Todo en I´m Thinking of Ending Things es sobre fragmentaciones.

La trama -compuesta de una historia principal que se ve amenazada por retazos de otras historias- es evidentemente partida. La protagonista también habla desde fragmentos: su hilo de pensamiento se ve constantemente interrumpido por lo que sucede a su alrededor y por ella misma, haciendo que sus recuerdos -a modo de monólogo- se pierdan en su inconsciente con frecuencia. Su propia identidad -reemplazada, manipulada y fácilmente diseccionada por quienes la rodean- puede entenderse en esos mismos términos.

La audiencia, entonces, se ve forzada a hacer el trabajo sucio: unir cada fragmento, incluso cuando estos no cuajen entre sí, y darles algún tipo de valor. Si se puede, hilarlos a modo de cuento. Charlie Kaufman toma el celuloide, cual lienzo vacío, y, sin limitaciones, lo llena de numeroso material, dándole cabida al exceso. Crece la duda, naturalmente.

La historia principal -o eso queremos creer- tiene a Jessie Buckley de protagonista, quien hace de una mujer cualquiera en eminente estado de crisis: no sabe bien si está alucinando o no; no sabe si sufre de depresión o si solo es otra de sus alucinaciones; no sabe si quiere a su novio, Jake, y si vale la pena acompañar a Jake a ver a sus suegros. Al llegar, ambos padres de Jake parecen personas incluso más inquietantes. Heridas, podría decirse. Ella se incomoda con facilidades. Quiere irse, pero, por una razón y otra, parece no poder hacerlo. Mientras esa primera historia sucede, vemos otra: la de un conserje cualquiera, igual de solitario que nuestra protagonista, y quien, al parecer, parece tener algún tipo de relación con ella. Parece, nada más. Todo tenemos que conectarlo nosotros.

En I´m Thinking of Ending Things, la crisis es permanente.

La crisis está en la vida moderna. O quizás es inherente a las personas; no tenemos certeza. La crisis, al parecer, viene con la neurosis, con la interno, pocas veces lo externo. La neurosis se relaciona con el tiempo: pasado y presente, en tensión permanente. Y ambos parten de una narrativa fragmentada, dolorosa, incapaz de seguir adelante: la depresión no es una línea recta o un camino a seguir, sino un caos, un círculo, una redundancia.

Para colmo, la crisis -si el término engloba lo que siente la protagonist- se retrata en el film de forma demasiado sutil. Sucede de improvisto. Por supuesto, nada es lo que parece.

Como cualquier film sin linealidad establecida, I´m Thinking of Ending Things se mueve a base de intuiciones.

Hablamos de pequeños detalles. Pequeñas figuras, nombres o términos dispuestos en la pantalla y distribuidos de forma caótica, a fin de que no perdamos de vista lo que sucede con nuestra protagonista. Cuando los personajes cambian de nombre y de profesión -incluso hasta de edad- la audiencia necesita algo que les guíe. Familiaridad. Palabras mal escritas como genus, anécdotas como la del origen de la relación entre la protagonista y Jake; o un acto cotidiano como la aparente llamada de un desconocido. Todo ayuda a no perderse.

Las intuiciones nos ayudan frente a la incertidumbre, nos recuerdan cómo volver a casa. Son, pues, recuerdos de que esta historia podría ser cierta.

En I´m Thinking of Ending Things el suspense se construye a través de la quietud.

Algo parece ir mal. Mientras más compleja se hace la trama, más nos cuesta entender la serenidad de la protagonista. En la vida “real” -o en una película que hable sobre la misma- cualquiera estaría entrando y saliendo de ataques histéricos frente a lo que sucede. Cualquiera desesperaría frente al creciente absurdo en la pantalla. Nuestra protagonista no. Parece estar en un estado permanente de rechazo, lo que exaspera a la audiencia. Desidia. Negación, incluso. Comfortably Numb, diría Pink Floyd.

¿Por qué actúa como actúa? ¿Será una forma de rechazar el dolor y sentirse un poco más protegida? ¿Será la culpa de una sociedad que exige a rajatabla mantener las apariencias? ¿Será que Kaufman, a través de la negación de su protagonista, a través de su silencio y entumecimiento, nos está exigiendo que lidiemos con nuestras propias imposiciones, nuestra autocensura? Podría serlo. Podría tratarse de la performance, de mantener la face, la fachada, frente a rituales familiares y aparentemente sencillos.

Sea como sea, tal disrupción parece positiva. La audiencia ama un buen misterio, porque los hace ser parte clave de la historia. Mientras más avanza el filme, más tenemos que involucrarnos.

Veamos. Luego de las escenas en casa de los padres de Jake, tenemos muchas versiones de los hechos, cada una más surreal que la anterior. ¿Con qué versión nos quedamos, una vez que Jake y la protagonista se despiden, asumiendo que todo va bien? ¿Qué mentira nos contamos a nosotros mismos? Estamos, pues, ante un ciffhanger permanente: no solo podemos elegir nuestro final, sino que también podemos elegir nuestra historia, su desarrollo y hasta sus personajes.

En I´m Thinking of Ending Things, la principal está repleta de contradicciones.

Ella es académica. Ella es estudiante universitaria, física cuántica, ni menos. Ella es poeta. Ella es pintora paisajista. Ella es estudiante de geriatría. Ella es mesera. Ella es estudiante de cine. Ella es Pauline Kael. Ella es psicóloga clínica (y anti-freudiana, además). No parece encontrar su lugar en el mundo, ni lo que eso significa. El miedo se apodera de ella. No es coincidencia que se hable de la histeria de Geena Rawlands en A Women Under The Influence (1974) de Cassavettes, -conocido por historias de mujeres sumidas al dolo-, de trauma infantil o suicidio. Tampoco parecen coincidencias la demencia que une a varios personajes, la eminente depresión de la protagonista o los repentinos ataques de ira que sobrevienen a Jake. La crisis de la mente implica numerosos enfrentamientos -internos y externos-, distintas versiones de lo mismo. La ansiedad y la depresión son un mismo cuento de terror, contado una y otra vez. Y la protagonista, construida con honestidad y representada con sapiencia, sabe cómo encarnar estas contradicciones, tanto en su identidad (su yo) como en su forma de percibir al resto.

¿Acaso la mente es independiente del cuerpo? ¿Acaso la sanidad es una decisión libre y no una imposición? Si somos nuestra mente -por ende, nuestros recuerdos y personalidad-, ¿qué sucede cuando no recordamos quienes somos? ¿Qué sucede cuando perdemos de vista nuestra identidad y nuestro lugar en el mundo? Quizás por eso nuestra protagonista se asocia con un personaje cualquiera como el conserje: el cuerpo y el rostro son cosas fútiles, incluso también la personalidad: importan las emociones, los sueños y el dolor. Pueden transmutarse fácilmente. Frente a la asfixia social, parece la mejor opción.

I´m Thinking of Ending Things es Kaufman siendo Kaufman, sin barreras, sin matices.

Esta es una historia hecha a través del diálogo. Como en Anomalisa, Kaufman no desestima el inminente poder catárquico de la conversación. De los monólogos internos -su pieza favorita-, de los chistes oscuros y los enfrentamientos. Antes que nada, Kaufman es un escritor, labor en la que casi siempre triunfa con elegancia, franqueza y espontaneidad: articula un discurso a veces pretencioso e intelectualoide y a veces sencillo, moderno y salvaje. Hay algo especial en la forma en la que escribe sus historias, algo en cómo articula el caos de cada personaje, visto desde la cotidianeidad. Sus palabras evidencian, a través de la alegoría y la duda, nuestra soledad, temor y crisis identitaria. Y, al parecer, cada nueva historia que él cuenta sigue la misma fórmula, salvo un twist: con cada película se apropia de un nuevo género de canon hollywoodense. Ya le hemos visto escribiendo comedias románticas, cine animado, ciencia ficción, biopic y ahora, como el colmo del pastiche, ahora va por más: interseca suspense, horror y hasta musical. Hay para escoger.

I´m Thinking of Ending Things es un poco de todo; a su modo, una lección de vida. Nos conmina. Nos apasiona. Nos deja con ganas de más. No necesita darnos respuestas, ni siquiera preguntas. Luego de haber experimentado tanto su encanto como desequilibrio, nosotros mismos tenemos las dudas listas. Y, como en el buen cine, queremos responderlas por cuenta propia.