Melancólico, descorazonado y sutil, Phillip Seymour Hoffman ha sido de esos actores sin una interpretación olvidable. Han pasado 7 años desde su deceso, pero su impacto en el cine contemporáneo se mantiene vivido y relevante. A modo de recuento -y necesario ejercicio de memoria- recordamos sus mejores roles, clásicos instantáneos del cine, seguro…

10: Rusty – Flawless (1999)

Aquí, Hoffman rechaza su typecasting en los 90 -haciendo de secundarios bonachones e indefensos- para abrazar una interpretación radicalmente diferente: como una mujer trans que frecuenta a Robert DeNiro, el actor engloba las tribulaciones de la marginalidad con escándalo, drama y mucha empatía. Sabe ser exagerado cuando se debe -dejando toda la energía posible en su interpretación- y sabe evitar el exceso y la caricatura cuando corresponde. La extraña película de Joel Schumacher funciona sorprendentemente bien, y se da en buena medida debido a la química de los dos actores, comandada por el carisma de su principal. Hoffman interpretaría otros personajes queer en décadas posteriores, pero pocos con el nivel de picardía e influencia de Rusty. 

9: Dean Trumbell – Punch-Drunk Love (2002)

En el cine de Paul Thomas Anderson -en el que Hoffman no es para nada un extraño- no hay espacio para clichés o repeticiones. Si Adam Sandler realiza una formidable interpretación dramática, Hoffman encarna de forma sorprendente al villano: un sujeto grosero, gritón y patán, cuya presencia en el teléfono es capaz de asustar a cualquiera y su actitud frontal da para la confrontación. Sin tantos minutos en la pantalla, Hoffman se roba el show en cada escena, siempre manteniendo la violencia en la delgada línea entre la neurosis y la sobreactuación: la dosis adecuada de desenfreno y cólera. Mientras más soez el vocabulario y más aumenta la ira, Hoffman sabe mantener la compostura -si se puede decir- frente a Sandler y su Barry Egan, en un duelo impensado. 

8: Jacob Elinsky – 25th Hour (2002)

Hoffman, ante todo, tenía buen ojo para los proyectos, y eso se demuestra en la lista de creadores que tuvieron chance de dirigirle. Spike Lee, por supuesto, no es la excepción. En este singular drama, Hoffman encarna uno de sus mejores arquetipos: un tipo melancólico y desdichado, un perdedor en toda la regla. Aquí, sin embargo, viene con un twist: el personaje de Hoffman bien podría merecer sus desdichas. Controversial y a la vez agradable, Hoffman sabe cómo acercarse a la audiencia y transmitirles su dolor sin mayor exageración o melodrama. Al igual que otros personajes en el film, su camino es uno de culpa sin redención, lastimero y silencioso, deseoso de salvación a pesar de no obtenerla. Una vez más, Hoffman revela su rol de roba escenas, capaz de impactar a la audiencia sin intentarlo demasiado y sin demasiada presión. Quizás no es de sus interpretaciones más reconocidas, pero vaya que lo merece. 

7: Phil Pharma – Magnolia (1999)

En la epopeya urbana de PTA hay espacio para todo tipo de personaje y uno de ellos tenía que ser Phil Pharma. Temeroso, amable y de gran corazón, este enfermero se vuelve la voz de la razón en medio de la tormenta, el contraste calmado y contenido de otros personajes neuróticos y cansinos. A través de Pharma, Hoffman da una interpretación gentil y muy humana, con una voz que se quiebra cada cierto tiempo, una mirada perdida y en búsqueda de aprobación, y preocupación por aquellos que le importan. Es en los momentos más dramáticos y climáticos en que la sutileza de Hoffman cobra relevancia y se hace necesaria en film que dice muchas cosas de forma muy frenética. 

6: Günther Bachmann – A Most Wanted Man (2014)

Nuevamente, Hoffman decide romper typecasting y, una vez más, lo hace con la ayuda de un director prometedor: el disruptivo Anton Corbijn. En este thriller hitchcockniano, Hoffman interpreta a un asesor antiterrorista, quien, de a pocos, cuestiona la situación en la que se inmiscuye y el riesgo de seguir con su camino político. Hoffman sabe que, para un rol como este, se necesita capa tras capa de emociones: es duro y frío como un calculador burócrata, y débil e inestable frente a la realidad del peligro; sabe moverse entre la determinación, la inestabilidad y el temor. Nuevamente, apreciamos su contención y calma, una calma sabia, desde la experiencia, con la que Hoffman maneja la escena, de enfrenta a la incertidumbre del thriller y deja una última gran interpretación para la prosperidad: un homenaje a su carrera y una gran despedida. 

5: Gus Avrakotos – Charlie Wilson’s War (2007)

Hoffman colabora con el veterano Mike Nichols en una deliciosa sátira política que explora las rencillas en los pasillos de Washington, especialmente en los 70 y 80. Como Gus Avrakotos, Hoffman vuelve a la comedia y al escándanlo, interpretando a un personaje neurótico, furioso y bastante directo con sus intenciones. Vulgar, radical y disruptivo, Hoffman sabe cómo irrumpir en la escena y seguir pisando el acelerador cuando se puede, siempre que el exceso no será demasiado. Convenientemente, Avrakotos no es un personaje usado de forma burda e irresponsable, sino todo lo contrario. Y es que su presencia energética le da a la película el ritmo necesario para que, frente a tanta cháchara política, la audiencia siga entretenida.

4: Andy – Before the Devil Knows You’re Dead (2007)

En una maravillosa y trágica pieza de crimen, Hoffman hace de Andy, uno de dos hermanos con un intrincado plan para hacerse con dinero fácil, quien tiene que actuar rápido frente al fracaso repentino de sus acciones. Andy es un personaje complejo y repleto de matices, y Seymour Hoffman lo encarna así. Lastimero, culposo y sometido a una presión infinita, su Andy nos guía por una serie de difíciles esquemas dispuestos a explotarles en la cara. Sorprende la contención de Hoffman en el protagonista, quien, como sacado de una tragedia clásica, no puede sino aceptar el inmenso dolor que se avecina. Una interpretación algo infravalorada, pero imponente.

3: Padre Brennan – Doubt (2008)

El padre Brennan, acusado de un crimen horrible, se enfrenta a la hermana Aloysius, interpretada formidablemente por Meryl Streep. Bueno: es común que mencionemos otros nombres en la lista. Será porque Hoffman, a su modo, sabía sacar lo mejor del resto. Aquí, las dinámicas entre uno y otro, entre un tipo de religioso y otro, está marcada por diálogos chispeantes, miradas conflictivas y muchísimo recelo. Hoffman lo hace de forma prácticamente impecable: las miradas culposas, el conflicto interno, el silencio que evoca misterio, el paso cabizbajo y el rezo. Todo por redención.

2: Lancaster Dodd – The Master (2012)

Paul Thomas Anderson no parece cansarse de Hoffman y por buenas razones. En esta especie de parábola religiosa –que sirve para cuestionar a otras parábolas religiosas- Hoffman encarna al carismático líder de una congregación cuasi sectaria -extrañamente parecida a la Cienciología-, quien llora arriesga todo para mantener sus creencias. Conflictivo, violento e imponente, Hoffman es el Lancaster Dodd ideal, capaz de explotar sin control cuando recita sus mandamientos, para luego volverse déspota y contenido cuando interroga a sus nuevos feligreses. Hoffman es capaz de inquietar a cualquiera y, a su modo, alcanzar la consagración casi mesiánica que su personaje necesita para florecer. Las escenas de disputa con Joaquín Phoenix o las estratagemas armadas con Amy Adams, cada cual a su modo, son pequeñas formas de comprender a una intrincada y compleja figura, muy humana gracias al tratamiento que le da Hoffman.

1: Truman Capote – Capote (2005)

Hay una razón por la que Phillip Seymour Hoffman se llevó un Premio de la Academia por la brillante recreación -o reapropiación, que parece ser un término más apropiado- de esa imponente figura en las letras estadounidenses que es Truman Capote. Cambiándolo todo -la voz, los manierismos, la mirada, las poses y las reacciones- Hoffman se mete en la piel del autor y, a su forma, le dota de vulnerabilidad, confianza y cercanía. Un personaje frágil, pero poderoso, tanto con la pluma como con el corazón. No es copia, sino homenaje: una interpretación pausada, matizada y muy memorable. Bennett Miller es un director de actores y pausas, y al parecer eso lo aprendió con Hoffman en Capote. Aquí no importa la fidelidad, sino el compromiso con la enigmática figura de Capote y la incipiente nostalgia que parece recorrer su aura en todo momento, sobre todo mientras escribe el que sería su magnum opus, In Cold Blood. Para siempre.