No todos los días tenemos el agrado de ver cumplidos nuestros sueños. El día de hoy, 28 de julio del 2015, celebro el estar cumpliendo uno de los míos, un sueño que he arrastrado conmigo a lo largo de toda mi vida: Publicar un artículo propio en algún medio de comunicación.

Hice de la escritura mi sueño desde que descubrí, a través de los libros de “Harry Potter”, que escribir es algo de lo cual me gustaría vivir. En estos últimos días tuve que preguntarme de qué trataría mi primer artículo, y tras darle varias vueltas al asunto, decidí que este cumplirá la función de ayudarme a conocerlos a ustedes, queridos lectores, y que ustedes puedan conocerme a mí; para que sepan con qué clase de lunático estarán lidiando cada vez que entren a mi humilde porción de página web.

Mi nombre es Carlos Arata. Soy alumno de la carrera de Artes Escénicas de la Facultad de Comunicaciones de la PUCP; actualmente en el noveno ciclo. Amo el fútbol, la música, el ping pong y las (bati)chelas. Físicamente diría que soy flaco, largo y barbón (aunque mi abuela dice que mi barba “son cuatro pelos en siete hileras”). Emocionalmente creo que sigo siendo un niño porque considero que me faltó una buena porción de infancia. Más de uno, estoy seguro, habrá estado conmigo en la misma situación; prohibido llegar a mi casa luego de las 10, prohibido tener enamorada, y prohibido ver La Vaca y el Pollito en Cartoon Network (para aquellos que me conocen, seguramente algunas cosas cobrarán sentido después de afirmar esto). Creo que pude ser jugador de fútbol, pero como diría Maradona, “me cortaron las piernas, loco.”

Se me ha encargado en este dignísimo portal web universitario la sección de Teatro porque, como ya les mencioné, eso es lo que estudio. Y la razón por la que lo estudio es porque creo que con el teatro se puede contar toda la historia del mundo y de los mundos en los que vivimos nosotros los seres humanos.

Es que dentro de cada uno de nosotros hay un mundo complejo, vibrante, con distintas virtudes y peligros. Cuando niños, cada uno de nosotros se va dando cuenta de cuáles son los canales que preferimos utilizar al momento de expresar aquellas ideas que acosan nuestra mente. Algunos hemos llegado a entrar en contacto con el arte más que otros (lo cual realmente no tiene nada de malo, son situaciones circunstanciales). En mi propio caso, en el colegio siempre llevé el taller de teatro. En primero de secundaria, cuando actué en la obra El médico a palos del dramaturgo francés Jean-Baptiste Poquelin (también llamado Moliére), me di cuenta de cómo el teatro es efectivamente un modo de hablar de la vida propia a través de lo vivido por los demás. Luego, un día que fui con mis compañeros de promoción al teatro a ver La Nona de Roberto Cossa, nos gustó tanto la obra que decidimos montarla en el colegio. Yo hice de la nona. Un personaje increíble, que en la obra solo se ocupaba de dos cosas: comer todo lo que tenía en frente, y destruir a los demás personajes. Pero si era comedia. ¡Comedia! Y acaba con un suicidio.

¿Cómo no iba a gustarme el teatro, un arte capaz de hacerte llorar de risa y de verdad, ya sea con palabras, gestos, bailes, golpes, lo que sea? Ver teatro es como leer un libro y que los personajes en él salgan de las hojas para vivir frente a nosotros, con nosotros, y luego dentro de nosotros.

No pretendo convertir a nadie en un obligado asistente a obras o funciones. Mi intención en los artículos que progresivamente iré publicando en este portal es contarles a ustedes lo que yo veo en mi mundo a través del teatro. Sin embargo, también considero que todos nosotros debemos contribuir con el desarrollo cultural de nuestra ciudad y nuestro país. Espero, con mi columna web, ser un buen aporte y exhortarlos a ustedes también a ser parte de esta movida. En un país tan convulsionado como el nuestro y en el que la ignorancia es casi un derecho, queda como deber sagrado para nosotros alumnos motivar el cambio en las generaciones futuras. Emplearé todas mis fuerzas en lograr que, a través de mi mundo, alguno de ustedes mis queridos lectores se decida por marcar la diferencia.
¡Muchas gracias, y hasta la próxima semana!

Si me ven por la Cato voy a estar peor.

Si me ven por la Cato voy a estar peor.