Antes entrar al local, en la puerta misma, tres amigos solicitaban a un transeúnte que les tome una foto. Este accedió amablemente. Los tres posaron alegres, con lata de cerveza en mano y con una gigantografía detrás. Era la muestra de que el festival Perú Independiente empezaba y, con ella, destacados centros de cultura urbana, popular, alternativa o como quiera llamarla, se daban cita como pocas veces se ha visto. Los tres muchachos, evidentemente ligados a estos centros, festejaban su inclusión. Las latas fueron agitadas suavemente a la altura de las cabezas y se oyó el “chévere, brother” de agradecimiento al anónimo que pasaba por la inédita cuadra cero de Av. Grau en Barranco. En la 061, a unas cuadras del Parque Municipal, se desarrolla hasta el 27 de este mes que se va el Perú Independiente.

El Perú Independiente es un proyecto organizado por Faite y Amapolay Manufacturas Autónomas. El primero es la marca del artista gráfico Cherman, el gordito de lentes deportivos que en vez de “q” usa “k”, que emplea un lenguaje de calle-el lenguaje del Perú Independiente-y que tiene a la Residencial San Felipe como cuna de nacimiento y escuela de vida. Faite es muy conocido en el medio por las insignes figuras que en ella “colaboran” como Túpac Amaru, César Vallejo, Miguel Grau, José Olaya, entre otros personajes de la cultura popular peruana. Las prendas de Faite vienen acompañadas con frases muy nuestras. De las más resaltantes se encuentra la vallejiana “hay, hermanos, muchísimo ke hacer y no hemos hecho ni mier…”.

Amapolay puede ser muchas cosas a la vez. Es un centro que, como se lee en su página de Facebook, crea productos con el fin de romper con la lógica actual de los hegemónicos mercados que es la de “comprar-usar-desechar”. Amapolay es muy anticapitalista en ese sentido: busca que se maximice la vida de los productos para que, después, bajo la atenta mirada de sus artesanos, esta se prolongue. Tiemblen profetas de la “obsolescencia programada”.

Faite y Amapolay comparten créditos en algo: impulsan la cultura popular en todos sus aspectos. Gracias a la convocatoria que hicieron por redes, los asistentes al Perú Independiente -jóvenes bohemios, raperos, músicos alternativos, intelectuales base 2, los amados y odiados hipsters, hippies, rastas, chicos que intentan ser rastas, chicos new age, etc.- pueden encontrar desde coloridos faldones hasta pósters feministas de mujeres con pelos en las axilas; cuadernos de resistencia popular de una organización internacional o antologías de cuentos de autores peruanos, argentinos o franceses. También se puede degustar los clásicos churros de dos por 3 soles o un rebuscado y de apropiado nombre “sándwich fusión”, preparado por las habilidosas manos de un hombre con acento italiano y que consiste en panes con pavo y otros añadidos. Es un sitio plural pues en un mismo espacio se sancochan chorizos a la parrilla y justo en frente un pacífico hombre delgado comercia hamburguesas veganas. A un costado, se vende la infaltable cerveza bien helada a solo “7 le”.

Se puede encontrar de todo, es cierto, aunque algunos precios no siempre son del gusto de la asistencia. Con un precio que obliga a que el vendedor se detenga y piense por dos microsegundos antes de decirlo, quien desee pasar el verano con un muy paja bividí Faite puede también pensarlo dos veces. A esto podría responder Cherman con un: “loko, con ke dejes de salir por dos fines de semana, sí la haces”. El bividí rojo de Túpac Amaru que guerreramente reza “Kerrán matarnos y no podrán matarnos” espera por ti. El tema de los costos también estuvo presente en el rubro “malabarismo”. Uno de los artefactos con que se hacen maniobras puede llegar a costar más de 70 soles. Un artista callejero se quejaba de esto. Pero no hay mal que por bien no venga: en un santiamén, ideó la forma de fabricarse el mencionado artefacto. Bastaba una escoba, un serrucho, pintura y la creatividad hacía el resto.

Otro de los atractivos del Perú Independiente son las actividades culturales que ofrece. Talleres de dibujo, clown, circo, danza inclusiva -a cargo del aplaudido proyecto de Kinesfera Danza- y proyección de cine independiente están para todo el público y completamente gratis.

Gratuitos son también los conciertos en donde bandas como La Mente, Comité Pokofló, Sabor y Control, La Nueva Invasión, entre muchos más, regalan su música en el salón que está al fondo del local. Los conciertos prometen ser un verdadero jolgorio y una gran antesala para las eufóricas fiestas de fin de año. Eso sí, una recomendación: es mejor ir ligero de ropas, pero con algo de abrigo a la mano si es que se entra al concierto. La cantidad de gente es tal que el salón es un verdadero horno. No solo porque uno se hornea ante el humo del cannabis del respetable, sino porque los frenéticos movimientos a los que la música induce naturalmente hacen que el bochorno se sienta. Más aún si de un pogo se trata. Desvestirse, que es una opción, de momento es prerrogativa de los artistas que se suben a la tarima. Los músicos de La Mente, por ejemplo, se quitaron el polo para el deleite de los amantes de los cuerpos hercúleos y esculpidos: como buenos artistas sabían explotar lo que tenían. Uno y otro hacían figuritas en donde se resaltaban sus tonificadas figuras. Hubiera sido un error –o un horror- que desde el público se replicara lo mismo. Uno porque todos habrían terminado empapados de la forma menos ideal posible y, dos, porque algunos patrones culturales o emocionales impedían que los gorditos o los flaquitos manden al diablo sus polos y queden más ventilados. A la salida del local, el viento puede jugar una mala pesada: la helada entra con fuerza y el frío arrecia, así que el haber llevado un abrigo será agradecido por su tembloroso cuerpo.

Con unos cuantos empujones, saltos, pisotones y golpes de más, la noche del domingo en que se presentó La Mente fue inolvidable. Comité Pokofló, que entró rato después, no tuvo el mismo éxito que La Mente en cuanto al aforo, pero eso no fue un obstáculo para que su música fuera plenamente disfrutada. Un muchacho que vivió en tiempos de la vieja escuela del Hip-Hop comentó que la cosa hubiera cambiado si presentaban al grupo como Pedro Mo a secas.

El Perú Independiente culmina este 27 de diciembre. Aproximadamente, las actividades finalizan a las 10 u 11 pm, dependiendo de qué tan bueno esté el concierto. Pero, como la noche es joven, quienes asisten saben que todo no acaba ahí, sobre todo en un distrito como Barranco. Basta ver las fotos que la página del festival sube para comprobar que es un evento que difícilmente será arrancado de nuestra memoria.

 

Fotografía: Festival Perú Independiente

25-12-13