¿Qué tal? ¿Ya están preparados para el inicio de un nuevo ciclo? Estamos a nada de abrir el 2019-1 y más vale hacerlo con el pie derecho, ¿verdad? Para ello, nuevamente venimos recargados, tanto yo como las cinco personas que me acompañan el día de hoy, para traerles nuevas aventuras fotográficas y unos que otros tips. Así que, enciendan sus motores y permítanme presentárselos.

No es necesario hacer una gran descripción de Nathalie Ccalla. Aquellos que me conocen sabrán que es una de mis más grandes amigas. Aparte de su gran talento fotográfico, también cuenta con el arte del maquillaje. Y, en realidad, cualquier papel que le des, podrás contar con la seguridad de que triplicará su 100%. ¡Es una de las mejores, mi gatita fiera!

A mitades del 2018, conocí a Andrés Huamán. Me acuerdo de él con claridad, pues tuvo un pequeño accidente con sus paspartús. Me escribió asustado al WhatsApp para ver si podía darle la mano. Mientras íbamos buscando solución a su problema, logré conocerlo un poco más y, también, a su proyecto final. Luego, por unas fuentes confiables y cercanas a mí, supe que su trabajo final de Fotografía fue uno de los más destacados del salón.

Jorge Sueno fue un compañero con el que compartí un curso de realización. No fue a mitad de ciclo que logré entablar conversación con él gracias a que fui apoyar a su grupo en una grabación. Desde entonces, forjamos una ligera amistad. Con el tiempo fui descubriendo que tiene un gran talento con la fotografía, en especial con la Street Photography. ¡Sigan su trabajo!

Otra persona que logró apropiarse de mi corazón es Carlos Usurín. Él, al igual que Andrés, recurrió a mí por los paspartús. A días previos de su presentación, nos encontramos para poder ayudarle a pegar sus esquineros. Ese día tuvimos una conversación muy larga. Me cayó tan bien que, desde entonces, no lo he dejado escapar. Realmente amo a este chico porque, desde que nos conocimos, no ha dejado de mostrar preocupación por mi salud física y mental. Y, a parte de ser muy buena persona, también es un excelente estudiante, preocupado siempre por hacer bien sus trabajos.

Finalmente, Claudia Palacios fue una compañera que conocí cuando recién llevaba mis primeros cursos de carrera. Hicimos un trabajo grupal y luego decidimos embarcarnos juntas en nuestras primeras clases de Fotografía. Gracias a ella, tuve el honor de llevar el curso con uno de los jefes de prácticas más apreciados de la facultad, Erick Nazario. El trabajo fotográfico final de ella fue uno de los más destacados dentro de mi horario de práctica; por ello, tenía que estar en este artículo.

¡Ahora sí! Pasen a conocer estas grandiosas historias y no olviden que si quieren darle una ojeada con más detenimiento a cada foto, solo clickeen en ella para hacerla más grande.

EXPOSICIÓN LENTA: ¡Acércate más!

Nathalie Ccalla

Comunicadora audiovisual enfocada en la rama de Dirección de Fotografía y Producción.
– Número de contacto para sesión de fotos y edición de vídeos: 946 555 460

Docente: Ángel Colunge
Jefe de prácticas: Diego Contreras

Soy Nathalie Ccalla y llevé Fotografía en el ciclo 2016-2. Anteriormente, yo ya había llevado un curso de fotografía en el que me enseñaron cosas muy básicas, como realizar ejercicios de aberración cromática, tipos de velocidades, aperturas de diafragmas, entre otros. Fueron temas que luego logré ver con más detenimiento en el curso de Fotografía de la PUCP.

Disfruté mucho realizar este tipo de ejercicios, quizás porque mi jefe de práctica, Diego Contreras, me inspiraba cada vez que detallaba cada tema del curso. Cuando él explicaba, se me venían varias ideas a la cabeza. Siempre me ha gustado hacer cosas complejas, que destaquen, que sean algo sofisticado y que guarden un mensaje.

El trabajo parcial con Colunge consistía en imitar a algunos fotógrafos. Yo elegí a uno en especial. Este personaje tomaba fotografías a parejas en tiempo de guerra. Yo hice lo propio y utilicé la velocidad lenta para poder aislarlos del mundo. La pareja, al estar quieta, no generaba mucho movimiento, por lo que ellos eran los únicos que quedaban enfocados. Al abrir demasiado el diafragma, logras desenfocar todo lo que tienes atrás o adelante de tu objeto principal.

Para mi trabajo final, intenté buscar temas interesantes que salgan de lo usual. Durante un largo proceso de ideas, logré entender que trabajar con largas exposiciones (velocidad lenta) era una técnica que me encantaba y lo supe gracias a mi proyecto parcial.

Un día, cuando paseaba con mi tía, tomé una foto a la playa empleando la velocidad baja. El resultado fue increíble, el agua no parecía agua, sino que aparentaba ser niebla. Desde ahí supe qué
es lo que quería hacer para mi trabajo final. Se lo conté a mi jefe de prácticas y le encantó la idea. Tituló mi proyecto como “Micropaisajes”.

Durante el proceso de mi trabajo, logré darme cuenta de que este me exigía una cosa en particular: debía tomar todas mis fotos en una hora determinada del día o, mejor dicho, con una determinada luz del día.

Cuando quieres trabajar exposiciones largas o velocidades lentas, como desees llamarlo, el obturador de tu cámara se abre por más tiempo, haciendo que entre más cantidad de luz, lo cual te origina una fotografía muy sobre expuesta. Por ello, si tomaba mis fotos en un día muy soleado, hubiera obtenido imágenes muy blancas. Y, si hubiera querido lidiar con ello, bajando mi diafragma y subiendo mi velocidad, ya perdía la técnica. Así que mi cita fotográfica perfecta era de 5:00 pm a 6:30 pm.

Si quieres que te dé un consejo, déjame decirte que debes darte un tiempo para pensar en qué tema quieres trabajar. Debe ser algo que te guste y practicar con ello. Toma cientos de fotos. Cuando retratas tu idea hallarás más cosas y perfilarás mejor tu temática. Yo me obsesioné con las exposiciones lentas. Me gustaba y era buena. Comencé a probar y así hallé lo que quería fotografiar: playas. Más allá de que formen un micropaisaje, la idea de que aparentaban ser algo que non era me llamó mucho la atención. Me di cuenta de que una técnica de la cámara podía engañar al ojo humano. Yo no me fui al fin del mundo para tomar paisajes, sino a la playa y solo fotografiaba musgos y rocas.

Colunge siempre nos decía en clase: “Sean observadores. ¡Acérquense!”. Al elaborar mi trabajo lo entendí mejor. Observar es algo crucial en la fotografía, ya sea para capturar objetos o sentimientos. Frente al ojo humano esto puede pasar desapercibido, pero para el lente de una cámara no: esta lo congela. Es magia. Creo que interioricé tanto este concepto que comenzaba a observar todo y me olvidé de mi exposición lenta. Buscaba encontrar micropaisajes en arbustos. Empecé a tomar fotografías normales, sin movimiento, con velocidades de 1/120. Eran fotos congeladas y a Diego ya no le gustaba tanto la idea.

Con el transcurso de los días me di cuenta de que estaba haciendo algo que no quería, que había perdido mi propósito. Decidí regresar al lugar donde mi idea surgió. “Quizás la respuesta a toda mi interrogante está en la playa. Mi idea inicial comenzó ahí”. Y así fue, regresé. Ese día, mientras caminaba por la orilla de la playa, vi una roca que parecía dos montañitas y por el medio de ella salía un río hacia al mar. Claro, de lejos era una roca, pero yo tenía que ver más allá. Me bastó la idea y comencé a tomarle fotos. Una de ellas salió como quería. Se la llevé a Diego y le encantó la foto. Entonces me dije: “¿Saben qué? Voy a seguir buscando paisajes en el mar”.

Este proyecto es como realizar una investigación académica, partes de algo básico y conforme lo vas trabajando se va delimitando. También sucede que tienes momentos de desviación, como me pasó a mí. Te saltas pasos, pero luego retomas el camino. Fue un trabajo arduo encontrar paisajes en piedras y musgos. Debes tener bastante paciencia y ser observador porque a la primera no te saldrá.

Mientras yo avanzaba, también veía el progreso de mis compañeros, no solo en sus fotografías, sino también en sus propuestas. Sus fotos comenzaban a tener sentido y sus ideas evolucionaron. La última foto que tomé fue en la playa de Barranco. Cuando tuve mi proyecto listo, hice una lista y las edité. Este trabajo se lo debo prácticamente a mi enamorado, Bryan, a mi tía y a Diego.

El discurso de tu proyecto final es algo muy importante para Ángel y este consiste en descifrar el concepto que has trabajado durante la mitad del ciclo. En particular, yo partí de algo muy básico. Nunca escribí lo que iba a decir porque lo tenía muy interiorizado, lo había trabajado por semanas. Por si quieres otro dato extra: te sirve que mezcles conceptos que ha explicado Ángel en clase.

Saqué un sobresaliente en la materia. Quizás lo único malo de mi trabajo fueron los paspartús. Yo misma los había hecho y no me salieron tan bien. Ángel me pidió mis fotos para que sean publicadas en la Facultad, pero, lamentablemente no logré dárselas. Sin embargo, me quedé con la emoción de que ningún jurado me dio críticas malas, es mas, les encantó. Diego fue el único jefe de práctica que se quedó callado. Eso no me preocupó porque sentía que estaba muy feliz por mí. Yo siempre le llevaba mis avances y le contaba todo lo que me había acontecido, hasta le confesaba mis sentires: frustración, temores, alegría, tristezas, dudas, etc. Lo veía como algo común, a los dos nos gustaba la fotografía. Cuando recibí mi nota, tuve ganas de llorar porque sentí que habían valorado mi esfuerzo y mi empeño en el trabajo. Agradecí a todos.

Los últimos consejos que podría darte son dos. En primer lugar, si cuentas con una cámara profesional, llévala a clases, familiarízate con ella. Ángel te lo recomendará desde el primer día de clases. Tener cámara propia es una ventaja porque la tienes cuando la necesitas. Las que te prestan en Católica solo están contigo por unos días limitados y eso si es que tienes suerte de encontrar una libre para que te den. En segundo lugar, cuéntale todo a tu jefe de práctica, así él sabrá que te estás esforzando y te ayudará. Déjalo ver tu proceso, tus problemas, sino lo haces, no esperes que te ayude. Debe ver tus ganas e interés. No lo subestimes, ellos se dan cuenta de todo lo que sufres y aprendes. De ahí sale tu nota.

En resumen, Fotografía es un curso muy bonito que te permite ver lo que hay a tu alrededor. Te hace ser observador, básico en todo audiovisual. Te hace sentir y encuadrar. Tómate tu tiempo para pensar en temáticas y haz que con el transcurso de los días esa idea evolucione. Si tienes algo en mente, empieza a fotografiar. Si ves que esa idea te hace querer hacer más, prueba, intenta, explora. ¡Esa es! Porque ella te está generando motivación. Busca tu técnica y cuando la halles, cuéntaselo a tu jefe de prácticas. Él te dará más ideas y te apoyará, tal cual lo hizo Diego conmigo. Y no olvides nunca: busca, mira y acércate más.

FOTOGRAFÍA DEPORTIVA: ¡Apunta, dispara y corre!

Andrés Huamán

Comunicador audiovisual
– Cuenta de Instagram personal: https://www.instagram.com/unchicoaesthetic/?hl=es-la

Docente: Susana Pastor
Jefe de prácticas: Erick Nazario

Mi nombre es Andrés Huamán. En el 2018-1, tuve mis primeras clases de Fotografía con la profesora Susana Pastor y, como jefe de prácticas, a Erick Nazario. Siempre estuve emocionado por llevar un curso de fotografía, pues contaba con amigos que tenían sus cámaras propias y sacaban muy buenas fotos con ellas.

A inicio de clases me sentía intimidado porque no sabía nada sobre fotografías famosas (estilos, técnicas, entre otros) y menos de fotógrafos. Erick, mi jefe de prácticas, fue mi mayor soporte en todo el curso porque era a quien le tenía más confianza. Ya con los ejercicios de prácticas se logra entrar en ritmo para entender mejor la fotografía. Es ahí donde uno empieza a arriesgarse para lograr nuevos ángulos o diferentes perspectivas de un objeto, lugar o persona. Todo esto te ayuda para tener una buena base de cómo usar una cámara y, para ser más específicos, una DSLR, que es las que te prestan en la universidad.

En mi caso era la primera vez que utilizaba una cámara de este estilo con lentes removibles y todo. Un consejo para este punto es que intentes reservar con anticipación una cámara dentro de la facultad porque no te gustará oír que ya no cuentan con cámaras para prestarte. Esta situación sería más frustrante si es que tus avances debes presentarlo en menos de dos días. Aunque en esos casos uno siempre puede improvisar y pedirle a alguien más que te preste su cámara.

Para los exámenes es cuestión de darse el tiempo para repasar a los fotógrafos vistos en clases y sus obras, y todo lo que te enseñan en práctica sobre cómo usar una cámara. También es importante que siempre recuerdes que es el ISO, el diafragma y la velocidad de disparo. Ya con esto uno está listo para su proyecto final de fotografía que involucra lograr una serie de fotos acerca de un tema que te interese. ¡Piénsalo bien! Pues vas estar ahí todo el tiempo necesario para poder lograr unas buenas fotografías.

La temática de mi proyecto final de Fotografía se basó en el waterpolo. La razón fue sencilla: tenía un amigo que pertenecía a la selección de waterpolo de Campo de Marte. Me dio curiosidad saber de qué trataba el juego, pues él siempre se iba a entrenar desde las 8 hasta las 10 de la noche. Lo bueno de escoger este tema fue que Erick sabía mucho de fotografía de deporte, así que él siempre me aconsejaba que me arriesgue un poco más para lograr mejores tomas, lo cual tenía sentido porque mis primeras fotografías se sentían muy alejadas de la piscina de waterpolo y no decían nada.

Con el tiempo uno va soltándose y empieza a experimentar con las posiciones de la cámara. Por ejemplo, tomar una foto colocando la cámara casi al nivel de la piscina o tirarse al piso que, dicho sea de paso, estaba mojado. Todo era con la finalidad de ver si funcionaba ese nuevo ángulo. Claramente, esto no se me hubiera ocurrido cuando empecé el curso y creo que demuestra el esfuerzo que le puse en lograr cada vez mejores fotografías con nuevas perspectivas.

El lado bueno del proyecto final es que primero te ayuda el jefe de práctica y luego la profesora revisa tus fotos seleccionadas para darte sus últimos consejos. De esa forma, tienes varias opiniones para tener en cuenta. Si ustedes también desean que su trabajo fotográfico sea sobre un deporte, mi consejo es que tomen todas las fotos posibles. Erick en cada sesión me pedía un aproximado de 150 fotos. Puede que se vea exagerado, pero créanme que luego se lo agradecerán. La idea es que no intenten presentar esa cantidad de fotos para cumplir. Encuadren e iluminen correctamente y, sobre todo, busquen que cada toma muestre un contenido muy interesante.

Otro dato importante es que para esta clase de fotografías, uno debe llevarse bien con el entrenador, el equipo o las personas que están realizando el deporte y que aparecerán en las fotos, ya que ellos te pueden dar facilidades para que ingreses al área de juego o estés lo más cerca posible para que logres mejores tomas. En lo personal, me llevé muy bien con los entrenadores y me dejaron tomar fotografías muy de cerca de la piscina. Eso sí, al estar demasiado cerca del área de juego uno debe tener cuidado con los pelotazos que pueden golpear a la cámara o a ti. Incluso, corres el riesgo de que en estos juegos acuáticos, el agua pueda mojar a la cámara y logre malograrla.

Para la selección final de fotografía es importante que cada una de ellas demuestre una característica del deporte que has intentado retratar. También es ideal que reveles el espacio en el que se desarrolla el deporte. Cuando esto ya esté completamente listo, llega la hora de la edición. Un consejo que puedo darte en esta parte es que no debes tener miedo de editar tus fotos porque, generalmente, las fotografías no se ven exactamente igual como uno las ve con sus propios ojos. Por ello, uno puede editar las fotos según su propio criterio y favoreciendo a la percepción de una determinada interpretación. Luego de que ya tengas listas todas las fotografías, ponle un título temático a tu serie de fotos y prepara un breve discurso acerca de cómo llegaste al tema, por qué lo fotografiaste y cómo te fue en todo el proceso, resaltando siempre los aspectos positivos.

Finalmente, solo me queda agradecer el haber llevado el curso de Fotografía con personas tan talentosas como Susana Pastor y Erick Nazario. Ahora siempre que veo un buen encuadre, no puedo evitar la pulsión de sacar una cámara o mi celular para tomarle una fotografía. Esto ha sido un gran cambio en mí porque antes yo no estaba tan interesado en este arte, pero ahora se ha convertido en algo fundamental para mi vida, así como también una manera de mostrar a los demás como veo las cosas.

STREET PHOTOGRAPHY: La calle es infinita

Jorge Sueno

Comunicador audiovisual enfocado en la rama de Dirección de Fotografía y Reportero Gráfico.
– Cuenta de Instagram personal: https://www.instagram.com/jorge_sueno/?hl=es-la

Docente: Susana Pastor
Jefe de prácticas: Yael Rojas

Me llamo Jorge Sueno y comencé llevando el curso de Fotografía cuando se dictaba de forma completamente analógica. Susana Pastor fue mi maestra y aprendí de ella todos los conceptos y tipos de técnicas fotográficas desde lo más tradicional. Al tener cierto número de disparos por rollo, aprendí que debía pensar antes de disparar: debía tener la imagen en la cabeza para evitar perder disparos, pues cada uno de ellos eran vitales.

En mi opinión, el trabajo con los químicos en el cuarto oscuro y todo el proceso de revelado era lo más maravilloso del curso. Uno no sabía qué imagen saldría en el papel hasta que lo sumergía en los químicos y por arte de magia se revelaba la imagen. Sin duda trabajar en monocromático le daba un tono más artístico a la fotografía y las texturas del granulado de la plata quemada por la luz era estéticamente bello.

Con el curso de Fotografía Documental (2018-2), logré entender el valor de la fotografía social. Susana Pastor y Yael Rojas fueron las que me guiaron en el proyecto “Villa Huanta”, el cual intentaba registrar la fiesta del señor de Maynay en una comunidad en San Juan de Lurigancho. Esta comunidad, llamada Huanta Chico, se inició en los ochentas y partió de una migración forzada. La gente de Huanta en Ayacucho pasaba por una situación crítica por culpa del conflicto armado interno y muchos decidieron migrar a Lima.

Esta fue una experiencia que me ayudó a entender que una imagen puede estar técnicamente bien hecha, pero lo más importante debe radicar en lo que logre transmitir. La importancia no debe hallarse en lo meramente estético, sino en el registro de una manifestación cultural, que es el resultado de una serie de fenómenos sociales que guarde la memoria de nosotros mismos.

Se intenta ordenar el caos de la ciudad definiendo un encuadre y tratando de manejar una escena de una situación, en la cual los personajes muchas veces no están conscientes de la presencia del fotógrafo. Gracias a la fotografía de calle se puede llevar un registro de la gente y su relación con el espacio, personajes que muchas veces pasan desapercibidos en la sociedad. Además, es un estilo en el cual se tiene mucha incertidumbre, uno sale a la calle sin saber con qué se va a encontrar ahí.

La dificultad radica en que se debe registrar momentos irrepetibles y únicos. En ese sentido, se puede ir al mismo lugar y siempre encontrarás situaciones diferentes, personajes e incluso el clima y la posición del sol según la hora del día. La calle nos ofrece opciones infinitas y es muy importante tener en cuenta la técnica del “instante decisivo” que desarrolló el fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson. Esta consiste en esperar a que los elementos estén alineados en la composición y disparar en el momento justo para luego hacer una selección del instante preciso.

Es muy importante tener en cuenta este concepto, ya que en la calle nada es controlado y las posibles buenas fotografías pueden perderse por cuestión de milésimas de segundos. Gracias a esto, lo cotidiano y ordinario se vuelve algo extraordinario. Si estás interesado en este tipo de imágenes, te recomiendo que sigas algunas cuentas que funcionan como una comunidad de fotógrafos callejeros peruanos: @everydayperu, @perustreet y @streetphotoperu. Estas sirven como una plataforma para mostrar fotografías de la calle, de lo que se ve día a día y nadie logra a detenerse a ver. Finalmente, les adjunto un vídeo que contiene algunas imágenes de Daniel Pajuelo, un fotógrafo peruano de calle de los años 80’s y 90’s, que inspira a las nuevas generaciones.

PHOTO COMICS: Un recurso bizarro

Carlos Usurín

Comunicador audiovisual enfocado en la rama de Guión y Dirección de Actores.
– Cuenta personal de Facebook: https://www.facebook.com/carlos.martinusurin

Docente: Ángel Colunge
Jefe de prácticas: Lucía Alfaro

Hola, yo soy Carlos Usurín y llevé el curso de Fotografía en el ciclo 2018-1 con el profesor Ángel Colunge y como jefe de prácticas, Lucía Alfaro. Debo confesar que el proyecto final de la materia fue un choque fuerte para mí porque, principalmente, nunca había tocado una cámara en toda mi vida. Fui pésimo en los primeros días, basta con decirles que tomaba fotos con la tapa puesta en el lente de la cámara.

Me había rehusado a tomar fotografías, a pesar de que sabía que era algo básico en mi carrera audiovisual. Por esta razón, mi trabajo parcial me pareció pesado: tenía que hacer algo con lo que no estaba totalmente de acuerdo ni familiarizado. El trabajo consistía en imitar el estilo de un fotógrafo famoso. Teníamos múltiples opciones. Fue un choque para alguien que no sabía cómo lidiar con temas de producción y arte. Yo quería empezar con algo fácil, pero era lo que había propuesto Colunge.

Después de tanto pensarla, opté por imitar a Cindy Sherman. Me atrajo demasiado lo que ella hacía en sus fotografías. Era alguien que se transformaba, en la mayoría de sus fotos, en diferentes mujeres en distintas situaciones cotidianas. El tema era muy rico y misterioso. Lo que más me llamaba la atención era que debía trabajar conmigo mismo. No era como Man Ray. Era solo yo contra el mundo. Con el transcurso de los días, me di cuenta de que lo teatral era algo que también me atraía. Así que decidí jugar con la iluminación de Sherman.

Al principio, traté de retratar algo ambiguo. Era algo muy hogareño, lo que me gustaba, pero poco a poco fui profundizando mejor mi tema. Quería criticar, mediante mi trabajo, ciertas representaciones que existen tanto en la mujer y en el hombre. En mi proyecto, elegí transformarme en alguien que no era yo. Debía alejarme de mí para ser varias personas. Dejé volar mi imaginación. Usé diferentes prendas femeninas (sostenes, faldas, camisas apretadas, etc). Cuando me apoderé de todo lo que necesitaba, tomé la cámara e inicié la sesión. Esto era prácticamente desnudar el alma y dejar salir la diosa interior que tenía dentro.

Las primeras fotos me salieron muy subexpuestas o sobrexpuestas. Con el tiempo fui aprendiendo. El primer día que cogí la cámara fue un día perdido. Me puse en contacto con un amigo que es fotógrafo, Lenin Flores. Él me ayudó con la iluminación. Me recomendó usar flash y celofans. Para entonces solo había sido yo y el flash de la cámara. Después de oír sus consejos, las fotos mejoraron y me gustaron, pero ninguna de ellas quedó porque las que salieron después de estas estaban mejor. En mis fotografías usé colores básicos y usuales en el teatro según mi criterio: azul, rojo, verde y amarillo.

A parte de darle cierta teatralidad a mi trabajo, quería que también cobre un significado, donde se revelen y expresen sentimientos o estados de ánimos intensos. Dejé a la imaginación esa parte de mí que podría representar a alguien en el mundo. Quería que la persona que lo viera se encuentre identificada con uno de ellos o que se quede confundida. En otras palabras, quería que pensara en el fin de las fotos.

Pero no todo se lo debo a Lenin sino también a mi jefe de prácticas, Lucía Alfaro. ¡La mejor! Ella fue la que me dio los tips necesarios para usar los flash. La foto que me gustó más es donde estoy echado en un sofá. Aparentemente algo melancólico. Tenía falda y abrazaba una almohada fucsia. Me dije: “¡Wow! Ese soy yo”. Y hay otra en particular que también me agradó demasiado. La iluminación aparentaba ser una luz natural. Tenía maquillaje en la cara y vestía otra ropa.

Todas las fotos se hicieron en momentos espontáneos y creo que, de alguna forma, terminaron siendo fieles a las fotografías de Sherman. No quería defraudarla. Para mí, el trabajo parcial fue un espacio privado, donde me descubrí a mi mismo, lo que podía hacer o lograr, y a la fotografía en sí.

Si es que tú te animas a hacer este tipo de fotografías, te recomiendo un par de cosas para que no la sufras tanto como yo. En primer lugar, consigue un flash, ya sea por amistades o en la misma Facultad de Comunicaciones. Si optas por lo último, pídelo con previo aviso a tu jefe de prácticas o a tu docente. Segundo, también necesitarás un trípode.

Tercero, cuenta con la ayuda de un compañero o familiar para que te ayuden en detalles mínimos como darle click al botón de la cámara. Esto no quiere decir que ellos harán el trabajo, sino que tú dejarás todo listo solo para que él/ella pueda capturar lo que estás planeando. En el caso que no tengas a alguien, tranquilo, también hay solución: configura tu cámara fotográfica para que te haga la fotografía en un tiempo determinado. Cuarto, Si deseas obtener un trabajo más producido, consigue un rebotador. Finalmente, nunca olvides que todo tu progreso en la materia se va a deber a que tengas una buena comunicación con tu jefe de prácticas, profesor o alguien que ya sepa sobre fotografía.

Gracias a mi trabajo parcial, vi que sí podía explorar en la rama de la fotografía en la forma que yo quería. El examen final de Fotografía tuvo una amplitud mucho más amplia para elegir las temáticas que uno quería desarrollar. Podía hacer lo que yo quisiera, pero eso lo complicó más porque tenía muchas ideas locas rondando en mi cabeza. Una de ellas era vestir a la gente con bolsas con el fin de mostrarle al público lo que ellos podrían ocultar al taparse con una envoltura. Obviamente, esto requería una ardua producción y de gente. A Lucía no le terminó de convencer porque era un trabajo muy díficil y tenía razón.

Los primeros días no sabía qué hacer. No tenía claro que tenía que fotografiar. Comencé a tomar fotos al azar, lo cual no pedía Ángel. Fue recién que, al ver film-noir (cine negro), supe lo que quería hacer para mi último proyecto. Me atrasé demasiado. Mis amigos se adelantaron mientras yo me encontraba perdido buscando temas que logren tener un significado muy relevante.

Había decidido retratar gente que haga gestos molestos. No quería que actúen, sino que sea natural. Pensé incluso en hacer cosas que los molestaran realmente para poder sacar mis fotos, pero terminé descartándolo por temor a que me roben la cámara. Sin embargo, estando allí surgió mi idea final: la violencia, el miedo a esa Lima peligrosa. Yo no buscaba registrar una violencia física sino ese temor a lo que nos pueda suceder. Me pareció interesante porque tocaba, de cierta forma, las clases de Ángel. Cuando logré delimitar mi tema, surgió una nueva duda: ¿Las hago de día o de noche? Al final decidí optar por lo último.

Ya sabiendo lo que quería le pedí ayuda nuevamente a Lucía. Con ella logré obtener las composiciones que debía. También fue ella la que me recomendó optar por fotografías en blanco y negro, pues esta me favorecía al cubrir el color grotesco que había en los postes de luz o en ciertas calles limeñas. Uno de los retos que tuve con este proyecto era el miedo a salir por las calles de noche. Me convencí de que, si quería que esto funcione, debía de llenarme de valor. Así que comencé a llamar gente e intentaba tomar las fotos en el menor tiempo posible.

El segundo paso era alejarme un poco más de los alrededores de Católica. Al principio buscaba que todas las fotos se realizaran cerca al centro universitario, pero luego me dije: “Esto es algo distinto, sino sale bien, al menos servirá como una anécdota que contar”. Fue ahí donde me di cuenta de que yo también estaba incluido en el tema de mi trabajo. Tenía miedo a la ciudad. Era como la gente a la que estaba fotografiando, tenía miedo al espacio en off, a lo que no podía ver.

Seguí con esta significación, el miedo, pero el miedo a qué. ¿A un ladrón? ¿A un violador? ¿A un acosador? Eso ya lo interpretaría cada persona, pero la idea estaba ahí y empezó a gustarme bastante. Conforme iba avanzando, me fui dando cuenta de que cada fotografía parecía una escena sacada de un cómic. Claro, varias tomas que hice fueron desechadas, ya sea porque no había foco, estaban mal encuadradas o porque, simplemente, no funcionaban como proyecto.

La gran dificultad que se me presentó aquí, a parte del miedo que, dicho sea de paso, nunca logró desaparecer, era que no sabía cómo usar la cámara de noche. Tuve varios problemas, pero nuevamente Lucía entró en acción. Si no fuera por ella, no hubiera logrado todo esto. Viví mi proyecto final al máximo. Había sido parte de él. Era como si hubiese dejado una huella ahí porque también sentí miedo como aquellos que temían dentro de mis encuadres. Si bien este no fue el mejor trabajo en comparación de mi proyecto parcial o los de mis compañeros, logré quedar algo satisfecho. Si esto no logró salir muy bien, se debió a que me confié, dejé salir mi ego y pensé que esto sería fácil después del trabajo parcial que presenté. ¡No lo hagan!

Finalmente, mis últimas recomendaciones para trabajos similares como este es que, antes de salir a fotografiar, practiquen mucho las composiciones con su cámara. Con ello, ahorrarán el mayor tiempo posible y estarán más preparados cuando estén en el campo. También tantea el escenario o tu puesta de escena. Tampoco te excedas en tiempo buscando un lugar perfecto. Y siempre mantente predispuesto a aceptar que no todas las fotos saldrán bien ni mucho menos a la primera. Entiende que todo esto es un proceso. Así que toma todas las fotos necesarias y ahorrarás dar una segunda vuelta de sesión fotográfica a la misma persona.


FOTOGRAFÍA DOCUMENTAL: Un registro de la realidad

Claudia Palacios

Comunicadora audiovisual enfocada en la rama de Dirección de Fotografía.
– Cuenta de Instagram personal: https://www.instagram.com/musiclaudia_/?hl=es-la
– Número de contacto para servicio de Caritas Pintas y Sesión de Fotografías Profesionales: 986374618

Docente: Hans Berninzon
Jefe de prácticas: Erick Nazario

¿Qué tal? Soy Claudia Palacios. Tuve mis primeras clases de Fotografía en el ciclo 2017-1. No puedo negar que haber llevado esta curso me ayudó a que tenga ideas más claras con respecto al rumbo que le iba a dar a mi carrera. A diferencia de muchos, yo llevé esta materia junto a mi primer curso de rodaje (RIA: Registro de Imagen y Audio), y no fue para nada sencillo. Debía distribuir mi tiempo entre las prácticas de campo, guiones, storyboards y demás. Por suerte, sentí el apoyo de mis amigas, quienes ya habían llevado Fotografía el ciclo anterior y, además, fueron quienes me recomendaron matricularme con Erick Nazario como jefe de prácticas.

Desde la primera clase, supe que no sería “el curso chill” del ciclo. De hecho, para la gente que está a punto de pasar por esta experiencia, les recomiendo que dediquen un tiempo especial a las prácticas de campo para que entreguen un buen material cada semana y queden contentos ustedes mismos con su trabajo. Por otro lado, una vez llegado el parcial, donde ya habrán cumplido con dichas tareas semanales, les tocará elegir el tema final para su proyecto fotográfico: este momento es el que quiero resaltar un montón.

Yo me sentí muy cómoda luego de encontrar el tema con el que quería trabajaría el resto del ciclo. Opté por realizar un seguimiento a mi abuelo paterno porque me pareció curioso que, pese a vivir en la misma casa con él, no lo haya frecuentado mucho. Quise conocerlo, saber de su rutina y lo que sentía pasando tantas horas del día en casa. Llegó la primera entrega y Erick seleccionó varias fotos de las que había llevado. Sus consejos eran sabios. ¡No se le pasaba ni una!

Cierto día quise engañar a sus experimentados ojos con unas fotos que yo había tomado, pero enfocando mal. En realidad, las fotos tenían demasiado ruido, el foco era difícil de identificar. Sin embargo, él no se demoró ni un minuto en sacar el error y mandarme a rehacerlas.

Le agradezco inmensamente por su tiempo, paciencia, consejos y ayuda. Siento que me dio la confianza necesaria para que, una vez acabado el ciclo, pueda participar en concursos fotográficos y sentirme feliz de alguno que otro reconocimiento.

Él es un capo de capos, sin duda. Algún día seré como él, yo lo sé. Pero por ahora, solo soy una Padawan orgullosa de haber sido asesorada por el mejor maestro y mentor.

En fin, hoy que estoy a solo meses de acabar la carrera, soy consciente de que le debo mucho a él y al curso, pues me hicieron conocer el área que quiero seguir explorando por muchos años más: la Dirección de Fotografía. Siempre digo que si los cursos en la PUCP se pudiesen repetir, este sería uno del que jamás me cansaría. Si aún no lo han llevado, aprovechen cada sesión en consultar y despejar sus dudas. No odien el curso, no pierdan su tiempo. Cuando menos lo esperen, ya habrán pasado las semanas y sentirán ganas de volver a vivir la adrenalina de hacer un proyecto fotográfico.