Es un gusto volver a escribir con más frecuencia y sobre un arte que me apasiona: la fotografía. La captura de la imagen abre una infinidad de posibilidades y se constituye como una forma muy hermosa de expresar. No se trata solo de apretar un botón, tomar una foto implica seleccionar un fragmento de la realidad y un momento preciso para retenerlo en una imagen que conservaremos siempre. Una fotografía implica una mirada particular, puede expresar mucho de la subjetividad del fotógrafo sin necesidad de emplear palabras. Sin embargo, es también un arte visual en el que la interpretación se sujeta en parte  a la percepción del espectador.

La invención de la fotografía cambió el mundo. Tal vez nosotros no lo sintamos así porque ya estamos acostumbrados a poder tomar fotos en cualquier momento, incluso con nuestros teléfonos celulares para un rápido selfie. Retrocedamos un poco en el tiempo y pensemos en cuando no había forma de registrar una imagen exacta de un acontecimiento cotidiano o un evento histórico. Lo más cercano a un registro visual eran los retratos y pinturas que tomaban bastante más tiempo y se condicionaban a la habilidad y estilo del pintor. Así, la aparición de la fotografía marcó una importante pauta como una evidencia exacta de un momento en el tiempo. A pesar de eso, las técnicas para capturar una imagen eran sumamente complicadas. Para tomar una foto, hacía falta un tiempo de exposición muy largo (ya les explicaré eso próximamente), un equipo caro y pesado y químicos especiales. Además, era muy fácil equivocarse y estropear la imagen.

Cuando las cámaras se hicieron más pequeñas y menos costosas, empezaron a ser adquiridas por las familias. Es ahí que los padres empiezan a tomar fotos de cada pequeño logro de sus hijos y las vacaciones familiares empiezan a ser fotografiadas para luego poder presumir con la evidencia del viaje realizado. No nos damos cuenta, pero la posibilidad de tomar fotos transformó el comportamiento de las personas y es una parte importante de nuestra vida hoy en día; también nos ha traído nuevos retos. Presionar el disparador de una cámara también puede ser un reto cuando nos ponemos a pensar en situaciones tremendamente complicadas como crímenes de guerra o la explosión de una bomba nuclear. Además, sostener una cámara en las manos nos puede impedir emplearlas para ayudar al otro en nuestro afán por documentar el momento. Decidir qué hacer en este tipo de contextos es un proceso duro y difícil que ha marcado a más de un fotógrafo a lo largo de la historia.

Hay mucho que descubrir sobre la fotografía. Ni siquiera es necesario tener una cámara cara para poder tomar buenas fotos. Hay miles de trucos bastante sencillos y la tecnología nos ha provisto de herramientas para crear y mejorar de tal manera que podamos expresarnos cada vez mejor mediante imágenes. Cada día aprendo un poco más al respecto. y me sorprendo con la cantidad de nuevos tips y todo lo que se puede lograr. Ya les estaré contando en las próximas columnas. ¡Hasta pronto!