Caía la tarde y las potentes luces comenzaban a iluminar al gramado y a sus graderías, exhibiendo lo que era una San Siro repleto, hermoso y preparado para lo que iba a ser una final más de la maravillosa Champions League. La impresionante estructura del estadio de Milán, otra capital del fútbol, remodelado especialmente para Italia 90 y a servicio especial de un espectáculo como lo es este deporte, ya albergaba a los protagonistas de un partido decisivo e importante no solo por la instancia que representaba, sino también por los equipos que se enfrentarían, aquellos tan protagonistas en los últimos años, tan propios. Salieron a la cancha entonces el Real Madrid y el Atlético de Madrid, la ‘Casa Blanca’ y los colchoneros, los “blancos” y los “indios”, los de Zidane y los de Simeone.

Soccer Football - Atletico Madrid v Real Madrid - UEFA Champions League Final - San Siro Stadium, Milan, Italy - 28/5/16 General view of the Champions League trophy before the game Reuters / Stefan Wermuth Livepic EDITORIAL USE ONLY.

El Atlético de Madrid ha mantenido, a lo largo de los años en los que el ‘Cholo’ ha sido entrenador, un juego que plantea esperar al rival, aprovechar cualquier falla del contrario a partir de su férrea marca para contraatacar o para simplemente capitalizar. Esta férrea marca es fundamental ya que lo que se plantea no solo requiere tomar la postura de responderle al rival al dejar que este tome la iniciativa, sino también que los jugadores se posicionen bien, tanto delanteros, volantes y defensas; medir los tiempos del rival, hacerle zona, no precipitarse demasiado pero arriesgarse de vez en cuando; cortar a tiempo, comunicarse con tu compañero y saber salir a atacar desde tu actitud defensiva. De igual manera, no siempre importa en qué lugar de la cancha se encuentre el balón. Los colchoneros no necesariamente se posicionan siempre en el área para defender: dependiendo del rival y de las circunstancias dadas del juego, presionan también arriba para incitar al rival a cometer un error, el principal objetivo. Es innegable que en la mayoría de veces, sobre todo en Champions, el Atlético se ha parado con sus 11 jugadores en su área, recurriendo solo al contrataque, en especial con equipos que tienen un juego protagonista y que someten en general a cualquiera. También, es cierto que los del ‘Cholo’ muchas veces han podido ser ellos los “protagonistas”, tomando una actitud ofensiva, debido a las características de sus jugadores, la superioridad de estos sobre los del otro equipo, etc., y ha optado por defenderse más que todo, pero desde esta defensa parte su ataque, que muchas veces llega con efectividad al área, y así progresan en el juego.

Simeone fue creciendo en su idea y ratificándola cada año, contratando jugadores que puedan adaptarse rápido a su juego, y que tengan similares características a los que ya estaban y a los que se iban. En el 2014 y 2015 perdió a Courtois, Costa, Miranda, Turán, entre otros jugadores fundamentales en el equipo, pero tuvo la excelente capacidad de captar a reemplazantes precisos, no totalmente parecidos, pero principalmente que puedan funcionar en su planteamiento. Acertó olímpicamente con la venida de José María Giménez, un uruguayo para acompañar a otro uruguayo como Godín en la zaga; con Antoine Griezmann, un flaquito francés que encajó perfecto en el Atlético y potenció inmensamente su juego, desnudando a un jugador que exhibía y exhibe un potencial enorme; y atinó al aceptar el deseo de regreso del ‘Niño’ Torres, un jugador de la casa, un hincha más, un delantero exquisito que recuperó de alguna manera lo perdido, que agarró confianza y que volvió, de rato en rato, a enseñarles lo que en verdad es. Finalmente, jugadores como Carrasco, Moyá, Oblak y Savic, resumen lo capaz que fue Simeone para, bajo esa ideología que lo caracteriza, renovar su equipo año a año.

Es así como se les plantó durante mucho tiempo a equipos poderosísimos, algo inimaginable hace pocos años. Así también se le plantó al Barça y al Bayern esta temporada en Champions; dos equipos que, en la previa, eran los mejores. De acá parte una polémica de quién realmente es “mejor” en el fútbol. Pienso que al que plantea mejor el partido, al que se adapta mejor a las circunstancias del mismo y, con esto, logra ganar, no se le puede reclamar nada. Es decir, el que gana el partido finalmente fue porque jugó mejor, y esto de “jugar mejor” no quiere decir tener el protagonismo en cuanto a tener la pelota, en asociarse constantemente y en hacer paredes durante todo el partido. “Jugar mejor” es relativo porque, al final del día, es el que entiende mejor el juego ejecutando el fútbol que crea más conveniente el que se lleva la victoria, el que, finalmente, “es mejor”. Por esto es que cualquier estilo de juego, ya sea ofensivo, vertical, de asociación constante o de contraataque, es válido; por más que a muchos no les guste el estilo de Simeone, de Di Mateo, de Mourinho tal vez, etc., así también está bien ganar. Por esto es que el fútbol no conoce de merecimientos.

Bajo su ideología, el equipo del ‘Cholo’ Simeone llegó a la final, junto con un Real Madrid revitalizado por Zidane, uno que a mitad de temporada había perdido con su clásico rival 0-4 en su estadio, pero que estaba ahí para disputar otra definición de su torneo favorito. La diferencia entre este encuentro y otros en la temporada, fue que el Real Madrid sí supo cómo jugarle al Atlético de Madrid; encontró, a diferencia de otros, cómo imponerse ante ese juego defensivo dominador, por lo menos en los primeros 20 minutos. La intensísima defensa del equipo colchonero no permite a la mayoría de equipos desarrollar su juego, sometiéndolos a la pérdida de ideas, a no llegar al arco, a la desesperación. El Madrid fue el primero que jugó como tenía que ser: en uno de los mejores arranques de partido que le he visto, el Real fue aún más intenso que la intensa defensa del Atlético. Los ‘merengues’ tuvieron un traslado rapidísimo de pelota, conformado por pases largos especialmente al ras, conexiones vertiginosas y una actitud riesgosa que podía costar, pero que esta misma terminó por justificar la superioridad blanca; no especularon en lo absoluto. La común verticalidad del equipo de Zidane se intensificó, se potenció, haciendo que a los colchoneros les falte tiempo para pensar, para poder reaccionar.

Con Zidane se implantó, como con Ancelotti, de nuevo un 4-3-3, con un mixto jugando como contención, Casemiro; un mixto puro, Kroos; y otro mixto con características de interior, como Modric. Aquí fueron especialmente fundamentales el brasileño y, en especial, el alemán. En Brasil 2014, Kroos fue de los mejores jugadores porque se sintió en confianza, en una posición que conocía a la perfección, sin presión, sin ansiedad. Fue ahí mismo donde lo ubicó Zizou en este Madrid, sin tener que forzarlo a jugar como contención como anteriores técnicos, delante de Casemiro, uno que sí llegó a cumplir bien la función de ‘5’. Precisamente, la potencia y absoluta superioridad que tuvo Alemania en el mundial contra la mayoría de sus rivales, fue lo que hizo que Kroos desarrollara su juego tremendamente, lo que se repitió con la versión que mostró el Madrid la noche del sábado en Milán.

Otro particularmente destacado, no solo de este partido, sino del Real en general es Ramos, que,  a los 15 minutos, llegó como el héroe de Lisboa a conectar para el parcial 1-0. Luego de esto, a pesar de tener la ventaja y una grada madridista entregada, los de Zidane se replegaron; perdieron el galopante ritmo del comienzo del partido y su ambición de cara al gol bajó. Aquí, el Atlético tuvo que abandonar su común juego y empezar a proponer ellos, algo tal vez inesperado para el ‘Cholo’. No encontró respuestas y así se fueron al segundo tiempo. En este, los colchoneros iniciaron mucho más congol de ramosvencidos y esta vez no esperaron; como mencioné antes, tienen variantes. Se volcaron en ataque y superaron al Madrid, aunque este respondió ante una defensa descuidada pero ante un arquero excepcional como Oblak; ni qué decir del esloveno.

Alrededor del minuto 75, casi de pronto y para agregarle un común dramatismo al derbi madrileño, llegó Juanfran por la derecha para de primera conectar un servicio preciso, perfecto, para que Carrasco conecte y desate la furia del hincha que, en San Siro y en el Vicente Calderón, esperaban desesperados un gcarrascool de su equipo. Golazo. Golazo de Yannick Ferreira Carrasco; qué jugador. Un belga que vino del Mónaco y en la final en Italia jugó estupendamente. Un delantero que perfectamente puede jugar de volante o, preferiblemente, de extremo por izquierda, para que así pueda realizar diagonales endiabladas, mortales, para que pueda correr, romperle la cintura a un par y hacer jugar a un equipo.

A diferencia de otros, el suplementario del Real – Atlético comenzó rápido, sin muchas especulaciones, aunque fue decayendo. Acá no le faltó aire en ningún momento a un ejemplo de mediocentro defensivo, a Gabi Fernández. “Una fiera; sí, una fiera”, dijo Closs cuando corría el tiempo extra. Un capitán a toda honra, un luchador, un jugador revivido por Simeone, un líder, un tigre, un contención que conoce bien su posición, un volante que ayuda a recuperar la pelota en la raya a la derecha, en la esquina del córner, en todos lados.

Sin haber pasado mucho, concluyeron los 120 minutos con ambos equipos muertos, con un Cristiano Ronaldo que tuvo un partido nefasto, mediocre, que no se conectó nunca con el equipo, aunque limitado tal vez por un choque con el portero suplente Casilla a mitad de semana; con un Kroos que salió inexplicablemente temprano del partido; con un Bale admirable, luchador, con una pierna menos; con un Marcelo genial por la izquierda; con un Pepe que fue el de casi siempre; con un Isco empeñoso; con un Ramos líder; con un Lucas Vásquez con ganas de comerse el mundo; con, en general, un Real Madrid que entregó todo, que fue finalmente un gran finalista, a pesar de los rivales relativamente accesibles que le había tocado en octavos, cuartos y semis.

Una de las cosas simeoneque más destaco del partido es que, antes de los penales, apareció el inquebrantable ‘Cholo’ Simeone  levantando a la hinchada como en el Calderón, como es común, como es cotidiano en un equipo que tiene como característica principal un modo de juego impermutable, irrompible, pero que se complementa y se explica por la actitud que el entrenador genera en los jugadores, en la barra. Una actitud que llama a no amilanarse ante nadie, a luchar cada dividida como si fuera la última, cada cabezazo, cada pase, cada remate, haciendo que a la marca técnicamente dotada del Atlético de Madrid, se le sume una actitud incomparable y batalladora hasta el último segundo.

Llegó la definición desde los 12 pasos. Lucas Vásquez, como un niño, conectó tranquilamente el balón y comenzó bien la tanda para relajar a los millones de madridistas expectantes. Griezmann, que había fallado un penal decisivo en la segunda mitad del encuentro, se reivindicó y empató la serie. Conectaron sin problemas Marcelo, Bale y Ramos para el Madrid, y Gabi y Saul para el Atlético. Oblak estaba tieso, sin respuesta. Cuarto penal para el atlético: iba Juanfran. El lateral derecho español, que nada tiene que envidiarle a ningún defensa del mundo, le dio al palo, y quién más que el portugués para patear el último. Como diría Diego la Torre, qué bárbaro es el fútbol. Cristiano Ronaldo, que no había tenido ninguna participación influyente en todo el partido, que no había sido la gran figura que se le exige ser en una final como esta, que se había desconocido de él mismo, tenía la oportunidad de definir el triunfo para su equipo, para darle la undécima, sí, la undécima Champions League al Madrid. Justo él, CR7. Así es el fútbol.

Zinedine Zidane llegó como un entrenador que había sido asistente de Ancelotti en la “Décima” y un aceptable técnico para el Real Madrid Castilla. Se alababa pero se criticaba a la vez la nueva contratación ‘merengue’; ¿qué había hecho Zidane para ser técnico de un equipo como el Real Madrid? ¿Acaso tiene la experiencia? En mi opinión, Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, había tomado una solución desesperada ante una situación desesperada: luego de haber sufrido desentendimientos entre el técnico y los jugadores con Benítez, y humillaciones como la otorgada por el Barcelona de Luis Enrique, llegó Zidane para “salvar” al equipo. Florentino y sus colaboradores se dejaron llevar evidentemente por el prestigio del francés como jugador y por ser un total identificado con el equipo, lo que no garantiza que sea un buen técnico, pero acertó. Zizou llegó como una leyenda ante los jugadores, como un ejemplo a seguir, con una convicción que desde el silencio, la paciencia y la confianza hacia sus jugadores significó un cambio drástico; Zidane cambió anímicamente al equipo, y así cambió todo. Mérito absoluto del francés. Benítez sentó a James, fue criticado, pero Zidane también lo hizo, no le tembló la mano, tomó también decisiones correctas en base al juego. Así, a paso tranquilo, sabio y preciso, como su juego, el técnico del Real Madrid llevó al equipo de sus amores a levantar una Champions más, como cuando era jugador, como cuando era asistente.

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Finalmente, quiero resaltar que a orillas del río Manzanares, hace poquísimo tiempo, no existía mucha esperanza de fútbol; el hinchaje estaba recluido, contenido y opacado por un gigante blanco que dominaba en la capital, que, junto con otro blaugrana, controlaban el torneo local a placer, con una comodidad acostumbrada y duradera, que resignaba a cualquier equipo cada año. En el 2011, en un contexto de un Barça único y absoluto dictador del fútbol mundial, llegó a la capital española un antiguo volante de contención argentino, luchador como lo dicta su posición, a dirigir a un Atlético de Madrid decaído y últimamente avasallado, para renovar su convicción futbolística, la convicción del hincha, de ese tan entregado, apasionado y obsesionado, así como su nuevo entrenador. El ‘Cholo’ Simeone implantó un juego y una actitud única que hizo que su equipo se coloque en lo más alto del mundo. “Del segundo no se acuerda nadie”, dijo el argentino luego de la final del último sábado en conferencia de prensa. Perdóneme, señor Simeone, pero de este Atlético de Madrid y de usted nos vamos a acordar todos, y para siempre.