Malecón nocturno

 

Parar solo para ver.

Ver para apreciar.

Apreciar lo que la naturaleza suele hacer.

Hacer para que nosotros podamos saber…

¿Pero saber qué? Saber apreciar la soledad;

Soledad, silencio, paz y tristeza.

Tristeza que pospone la felicidad,

La felicidad que en media hora vendrá con firmeza.

Café sin azúcar para calentar.

Lloro tranquilo por tu mirada

Sin cigarros para no molestar.

Siento que fui neblina en mi vida pasada,

Neblina que no discrimina,

Lugares bohemios y pobres que mi otro yo aún recorre.

Sin saber cómo empieza, se termina.

Aún te espero al pie de la torre

Viendo el mar, tocando la nieve.

Aquí y allá estoy sin ti.

El amor de la mano de la muerte viene.

Feliz debes estar sin mí.

Dispongo a retirarme entre la negra noche,

Levanto la caja con mi café en mano.

Vienes corriendo, saliendo de un auto,

Me buscas con la mirada en vano.

Estaba, pero no llegué.

Si encuentras este escrito

Es porque la neblina se fue.


 

Últimamente, todos los estudiantes estamos agobiados por la inminente llegada de los parciales -bueno, personalmente estoy muy preocupado- y preferimos estudiar solos por ahí, en la facultades, bibliotecas o jardines. Aunque mayormente estudie en mi casa, preferiría estudiar en un lugar lejano, pacífico pero con todo lo necesario para hacerlo bien; como la plaza de armas de Chacas, Ancash o Paracas. Estudiemos, amigos, estudiemos. Sin embargo, para los nuevos estudiantes, recuerden las palabras de un amigo mío: “Cachimbo solo se es una vez en la universidad, pero no descuiden sus estudios.” Pero lo que quiero resaltar aquí es la soledad. Antes odiaba y temía estar solo; hoy, solo le temo, pero a veces lo prefiero, porque pienso que te vuelve más lúcido y tienes menos distracciones. El punto es que a veces es bueno estar solo.