El siglo XX estuvo marcado por el surgimiento de diferentes movimientos de vanguardia o avant-garde, que abarcaban desde las artes a la literatura; como el futurismo, surrealismo, dadaísmo, existencialismo… es por ello que a este periodo de la historia también se le conoce como el Siglo de los Ismos. El vanguardismo se caracterizó por llamar la atención desde la libertad de expresión, que se manifiesta alterando la estructura de las obras, abordando temas tabú y desordenando los parámetros creativos. Asimismo, demostrar que la vida y el arte van de la mano.

Entre tanta vanguardia hay una corriente que realmente llama mi atención: el Teatro del Absurdo. Tal y como lo dice su nombre, está caracterizado por tramas que a primera vista parecieran carecer de significado, diálogos repetitivos y falta de secuencia dramática que a menudo crean una atmósfera onírica. El teatro del absurdo tiene fuertes rasgos existencialistas y cuestiona la sociedad y al hombre. A través del humor y la mitificación escondían una actitud muy exigente hacia su arte. La incoherencia, el disparate y lo ilógico son también rasgos muy representativos de estas obras comunes.

Sin duda alguna uno de los mayores representantes de este movimiento fue Samuel Beckett, quien quiso demostrar a través de su obra la existencia absurda del hombre, lo cual queda demostrado en su más grande obra: “Esperando a Godot”. Nos encontramos frente a una historia un tanto confusa, donde no sabemos ubicar a los personajes que se nos presentan. Vladimir y Estragón, quienes desde el inicio nos dicen que se encuentran esperando a alguien: Godot. No sabemos más, no sabemos quién es Godot, ni cuáles son las intenciones de los personajes detrás de su espera; pero lo que llama la atención es la inactividad de estos personajes en su tarea de aguardo, demostrado en los diálogos que mantienen donde se deciden por irse, pero sin hacerlo, quedando una vez más vigilantes a la llegada de Godot.

A su vez, estos personajes se nos presentan de una manera un tanto particular, con personalidades complementarias, revirtiendo identidades; que nos podría recordar a las parejas de payasos circenses. Por el otro lado tenemos a otra pareja dispareja: Pozzo y Lucky, un amo sádico y su siervo (aunque esclavo queda mucho mejor) sumiso. Tal y como la primera pareja, ellos también tienen naturalezas complementarias, pero un nivel mucho más primitivo, la de opresor y oprimido, que podría referirnos a la situación del hombre actual respecto a la sociedad o simplemente ser personajes de relleno en una historia que vemos no avanza hacia ningún lado.

Pero sin duda en la tarea de tratar de ubicar al personaje principal nos damos cuenta que La Espera es el protagonista de toda esta historia donde los diálogos se repiten, carentes de sentido, muy parecidos a las conversaciones que se podría tener en un chat grupal de Whatsapp que mantenemos para pasar el rato. Y a todo esto ¿quién es Godot? Mucho se ha debatido acerca del tema, sobre si es Dios (God en inglés), sin embargo, Beckett siempre alegó que no se trataba de este, por lo que podríamos asumir que es otro personaje más de todo este disparate. A fin de cuentas, desde la perspectiva de Samuel Beckett podríamos decir que realmente la existencia del ser está basada en “matar el tiempo”, expectantes a que algo suceda para darle sentido a nuestra vida: esperando a Godot.