Existen preguntas que todos nos hacemos en algún punto de nuestras vidas; ya sea sentados en el bus, en una noche de insomnio o después de dar un examen terrible que nos arruina la semana. ¿Por qué estamos aquí?, ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, y algunos incluso llegamos a ¿estamos solos? Las respuestas suelen ser vagas y varían de persona en persona (los invito a recordar cuáles fueron las suyas). Esto no es un problema inmediato ya que la mayoría de nosotros puede pasar la vida sin preocuparse por la validez de nuestras ideas existenciales. Aun así, y gracias a la ciencia, los últimos 100 años nos hemos acercado más a estas respuestas de lo que hicimos en varios milenios de civilización. Esta vez les contaré un poco de nuestro intento de responder la última pregunta y cómo el solo hallar la respuesta puede significar que estamos fritos.


Una de las ventajas de crecer en una ciudad pequeña y con poca contaminación lumínica era que de niño podía jugar a contar las estrellas. Llegaba a alrededor de cien antes de cansarme, y mi abuela me recordaba que mis intentos eran en vano ya que -según ella- las estrellas nunca se acababan. La verdad es que en una buena noche a simple vista podemos ver aproximadamente 2,000 de ellas, siendo menor el número a medida que sean más las luces de la ciudad. Una de las más brillantes y lejanas que podemos ver es Deneb, que apenas está a 2,600 años luz de distancia. Considerando que nuestra galaxia tiene cerca de 100,000 años luz de diámetro, ver el cielo nocturno equivaldría a que en nuestro vecindario solo podamos ver las cosas que están a un par de metros de nosotros.

Via Lactea

La mayoría de cosas que podemos ver de noche a simple vista se encuentran en un área similar al círculo rojo.

Este vecindario es grande, convivimos con 300 billones de estrellas pero crecimos con solo una -nuestro querido Sol-. Se ha estimado que existen al menos 100 billones de galaxias en el universo observable, siendo algunas de ellas gigantes elípticas con hasta 100 trillones de estrellas. La estimación más común del total de estrellas en el universo es de 1,000,000,000,000,000,000,000,000, 10^24, o un septillón (como quieran llamarlo). Se acostumbra decir que existen más estrellas que granos de arena en el universo, pues alguien hizo el cálculo y, al parecer, existen alrededor de 10,000 estrellas por cada grano de arena en todas las playas del mundo.

De estas, alrededor del 4% son similares a nuestro Sol en tamaño y tiempo de vida. Por cientos de años se creyó que también podían existir planetas orbitando otros sistemas que no sean el nuestro, pero solo se empezó a encontrar evidencia de ellos desde 1992. Hasta ahora se ha confirmado la existencia de casi 1,800, aunque la NASA estima que existen al menos 100 billones solo en nuestra galaxia, un planeta por cada estrella en promedio. La mayoría de estos son gigantes gaseosos como Júpiter, incapaces de hospedar vida tal y como la conocemos. Sin embargo, un estudio reciente sugiere que el 22% de estrellas similares al Sol tienen planetas similares a la Tierra, rocosos y a la distancia ideal de su estrella. Esto nos deja con más de un billón de trillones de planetas similares al nuestro en todo el universo, más de 100 por cada grano de arena en el mundo. De pronto, las playas y el océano no parecen tan grandes.

Estos números son difíciles de entender, aquí en la Tierra no tenemos las necesidad de lidiar con cosas a tal escala. Hay más, nuestro planeta tiene aproximadamente 4 billones de años de edad. Esto parece mucho tiempo y lo es: si la Tierra tuviera solo 24 horas de vida, nuestra civilización solo habría aparecido en el último cuarto de segundo del día, habiéndose extinguido los dinosaurios a las 11:33 p.m.

Linea de Tiempo 1

Aun así, el planeta es relativamente joven comparado a los 13.8 billones de años que tiene el universo.

Linea de tiempo 2

Considerando que en solo 2,000 años pasamos de usar animales para el transporte y creer que todo giraba alrededor nuestro a caminar por la Luna y pilotear carros a control remoto en Marte, se puede decir que ha habido tiempo más que suficiente para que cualquier otra civilización -si existiera- se desarrolle y explore o colonice al menos su vecindario, solo piensen en cómo y dónde estará nuestra especie dentro de 2,000 o 20,000 o 200,000 años -tiempo insignificante en escala cósmica-. Dado además el gran número de planetas similares a la Tierra y asumiendo que en solo un modesto 0.01% de ellos se desarrolle vida con inteligencia similar a la nuestra, deberían haber 264,000 civilizaciones solo en nuestra galaxia; algunas primitivas y otras muy avanzadas. ¿No sería su presencia muy fácil de notar si solo una pequeña fracción de ellas emitiera ondas de radio como lo hacemos nosotros?, ¿no deberíamos de haber sido ya testigos de los actos a gran escala de aquellas que son más desarrolladas?

Los encargados de escuchar estas señales son el conjunto de proyectos SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence, o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) usando radiotelescopios gigantes que no son más que grandes antenas. ¿No es de esperar que hayan detectado algo en más de 40 años si estamos en lo correcto respecto al número de posibles civilizaciones?

Radiotelescopio de Arecibo

El radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico.
Una de las varias herramientas de SETI@home

Sin tener en cuenta la “evidencia” de los que dicen haber sido secuestrados, los videos de luces haciendo payasadas en el cielo, o aquellos que no encuentran mejor forma de comunicarse que matando vacas y haciendo lindas figuras en los sembríos, hasta ahora no hemos escuchado nada ni visto a nadie.

Entonces, ¿dónde están?

Si existen, ¿por qué no los vemos?


La paradoja de Fermi

El Nobel de Física Enrico Fermi se preguntó lo mismo en 1950, dando lugar a la paradoja que lleva su nombre. Aún no tenemos una solución para ella; por el contrario, el silencio que percibimos solo se hace más profundo a medida que aprendemos mas acerca del universo.

Para todo efecto práctico, somos los únicos. La cultura popular nos ha convencido que el solo entretener la idea de lo opuesto es cuestión de fantasía o ciencia ficción. Esta aparente soledad se discute poco y se toma como un hecho, siendo racionalizada a veces al extremo. Según George Dvorsky, saltan así a la superficie viejos pero terribles rasgos de la naturaleza humana: arrogancia ciega al decir que ‘somos los primeros’, antropocentrismo al decir que ‘somos los únicos’ o que ‘alguien creó todo solo para nosotros’, y- a veces- hasta un complejo de inferioridad intergaláctico, al decir que ‘somos una mala especie y no merecemos que otras más avanzadas pierdan el tiempo en nosotros’.

No culpo a los que piensen así, quizás esas solo sean respuestas naturales que inventamos como mecanismo de defensa al enfrentarnos a la disonancia cognitiva que nos da la Paradoja de Fermi. Sin embargo, nuestro conocimiento del universo ha crecido lo suficiente para empezar a plantear posibles explicaciones lógicas y algunas otras que al menos parecen satisfacer a la consciencia colectiva. Algunas de las mas populares son:

1. Otras especies no tienen las mismas ansias de colonización o exploración que nosotros.

Es posible que una hipotética especie elija aislarse del resto del universo -ya sea por su propia naturaleza o posibles peligros de los que aún no estamos enterados- y lo haga de forma efectiva una vez alcanzado cierto nivel de desarrollo. Existen animales no-territoriales como las jirafas, ¿qué nos hace creer que otras especies inteligentes serán expansivas o territoriales como Hollywood nos ha enseñado? Imaginen un mundo donde los Amish son los reyes y toda la especie lleva modestas vidas en armonía con la naturaleza dentro de su linda esfera de Dyson.

Esfera de Dyson

Una mega estructura hipotética que podría aprovechar toda la energía de una estrella, noten el planeta al costado siendo descompuesto para obtener materiales.

Sin embargo, hay cierta evidencia en contra de esta hipótesis. La vida en la Tierra se ha expandido a todos los lugares que la pueden albergar. Existe vida incluso en condiciones extremas como fumaderos hidrotermales y depósitos radioactivos, sugiriendo que la vida de por si tiene una tendencia natural a expandirse a todo lugar que esté a su alcance. Incluso, si algunas civilizaciones se aislaran, solo bastaría que unas pocas emprendan proyectos de colonización para hacer que las otras actúen de forma similar por protección propia, siendo esto de esperarse según la teoría evolucionista. Por otro lado, una civilización tiene la siempre creciente necesidad de recursos y es en el espacio donde se encuentran en mayor abundancia. Así, es natural creer que eventualmente toda civilización intentaría explotar los recursos fuera de su planeta original. Ya existen incluso proyectos humanos con este fin.

Una vez que una civilización se embarque en tales proyectos, podrían colonizar galaxias enteras en cuestión de pocos millones de años si eligen métodos efectivos como sondas Von Neumann; estas son naves cuya función es simple: buscar materiales, crear réplicas de sí mismas y enviarlas a otros sistemas a repetir el proceso -como un virus-, haciendo así que su tasa de expansión crezca exponencialmente. Dado que nuestra galaxia tiene 100,000 años luz de diámetro, a una sonda que viaja a un décimo de la velocidad de la luz le tomaría un par de millones de años para colonizar todos los planetas de la galaxia. Si esta velocidad se reduce a un ciento, serian veinte millones de años, tiempo muy corto en escala cósmica. Frank Tipler propuso este escenario en 1981 para argumentar que no existían otras especies inteligentes; de lo contrario -decía- sería de esperar que la colonización de la galaxia ya hubiese ocurrido.

Dicho esto, es difícil imaginar cómo será nuestra propia vida en una civilización pasada la singularidad tecnológica. Es posible que lleguen a existir computadoras personales lo suficientemente poderosas para simular universos enteros –algo que ya también empezamos a hacer– a los que podamos subir nuestras mentes si tienen éxito las investigaciones sobre transferencia mental. Puede que toda especie inteligente elija hacer esto en vez de salir a colonizar el universo, suena atractiva la idea de vivir en un mundo de fantasía sin tener que preocuparse por lo frío e inhóspito de la realidad.

2. Existen civilizaciones mucho más avanzadas que nosotros y están al tanto de nuestra existencia, pero eligen no mostrarse pues aun no estamos lo suficientemente desarrollados o no les somos interesantes.

Con lo que sabemos, no podemos descartar la posibilidad de que la galaxia está fuertemente regulada y que una de sus reglas es que las civilizaciones avanzadas tienen prohibida cualquier interacción con nosotros hasta que alcancemos cierto nivel de desarrollo. Si han visto Star Trek, esto les sonara similar a la ‘Primera Directiva’.

Esta explicación es a veces llamada la “Hipótesis del Zoológico”, siendo nosotros la especie en exhibición que se puede observar pero no tocar. De ser cierta, solo debemos esperar algunos cientos de años más y procurar no destruirnos para conocer a nuestros -seguramente- grandiosos vecinos.

Puede que también elijan no mostrarse porque les parecemos irrelevantes, esto me recuerda a “Están Hechos de Carne”, un pequeño cuento de Terry Bisson nominado  a un Premio Nébula:

—Están hechos de carne.
—¿Carne?
—Carne. Están hechos de carne.
—¿Carne?
—No hay dudas al respecto. Recogimos a varios de ellos en diferentes partes del planeta, los llevamos a bordo de nuestras naves y los investigamos de lado a lado. Son completamente carne.
—Eso es imposible. ¿Qué hay de las señales de radio y de los mensajes a las estrellas?
—Usan ondas de radio para hablar, pero las señales no salen de ellos. Las señales salen de máquinas.
—¿Pero quién hizo las máquinas? Queremos contactarnos con ellos.
—Ellos hicieron las máquinas. Eso es lo que trato de decirle. La carne hizo las máquinas.
—Eso es ridículo. ¿Cómo puede la carne hacer una máquina? Me pide que crea en carne consciente.
—No se lo pido, se lo digo. Estas criaturas son la única raza consciente en el sector y están hechas de carne.

Un poco después…

—Entonces es cierto que hablan. ¿Usan palabras, ideas, conceptos?
—Sí. Excepto que lo hacen con carne.
—Pensé que me había dicho que usaban la radio.
—Lo hacen, pero ¿qué cree que hay en la radio? Sonidos de carne. Como cuando uno golpea o sacude un trozo de carne, éste hace ruido. Ellos hablan sacudiendo su carne a los otros. ¡Incluso pueden cantar cuando lanzan chorros de aire a través de su carne! —Por Dios. Carne que canta. Es demasiado. Entonces, ¿qué me aconseja?
—¿Oficial o extraoficialmente?
—Ambos.
—Oficialmente, se requiere que hagamos contacto, le demos la bienvenida y documentemos a todas y a cada una de las razas o seres múltiples conscientes de este cuadrante del universo, sin prejuicio, miedo o favoritismo. Extraoficialmente, le aconsejo que borremos los registros y nos olvidemos de todo este asunto.
—Esperaba que dijera eso.
—Parece duro, pero hay un límite. ¿En serio querríamos hacer contacto con carne?
—Estoy en un cien por ciento de acuerdo. ¿Qué podríamos decir? “Hola carne, ¿cómo la están pasando?”

Y luego…

—Así que haremos como que no hay “nadie en casa” en el universo.
—Tal cual.
—Es cruel. Pero usted mismo lo dijo: ¿Quién quiere conocer carne?

[Traducción por ‘El Sofista’]

3. Ya nos han visitado pero el gobierno estadounidense/sionista/illuminati lo está ocultando.

jajajajajajaja

4. El universo que conocemos es una simulación y nosotros un experimento.

Mencioné esta idea en la explicación 1. ¿Qué pasa si ahora asumimos que ya estamos dentro de un universo simulado que solo ‘existe’ dentro de una supercomputadora alienígena, a los cuales se les olvidó o simplemente no quisieron programar otras especies?

Esta idea no es reciente. Descartes nos habló de un demonio que nos da ilusiones de un mundo que no es real y la filosofía ha pasado un buen tiempo entreteniéndose con el fenomenalismo. El ahora llamado “Argumento de Simulación”, fue planteado formalmente en 2003 por Nick Bostrom y es ampliamente discutido junto a otros temas de transhumanismo, ya que es muy probable que nosotros mismos lleguemos a ser capaces de crear semejantes programas.

No exactamente una simulación pero creo que entenderán la idea.

Si esta hipótesis es cierta, debemos despedirnos de cualquier posibilidad de hacer contacto a menos que a nuestros creadores se les ocurra mostrarse o programar nuevos bots para hacernos compañía. Lo peor es que no tendríamos forma de comprobarlo y el universo real en el que está la computadora dentro de la cual existimos seria inalcanzable, siendo efectivamente irrelevante para nosotros. ¿Podría un Sim escapar de tu computadora o siquiera darse cuenta de que ‘vive’ dentro de una?

Sim

‘¿Estámos solos?’

5. Están aquí y en todas partes pero somos demasiado primitivos para darnos cuenta.

Antes que nada, ¿Qué tan primitivos somos?

Para aproximar una respuesta, recurrimos a un método llamado la Escala de Kardashov. Esta mide el nivel de evolución tecnológica de una civilización según la cantidad de energía que usa; se asume así que a medida que se desarrolla, la civilización necesitara cada vez más energía para extraer cada vez más recursos con los cuales construir herramientas y edificios cada vez más avanzados. Este supuesto es cierto al menos para nosotros. Las categorías de la escala son:

Civilización Tipo I: Usa toda la energía disponible en su planeta y más, pero menos que la energía total de una estrella. Es capaz de controlar el clima y los procesos naturales de su mundo. Su sociedad tiene una cultura global y optimiza su uso y adquisición de energía. Domina métodos de fisión y fusión nuclear, produce antimateria y la mayor parte de la energía que usa es renovable.

Civilización Tipo II: Usa toda la energía disponible de una o más estrellas pero menos que la de una galaxia entera. Podrían construir Esferas de Dyson, descomponer estrellas y posiblemente producir antimateria como ahora producimos plástico. Serían capaces de empezar a colonizar su galaxia usando sondas tipo Von Neumann. En este punto, la civilización es virtualmente indestructible, ya que incluso si uno o más de sus planetas se destruyen, quedarían varios otros.

Civilización Tipo III: Hace que las de tipo I y II se vean pequeñas en comparación. Usa toda la energía de una o más galaxias enteras. Tiene los mismos métodos que una civilización Tipo II, pero aplicados a posiblemente todas las estrellas de una galaxia. Es capaz de reorganizarla como se le ocurra y domina el viaje interestelar.

¿Dónde estamos nosotros? Pues necesitamos agregar un tipo más:

Llamémoslo Tipo 0: Usa energía proveniente de materia cruda no renovable (plantas y animales muertos) y es extremadamente vulnerable a cualquier desastre, habiendo una larga lista de estos que podrían causar su extinción. Carl Sagan propuso una fórmula según la cual somos una civilización tipo 0.72.

Ahora, imagínense ustedes cuando caminan por las calles o los pasillos de la universidad, pasando junto a una fila de hormigas que trabajan duro en lo que sea que trabajen las hormigas y pónganse en su lugar. ¿Tendrían la capacidad de saber que a su lado está pasando un ser mucho más inteligente que ustedes? ¿Podrían entender herramientas como sus computadoras o construcciones como sus puentes y edificios? Más aun, estando los humanos tan ocupados en cosas grandes y complejas, ¿Intentarían ellos comunicarse o hacer espectáculos de luces para las hormigas? ¿Le darían alguna importancia a su pequeña colonia o solo pasarían junto a ella ignorándola por completo?

Pues es posible que ese sea exactamente nuestro caso, siendo nosotros las hormigas. Seria arrogante creer que nuestra capacidad intelectual es el estándar del universo; si en solo nuestro planeta esta varía tanto de especie a especie, es de esperar que también lo haga en otros lugares con vida compleja si es que existen. Tampoco se puede descartar la posibilidad de que en algunas partes la inteligencia evoluciono más rápido o mejor que aquí.

Hormigas

‘Hola hormigas, ¿cómo la están pasando?’

Las implicancias de esta posibilidad son profundas para la humanidad y su incesante búsqueda de conocimiento. Una especie más inteligente que nosotros entendería la realidad de una forma muy distinta a la nuestra. Puede que nuestros cerebros ni siquiera tengan la capacidad de entender el universo, haciendo que nuestros intentos de hacerlo sean tan inútiles como intentar enseñarle psicología a un perro.

Solo podemos especular respecto a lo que podría hacer una civilización tipo III con su tecnología y tanta energía. Arthur C. Clarke dijo que “Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. De la misma forma que algún contemporáneo de Aristóteles no podría entender el Internet, alienígenas miles o millones de años más avanzados que nosotros podrían estar pasando frente a nuestras narices pero no nos daríamos cuenta y quizás hasta ni podamos diferenciarlos de la naturaleza.

No hay nada que nos asegure que somos más que hormigas cósmicas o que siquiera tenemos la capacidad de llegar a lo más alto de la Escala de Kardashov. Aun así, hay un poco de esperanza; hasta donde sabemos, somos la primera especie que ha tomado las riendas de su propia evolución y es posible que algún día la tecnología nos permita extender nuestras capacidades físicas y cognitivas de forma artificial. Esto nos lleva a la última solución posible a la paradoja de Fermi de las que les hablaré. No sabemos cómo colonizaremos el universo pero sí tenemos evidencia para aproximar la probabilidad de si alguna vez lo lograremos o no.

6. La vida inteligente avanzada en el universo es extremadamente rara,  existe un Gran Filtro que impide su desarrollo

Existen muchas más explicaciones para la paradoja de Fermi aparte de las pocas de las que hablé hasta ahora, quizás ustedes mismos tengan su propia hipótesis. Hay, sin embargo, un problema con la mayoría de estas: la no-exclusividad;  y es que si bien estas teorías pueden ser válidas para incluso la mayoría de posibles civilizaciones, no son válidas para todas. Por ejemplo, la explicación 1 seria inválida si solo una especie entre millones eligiera expandirse, siendo capaces de colonizar la galaxia en unos pocos millones de años.

Propuesta en 1998 por el economista Robin Hanson, la hipótesis del Gran Filtro no tiene este problema. Es una solución simple que no solo es producto de especulación y cadenas deductivas, sino que podemos empezar a verificar con la evidencia que nos provee la astronomía y nuestra activa exploración del espacio.

Empecemos por recordar los grandes números que mencioné al inicio. Es fácil asumir así que al menos unas pocas civilizaciones hayan podido desarrollarse hasta el punto en que hayamos notado su presencia. Pero no lo hemos hecho, entonces deducimos que “algo” muy extraño debe estar ocurriendo o que simplemente no existen. Este “algo” es el Gran Filtro:

Filtro 1

Empezamos con millones de billones de puntos iniciales donde la vida puede desarrollarse y terminamos con ninguna civilización tipo III. El filtro debe ser entonces lo suficientemente poderoso para explicar el hecho de que en todos estos escenarios la vida ha fracasado. No puede ser un evento aleatorio como impactos de asteroides o guerras nucleares, pues también existiría el problema de no-exclusividad -incluso si ocurren con gran frecuencia, es de esperar que unos pocos tengan suerte-.

Solo nos queda identificar en qué punto estamos respecto a esta línea de tiempo, siendo esto muy importante para saber qué tipo de futuro tiene la humanidad. Hay dos grandes posibilidades: Está en nuestro pasado o está en nuestro futuro. Explorémoslas un poco más.

a) El Gran Filtro está en nuestro pasado.

Esta es la opción que nos conviene y la que debemos esperar que sea cierta para tener cualquier esperanza de un futuro. Significaría que somos la primera o única especie que ha logrado vencer el Gran Filtro.

Filtro 2

¿Qué podría ser el filtro en este caso? Recurramos al camino que siguió la vida para llegar a donde estamos; obviamente esta línea de tiempo esta extremadamente resumida e incompleta, pero nos ayudara a entender la idea.

lifeline

Puede que solo el primer paso (la aparición de vida) sea extremadamente improbable. Biólogos han reproducido las condiciones de la Tierra en sus inicios con esperanzas de replicar este evento, sin éxito. Sin el elemento crítico de la vida, no hay más filtros ni especies inteligentes de las que hablar.

Un mayor tiempo entre un paso evolutivo y el que le sigue indica una mayor dificultad de dar este último. Esto nos sugeriría que fueron necesarios varios cientos de millones de años de ensayo y error hasta que la vida encuentre una combinación exitosa que la haga capaz de dar los siguientes pasos. El mejor ejemplo de esto es el paso de organismos unicelulares simples (procariotas) a complejos (eucariotas); esto tomo 1.8 billones de años, haciéndolo un buen candidato para el Gran Filtro.

Cualquiera de los demás pasos podría calificar como Gran Filtro, quizás incluso varios de ellos -haciendo a la vida inteligente mucho más improbable-. Sin embargo, debemos tener cuidado de que cualquier candidato que propongamos no tenga el problema de no-exclusividad. El paso de vida unicelular a multicelular puede parecer una buena opción pero se sabe que ha ocurrido varias veces en la historia biológica, haciéndolo un débil candidato.

Por otro lado, el paso de animales con sistemas nerviosos hasta donde ahora estamos puede parecer inevitable; pero como nos advierte el icónico psicólogo Steven Pinker en “Cómo funciona la mente” (1997), asumir que toda la vida evoluciona inevitablemente hacia un alto grado de inteligencia sería caer en una falacia, ya que la evolución ocurre sin una meta en particular y usando solo el método de adaptación al lugar donde se encuentre. El hecho de que de en este proceso haya surgido vida inteligente una sola vez en la Tierra indica que es un suceso extremadamente raro, haciéndolo otro buen candidato.

¿Podemos entonces decir que hemos pasado ya el Gran Filtro? No con seguridad, pero no puedo evitar unirme al sentimiento de Nick Bostrom al decir que espera que nuestra búsqueda de vida fuera de la Tierra no encuentre nada. Imaginen que llegáramos a encontrar vida simple pero diferente a la terrestre en Marte -es decir, que evolucionó independientemente-; de seguro seria la noticia más importante en la historia de la humanidad, pero también nos obligaría a descartar el primer paso (la aparición de vida) como candidato de Gran Filtro. Si ocurrió independientemente en dos planetas de un mismo sistema, no podríamos decir que es algo raro en el universo. Si encontráramos evidencia de vida compleja, descartaríamos un paso evolutivo aún más improbable. Si encontramos organismos multicelulares -no solo en Marte sino en algún satélite de Júpiter-, serian noticias terribles -aunque emocionantes- ya que significaría que lo más probable es que el Gran Filtro no se encuentra detrás nuestro, sino esperándonos en el futuro.

b) El Gran Filtro está en nuestro futuro.

Esto significa que llegar a nuestro punto actual de desarrollo no es improbable en el universo, pero que algo impide que la vida evolucione de nuestro punto a una civilización que colonice el espacio.

Filtro 3

¿Cuál es el filtro en este caso? Debemos tener en cuenta que mientras más avanzada es una civilización, se le hace más fácil evitar su destrucción por desastres naturales. Además, estos son aleatorios y no se puede asumir que le ocurren a absolutamente todas las especies inteligentes.

Nos queda así solo la opción de la autodestrucción. Se pueden plantear colapsos sociales a escala global como la caída del Imperio Romano e incluso catástrofes como una causada por el calentamiento global. Esto nos retrasaría a lo mucho unos pocos miles de años; de forma similar a la edad media en Europa (1,000 años de regresión intelectual y económica), siendo lo más probable que la civilización sobreviva y se reconstruya.

Tratemos de imaginar un riesgo existencial lo suficientemente poderoso no solo para destruir una civilización, sino para eliminar cualquier posibilidad que tenga de reaparecer y volver a desarrollarse. El avance tecnológico nos da estos hipotéticos peligros pero, ¿podemos asumir que absolutamente todas las especies inteligentes se desarrollan de forma similar, para así enfrentar los mismos riesgos existenciales? Pues sí es posible de acuerdo a la Hipótesis de Fuerte Convergencia. Similar a la tendencia hacia los puntos altos de los paisajes adaptativos biológicos, nos dice que -siendo lo suficientemente desarrolladas- las civilizaciones no se diversifican y todas se acercan a estados óptimos de existencia muy similares entre si. Es probable entonces que todas las especies inteligentes eventualmente desarrollen tecnologías parecidas a las nuestras, como gigantes experimentos de física, inteligencia artificial, nanotecnología y muchas otras que aún no inventamos; siendo posible que una de estas tenga consecuencias imposibles de predecir y termine por destruir a la especie que la creó.

De ser esto cierto, debemos resignarnos a que nunca podremos colonizar el espacio y que nuestra especie será víctima de un Gran Filtro que probablemente ocurrirá sin previo aviso, ya que no tenemos ningún motivo para creer que nos ira mejor que a todas las otras civilizaciones que desaparecen cerca a nuestro nivel de desarrollo.


Es difícil sentirme satisfecho con cualquier posible solución a la Paradoja de Fermi; sería un poco extraño descubrir que no estamos solos o -más aun- que existen especies mucho más inteligentes que nosotros. Sin embargo, descubrir que estamos solos sería ciertamente muy aburrido. Soy optimista, si -con suerte- ya hemos pasado el Gran Filtro, tenemos esperanzas de algún día conquistar la galaxia y posiblemente el universo; eliminando el concepto de muerte, cambiando la propia naturaleza humana hacia estados de existencia que ahora llamaríamos imposibles y convirtiéndonos en una civilización con capacidades más allá de lo más extremo de nuestra imaginación, pagando el solo precio de nunca conocer a otros.

Puede que todo esto de alienígenas y súper civilizaciones parezca irrelevante para efectos prácticos, pero debemos tener en cuenta que los 12,000 años que tiene nuestra civilización son insignificantes en escala cósmica y apenas acabamos de empezar. De igual forma que una persona es más vulnerable cuando es bebé, estamos viviendo años críticos para la humanidad y es nuestra responsabilidad no morir antes de siquiera empezar a caminar. Jamás antes hemos tenido semejante habilidad de hacernos daño; en estas décadas no es necesario un Gran Filtro para borrarnos, basta con una guerra o alguna tecnología mal usada y habremos fracasado. Nuestra meta inmediata es alcanzar el Tipo I en la escala de Kardashov y ya tenemos las herramientas para hacerlo. Al paso que vamos, estamos a pocas décadas de generar energía por fusión nuclear y ¿qué es Internet sino el medio de comunicación ideal de una sociedad global? El problema es que la tecnología avanza más rápido que la moralidad y el mundo avanza más rápido de lo que podemos entender, dándonos un falso sentido de omnipotencia y la ilusión de espacio para cometer errores sin mayor consecuencia.

No es fácil tener una buena perspectiva de nuestra especie sin un punto de comparación; sin este, no serán suficientes los cambios políticos/económicos/sociales para alcanzar nuestro potencial como civilización. Parte de la consciencia colectiva es tomar nuestra existencia como algo seguro; se piensa que hay una gran separación entre nosotros y el resto del universo, un aquí real y un allá que solo le importa a los astrónomos y nerds. Nos sentimos reyes de nuestro destino y nos preocupamos tanto por absurdos como divisiones imaginarias de territorio y sutiles diferencias entre nosotros mismos -cosas tan triviales como un par de hormigas peleando por un grano de arena- que nos hacen olvidar ese mismo hecho, que hablando del universo no somos más que un vulnerable granito de arena.

Algunos astronautas reportan tener un cambio en su forma de percibir el mundo al verlo como un único planeta flotando solo en el espacio. Lo llaman ‘Efecto Perspectiva’

Es por eso que lo que aprendemos de la búsqueda de vida extraterrestre puede ser muy valioso para entendernos a nosotros mismos y asegurar nuestro futuro, ya que nos obliga a dejar de fijarnos en diferencias políticas, de nacionalidad, raza, religión o lo que sea que nos guste inventar y nos hace pensar bajo un solo título relevante: “humanos; como una sola especie que solo se tiene a sí misma para sobrevivir. El hecho de ser tan ignorantes sobre nuestro propio lugar en el universo y saber que la mayor parte de nuestro conocimiento aún está por descubrirse nos recuerda que somos muy jóvenes y no tan inteligentes como creemos ser; esto le da una nueva dimensión al significado de la palabra “humildad, una que solo podemos alcanzar cuando desaparece el aquí y allá y nos identificamos como parte de una sola y vasta realidad. Puede que nunca encontremos vida fuera del planeta o que desaparezcamos de la noche a la mañana; pero quizás, esta idea de unicidad como especie sea lo necesario para lograr un gran futuro y -quién sabe- hasta termine por salvarnos.

Escrito por Henri Camayo, diseñador de Letras al Mango.

Edición: Samantha Taboada Melgar