¿Cuántas clases arriesgaras para no perder ningún partido del Mundial Francia 2019 (femenino)? ¿Quiénes crees que pasarán a cuartos de final en la Champions League Femenina 2018?

La respuesta a estas preguntas – o la carencia de una –  puede ser para algunos evidencia de la enorme diferencia en la consideración que se tiene del fútbol masculino versus el femenino. Se puede argumentar que es una cuestión cultural o simplemente de gustos, pero ¿realmente somos conscientes de las causas y consecuencias de estas percepciones tan disímiles sobre un mismo deporte?

Esto es fútbol, y sí; también es femenino.

Cuando dialogamos o nos informamos acerca de este deporte, siempre salta a la vista cómo priman en la prensa, y en los comentarios cotidianos posteriores a los partidos, ideas estereotípicas sobre la forma de juego de los equipos femeninos. Sin mencionar que, muchas veces, el foco de atención gira en torno a la imagen corporal de las jugadoras, algo totalmente ajeno al campo de juego.

De esta problemática no se salva nadie. A pesar de que Europa fuera el principal promotor de la integración de las mujeres al fútbol, en la actualidad aún aparecen casos en que la discriminación puede más que la inclusión.

A inicios del mes de octubre, en Italia , el club Vicenza Virtus realizó una campaña para promover el deporte femenino, para la cual utilizó a las jóvenes deportistas de la Serie C como las caras de dicho proyecto. Hasta aquí todo bien. El problema comienza con la selección del vestuario, pues las jóvenes son mostradas con una indumentaria nada práctica: shorts pequeños y bvd’s ceñidos al cuerpo. La sexualización es clara, y el incentivo al deporte brilla por su ausencia. Más aún si se contempla que “curiosamente” las deportistas que aparecen en la imagen publicitaria no son  siquiera futbolistas, sino jugadoras de vóley. Es por ello que las denuncias no tardaron en llegar. Cabe mencionar que otro punto que se tomó en discusión fue que las jóvenes eran menores de edad

 

La Asociación Nacional de Atletas de Italia dejó en claro su rechazo. Renzo Rosso, encargado de marketing de la campaña, al parecer tenía el propósito de atraer la atención del ojo juvenil -sobre todo- masculino, con esta discutible presentación de las menores; perdiendo por completo el objetivo real de la campaña. Se tiene la idea de que el único consumidor de deporte es el hombre. Y, evidentemente, a más espectadores y más entradas vendidas; más dinero. El marketing se alía de nuevo con la hipersexualización femenina -como en las propagandas de bebidas alcohólicas-.

¿Por qué en las campañas que promueven el fútbol masculino el cuerpo de los jugadores no es el centro de atención?

Es evidente, todo el entramado publicitario sobre fútbol va dirigido al consumidor masculino. Impera la idea preconcebida de que solo los varones disfrutan del fútbol.

Por ello, en el día a día se escuchan  comentarios como: “¿Te gusta el futbol? ¡Eres única!” o “Chicas con esos gustos no se pierden de vista”, expresiones que algunos llegan a considerar como halagos. Sin embargo, esta clase de discursos “ocultos” proyectan de forma sutil una barrera que asigna “por naturaleza” a cierto género cierto deporte. La sociedad es muchas veces ciega a esta problemática y no contempla su impacto, pues conserva estereotipos que han manejado desde su niñez y perpetúan ahora en su adultez. Nadie negará que hasta hace no mucho, en el colegio, el chico que no gustaba del fútbol era el “lorna” o el “afeminado”; y, como contraparte, la niña que se atrevía a ingresar a este espacio era mirada como “bicho raro” o tildada de “machona”.

¿Esto sigue ocurriendo en el Perú?

Según mi punto de vista, lamentablemente el discurso cotidiano se desarrolla de igual -o peor- forma que en Europa. Un ejemplo personal es que, durante el mundial, mucha gente quedaba sorprendida de que mi madre no se perdiera ningún partido y disfrutara ver las jugadas. Mientra realizaban comentarios como: “una máma que le guste el futbol es irreal” o “tu papá supongo que ha de renegar mucho viendo futbol con ella”.

Las expresiones anteriores hablan por sí mismas. Se tiene la idea de que la mujer no está suficientemente informada, que suele ser “poser”, que solo ve los partidos por los “jugadores europeos churros” y, por ende, sus comentarios deben de carecer de fundamento válido. Asimismo, aunque no solo exista el fútbol masculino, de plano se piensa como la única opción que una mujer puede ver.

Ahora bien, aunque el entorno tenga estas influencias, de igual forma se busca promover el deporte. En comunidades andinas, existen equipos femeninos de adolescentes pertenecientes a pueblos originarios de la selva que realizan campeonatos de fútbol, y son premiados por su destacado esfuerzo y técnica en el deporte. Asimismo, se presentan con vestimentas típicas de su comunidad amazónica, por lo que no sólo se visibilizan como mujeres deportistas sino también como miembros de esa comunidad. Los docentes a cargo de las competencias mencionan cómo el reconocimiento y la igualdad de oportunidades para las jóvenes permite contradecir muchos comentarios como: “No es común ver en las calles a las chicas jugar el fútbol, muy pocas lo hacen”. Se transforman en jugadoras de fútbol capaces de manejar el campo sin críticas o estereotipos que detengan sus sueños.  

Poco a poco, los comportamientos e ideas sexistas se van derribando gracias a un grupo importante de jugadores que van contra la corriente. El 17 de octubre empezarán los octavos de final de la UEFA Women’s Champions League, un campo de juego en que los estereotipos caen, los “límites de gustos“ se disipan y se tiene un público espectador diverso. ¡No se pierdan este evento!

El fútbol solo es uno, y es para todos.