movimiento estudiantil y la Nouvelle Vague en Gueros (2014) o una desesperada crítica a la pobreza y la violencia en Museo (2018), Ruizpalacios filma a la gente joven en todas sus facetas. Y este nuevo film, una pieza que cuestiona los límites de realidad y ficción, parece no alejarse del moldo: dos jóvenes policías se enfrentan a los quehaceres de su trabajo en uno de los países más violentos del mundo.

La clase (Francia) – Laúrent Cantent

Galardonada con la Palma de Oro en Cannes, la película de Cantent ha sabido ganarse el corazón e intelecto de la audiencia con una apuesta muy original, guiada por la empatía y la comprensión, capaz de enamorar a cualquiera. En una recreación de la realidad, Cantent filma a un idealista profesor que, a su modo, intenta lidiar con su clase de secundaria, un microcosmos de la clase obrera francesa, hoy habitada por migrantes de toda etnia y religión. A través de la cámara en mano y un guion sin ataduras, Cantent indaga sobre la desigualdad, el conflicto y el odio, todo con una nota de esperanzas. Enamoró a la gente en su estreno y promete hacerlo en este homenaje a su autor.

Casa de antigüedades (Brasil) – João Paulo Miranda María

Desde Brasil se viene esta hipnótica y delirante propuesta, una historia cementada en las tradiciones, en la magia de comunidades ajenas a Occidente, en la preservación de lo espiritual en oposición a lo globalizado. Con esta curiosa puesta en escena, Miranda ofrece una visión singular de las tensiones modernas en Brasil, marcadas por el ascenso del ultra conservadurismo y el odio. Galardonada con el Roger Ebert en el festival de Chicago, esta película parece entrometerse en los conflictos contemporáneos forzando una mirada al pasado lo que, al parecer, le da incluso mayor universalidad.

La civil (México) – Teodora Ana Mihai

La joven realizadora rumana ha presentado este intrigante y violento thriller en Cannes, la odisea de una madre cualquiera sometida a circunstancias extraordinarias: la desaparición de su hija, que parece haber sido orquestada por una banda criminal. Por supuesto, y cómo parece vendernos el film, la situación es más ordinaria de lo que parece: en el norte de México el fuego cruzado entre las fuerzas del gobierno y las organizaciones criminales cobran muchísimas vidas al año, dejando a la gente sin esperanzas. Premiada en Cannes, la película ofrece una mirada visceral y transgresora a un conflicto que podemos conocer, pero no desde esta forma.