Es importante no perder nuestras esencias. Mirar el mar y saber que en él hay una partecita de nosotros. De casualidad, tal vez, alguna pestaña se nos salió y quedó flotando a la deriva por el océano, cuando nos revolcábamos en él.  O en alguna ocasión lloramos a la orilla de un río y este luego hizo viajar nuestro llanto para callarlo al desembocar en la piscina de llantos mundiales. O tal vez solo recordar que somos humanos y nuestros cuerpos están compuestos, en su mayoría, por agua, al igual que el mar. Es importante siempre volver a nuestras esencias. Ser niños de nuevo y preguntar el porqué de todo. Bailar un rato en la cocina mientras lavamos los platos o barremos. Correr de un lado a otro, como si nuestros corazones no tuvieran freno y no fuéramos a envejecer, ni cansarnos, ni lesionarnos. Es vital recobrar la locura con la que nacimos, porque si nacimos con ella, ¿por qué la perdimos?