Un peruano va a trabajar. Quiere ganar un buen dinero para comprarse sus limones. Estos han subido de precio por diferentes problemas internos de su país. El peruano se molesta. Los precios de los productos que compramos aquí han crecido en gran medida. “¡Y ni hablar de los importados!”, refunfuña nuestro compatriota. Todo está tan caro. No sabe por qué. No sabe acerca del transporte, de la variación de precios con otros países, de los para-aranceles y del tipo de cambio. Tampoco es necesario que lo sepa. Algo que no debería ignorar tanto, sin embargo, es que el Perú es un país que está dentro de un mundo, y que solo puede funcionar en tanto entiende ese mundo y las relaciones que ese mundo tiene con él. No solo se produce esto económicamente, políticamente o socialmente. Ideológicamente también hay una gran influencia extranjera en el Perú. Por ejemplo, si nos ponemos a analizar el entorno discursivo de las noticias, podemos ver que hay fenómenos que se han introducido al país de una manera muy obvia. Tan obvia como las obvias fake news o noticias falsas que se han impregnado en el panorama periodístico.

 

Ya sabemos todos que las noticias falsas que circulan en el Perú tienen larga historia. Sin embargo, en estos últimos días, surgió la portada del diario Exitosa en la que se afirmaba que el hijo de la ministra de Educación Marilú Martens estaba en “Beca 18”. Como sabemos, “Beca 18” es un proyecto mediante el cual el Estado ayuda económicamente a los estudiantes con muy pocos recursos para que puedan tener una vida universitaria plena. El hijo, según se dice, habría usado esta beca para estudiar en Harvard. En unas cuantas palabras, se formaba una gran mentira no solo al nivel conceptual, sino también a un nivel totalmente evidente. Cualquier mínima investigación, ni siquiera tiene que ser seria y exhaustiva, le da la contra, de manera radical, a esta portada sensacionalista y ajena a la verdad. Es comprensible (no es para nada ideal ni esperable) que haya algún error de tipeo o una pequeña imprecisión conceptual en los escritos diarios de los periódicos.

Es entendible que, excusándose en la llamada “libertad de prensa” y libre mercado, surja una gran cantidad de periódicos chicha. Sin duda, no estoy en contra de ninguna libertad. Que haya toda la libertad de prensa del mundo me parece espectacular. Pero, en términos kantianos, el límite se lo debería poner uno mismo. Cada uno debería autodeterminarse para darse cuenta, pues, de que, por más que tiene como su ángel de la guarda a los valores del liberalismo y de la democracia de los cuales todos nos beneficiamos, debe mantener una línea que sea igual de constructiva para el liberalismo y la democracia como la que han seguido sus antepasados para llegar a ese punto en el que ese editor hoy se puede encontrar, libremente, publicando una serie de escritos que carecen de toda certeza sin que sea demandado. Uno de esos valores que él debe aportar para hacer rica la democracia y el liberalismo es la pura verdad. Si a él, como a todos los periodistas, le encargan enunciar la verdad cuanto sea posible, entonces, él, con mucha responsabilidad, debe expresarla sin miedo y tratar de alejarse lo menos de ella con la mayor cantidad de investigaciones posibles (que es nuestro camino indicado para llegar a la verdad). Las terribles fake news que se han peruanizado y todo el concepto de posverdad, o de la trivialización de la verdad y la mayor importancia que se le da a lo que uno quiere oír, también peruanizado, nos han significado una carga ideológica tremenda heredada del extranjero. Hemos adquirido hechos alternativos, cosas que no pasan pero que sirven para fomentar un discurso político en específico. El Perú está caminando de manera temblorosa por una cuerda que no está tensa, sino que está floja. Esta cuerda lo pone tenso. El Perú, el peruano, se indigna de esta realidad y se da cuenta de que está dentro del mundo, de que existe dentro de él.

 

Sin embargo, esto no tiene por qué ser negativo al cien por ciento para el peruano. Recordemos que hay noticias verdaderas que vienen del extranjero y que, ya varias veces, nos han traído al corazón sentimientos puros de justicia y de alegría. Hoy ha salido la noticia de que Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori y excandidata presidencial, ha aparecido en anotaciones de Odebrecht. Esta candidata, que tanto afirmaba su desconexión con una de las mayores empresas jefe de la corrupción mundial actualmente, podría estar relacionada con estos cuadernos. La Fiscalía del Perú los ha exigido y, cuanto antes, los revisará para ver qué acción legal se tomará en relación a su caso. Así es, pues, tenemos tanto noticias falsas que nos malogran el día como reales que, realmente, nos lo alegran: no solo porque se trate de un personaje en específico, sino también porque se trata de un personaje que, si es que ha cometido alguna falta desde su posición pública, entonces debe afrontar la ley como cualquier peruano desde su posición pública. Así lo hemos celebrado con Ollanta Humala y Nadine Heredia, y así lo celebraremos en el momento en que se haga efectiva la prisión preventiva para el expresidente Alejandro Toledo. Y, quizá, si es que “AG” sí es, pues, Alan García, entonces lo disfrutaremos igual. La impunidad se volverá una ilusión y las verdaderas ilusiones se harán realidad.

 

El Perú, pues, está ideológicamente anexado al extranjero y las noticias, no solo falsas, sino también reales, se nos ponen al frente como un importante recordatorio de que todo lo que pasa aquí tiene una correlación directa con lo que pasa afuera. Espero que esto nos sirva para entender que la escena política, social y económica está siempre más afectada de lo que parece por sus relaciones internacionales, y que nos ayude a darnos cuenta de que cualquier solución que queramos hallar debemos buscarla, también, en el contexto de nuestro país.