Son las tres de una nublada tarde barranquina y me voy a encontrar con Humberto Campodónico, guitarra y voz de Turbopótamos, una potente máquina de ska y rockabilly que funciona hace diecisiete años. En esta interesante conversación Campodónico habla sobre su paso por la PUCP, su papel en Turbopótamos, sus trabajos como solista y más.

Estudiaste Filosofía en la PUCP, ¿qué recuerdas de tu paso por Generales Letras?

Bastante, estuve ahí desde 1997 hasta el 2005. Egresé a Lingüística y Literatura, pero no me gustó, así que volví a Generales. Luego, estuve aproximadamente un año en el extranjero y cuando regresé tuve que matricularme en Letras para llevar los cursos requisitos de mi especialidad. En realidad llevé los requisitos de varias carreras. De Comunicaciones llevé Comunicación Social. También llevé los requisitos para Antro y Socio, que era Introducción a la Sociología 2, Introducción a la Antropología 2 y Estadística. Creo que también llevé uno para Historia. Finalmente, llevé Filo 3, que era requisito para Filo. Lo de Comunicaciones no me gustó, sentí que mucha gente estaba ahí porque era una especie de cosa neutra, quien no sabía bien qué estudiar iba a Comunica. Saqué cero en Estadística, así que ya no podía ir a Antro ni a Socio. Me gustó un montón el curso de Filo y me había gustado también el curso de Ética, con Tubino; entonces, esas dos cosas hicieron que al final me decantara por Filosofía. Pero anécdotas, no sé, lo que hace todo el mundo, estar en la universidad, joder.

¿Cómo era la PUCP sin sheriffs?

Bueno, me acuerdo que vendían cajetillas de cigarros, la de Malboro estaba s/.1.50 la de 10 y s/.3.00 la grande. Supongo que era menos parecido a un colegio, como es ahora. Había un poco más de libertad. Me acuerdo que fumábamos tronchos en el estacionamiento dentro de los carros. Había gente que fumaba mientras caminaba, que era la mejor. Ibas de un lugar a otro, alguien se cruzaba y volteaba a mirar, pero ya era muy tarde, tú seguías caminando no más. Yo no estuve cuando llegaron los sheriffs, no sé en qué año habrá sido. Pero sí me da la sensación de que ahora todo está mucho más parametrado. También hay Charlotte y esas cosas que no habían antes; supongo que es parte del avance del capitalismo.

Turbopótamos surge en la universidad, ¿en qué circunstancias se inicia la banda?

Yo venía tocando desde que tenía doce o trece años, y una de las personas de las bandas en las que había estado conocía de su salón a una chica y esa chica era la hermana de mi pata Mayu. Entonces, a través de la gente que yo conocía antes de entrar a la Católica terminé llegando a conocer a Mayu (ex miembro del grupo). Yo creo que se forma una banda siempre con dos amigos.

Dos

Creo que sí. Los ejemplos en la historia de la música siempre son como Lenon y McCartney, Keith Richards y Mick Jagger. Pueden ser un grupo de amigos, pero siempre se forma una pareja que en mi caso era Mayu, con quien empecé a compartir un montón de música. Él tocaba bajo, yo tocaba la guitarra y además tenía canciones. Al principio tenía un poco de roche de mostrarle mis letras, pero poco a poco gracias a la amistad y a la confianza, se armó. De ahí, cuando tienes diecinueve años, es fácil conseguir otras personas para la banda porque nadie está haciendo ni mierda y todos quieren tocar. Es mucho más fácil formar una banda en la universidad que en el trabajo, por ejemplo.

¿Qué música escuchaban en ese entonces?¿Sobre la base de qué influencias empezó la banda?

Cada uno venía escuchando su propia música. Yo justo en esa época empecé a escuchar Pixies, The Velvet Underground y Tom Waits, que son cosas que Mayu ya conocía bien. Yo venía con mi bagaje más de rock and roll de los cincuentas y sesentas, y ska jamaiquino e inglés de los ochentas. Coincidíamos en algunas bandas como Mano Negra, los Cadillacs, también Weezer. Estos gustos era un poco particulares porque la música que estaba de moda en ese entonces era o punk tipo Blink-182 y NOFX, o new metal como Korn, Limp Bizkit y Linkin Park, que eran bandas que a nosotros nos parecían telasas. Lo gracioso es que yo en esa época entré como DJ en Radio Doble Nueve. En mi jato me dijeron que tenía que conseguir un trabajo y le saqué la vuelta al asunto consiguiendo uno relacionado con la música, pero justo cuando yo entro a la radio en 1998 o 1999, esa música, espantosa para mi, estaba en pleno apogeo. Tenía que poner tres horas diarias de Deftones, Power Man 500, Godsmack y todas esas cosas que me parecían insoportables, y si no lo hacía me llamaban básicamente a insultarme. Tampoco es que estuviéramos aislados, también me gustaba Green Day, NOFX, los Sex Pistols, The Clash, etcétera, pero con Mayu ya habíamos decidido conscientemente cuál era la música que queríamos tocar.

¿Qué recuerdos tienes de tu experiencia en Doble Nueve?

Bueno, tengo buenos recuerdos. Fue mi primera chamba y me daba algo de dinero. Era bien cerca a la universidad, por la Brasil, así que no había tanto problema por la distancia. Me acuerdo que estudiaba un montón en la radio. Llevaba mis separatas y cuando realmente tenía que concentrarme un montón ponía una canción de The Doors, por ejemplo “When the music’s over”, que dura como diez minutos; lo mismo si quería ir al baño. Conocí un montón de gente en la radio, tengo buenos amigos de esa época que conservo hasta ahora. Era un poco difícil porque no podía poner toda la música que me gustaba. No podías llevar tus discos, y cuando los llevaba, Manuel, el dueño, me llamaba por teléfono y me decía “¿qué mierda estás haciendo?”, “¿qué mierda estás poniendo?”.  Igual creo que me tenía cariño. Me debe haber dicho cincuenta huevadas horribles y tres pajas, pero entre las huevadas pajas que me dijo es que tenía buen gusto. Cuando con Turbopótamos empezamos a grabar las primeras canciones me empecé a quitar de la radio. Justo en esa época empezó a sonar “Aguanta chino”, no me acuerdo si aún trabajaba allí.

El 2001 lanzan el primer álbum de nombre homónimo y empezaron las presentaciones, ¿cómo fueron los primeros conciertos de Turbopótamos?

Eran un chiste. Hemos tocado en lugares bien marginales, tipo en el centro de Lima, en el Averno. Hemos tocado en toda esa zona como si fuéramos más marginales de lo que ya éramos. Hay grabaciones de esos primeros conciertos y la verdad es que no éramos tan malos. Creo que ya habíamos ensayado bastante y sonábamos decente. Poco a poco. Primero era para nuestros amigos y las novias, luego la gente de la facultad, los amigos de los amigos, etcétera. Debe haber sido al año y medio o dos años de estar tocando que empezó a llegar gente nueva. Así es como te das cuenta que de repente tienes algún futuro.

Luego de varios años en la escena local tocaron algunas fechas en el extranjero, ¿qué recuerdas de esa experiencia?

Esto vino después de hacer un camino largo entre el 2001 y el 2007 o 2008. En esa época no había muchos grupos que salieran del país a diferencia de ahora. La experiencia fue positiva, pero digamos que no sé si teníamos la suficiente visión y proyección en ese momento como para aprovecharlo realmente. Era más estar entusiasmado por viajar y dar buenos conciertos, que lo fueron. A la gente le gustó, hubo buena prensa, también reseñas en la Rolling Stone y todo eso. Sin embargo, se necesita mucho dinero y mucha decisión para lograr algo más que divertirte y creo que no lo teníamos en ese momento, en parte porque veníamos de un medio poco profesional. Recién ahora se puede hablar de cierta profesionalización en el medio. Ya hay gente que vive de la música ya sea alquilando equipos, tocando en conciertos, haciendo tributos, haciendo jingles. Ahora se puede vivir de esto, pero en ese momento no way. La música era un hobby y creo que todo el mundo, más o menos, lo tenía así, pero no le iba a meter todas las balas a eso, ni todo el tiempo ni el dinero.

Una larga carrera que se interrumpe en el 2011 por cinco años ¿qué hicieron los Turbopótamos durante ese tiempo?

Bueno, somos varios turbopótamos así que se han hecho varias cosas. Básicamente reproducirse y supongo que afianzarse en su chamba, a la vez que también han seguido con la música. Bruno está con El Jefazo, tiene Los Castigos, también tiene su carrera como fotógrafo; Sergio vive de la música como ingeniero de audio, como productor, como baterista de Tierra Sur. Yo también he seguido por ahí. He hecho varios proyectos como White Llamas, que no prosperó mucho. Luego, tengo un proyecto con Francisco Chirinos que se llama Los tuertos, que es algo más a largo plazo, cada vez que nos juntamos tratamos de grabar algo. También he tocado, con Vaselina, el bajo durante bastante tiempo y hemos ganado el premio del Ministerio de Cultura para hacer un largometraje documental que ahorita está en su fase final de edición, buscando fondos para color y mezcla de audio. También he hecho algunas cosas como solista, como Campodónico. Además, en el 2012 estuve en el South by Southwest Texas. He sacado algunos singles, he dado algunos conciertos. Ahora estoy produciendo el disco de Adictos al Bidet y el de Francisco Chirinos como solista, su tercer disco. He trabajado en publicidad algún tiempo. Son cinco años que he seguido cerca a la música.

¿Coincides en que en trabajos como Rarities & b-sides y Demos Forever has dejado de lado el rockabilly para tender al electropop?

Puede ser. Ahora, esto que mencionas y has escuchado son cosas que son bien viejas. Lo que está en Demos Forever probablemente tenga cinco o seis años y todo lo que está en Bandcamp también. Siempre me ha gustado jugar con las cosas electrónicas: con síntesis, la caja de ritmo y siempre lo he hecho hasta cierto punto. Desde que tenía una grabadora de cassette he creado cosas así. He grabado el demo de Adicto, que es en inglés, ese es del 2002. Como que desde el 2002 vengo haciendo estos demos medio electrónicos.

Entonces estas influencias se pueden rastrear desde el principio

Sí, desde el 2002 más o menos. Me acuerdo que un pata me prestó una caja de ritmos y desde ahí he chambeado en Cool Edit. Luego, en el 2007, me compré una PC y le instalé Pro Tools crackeado y ahí empecé a experimentar con los simuladores de batería, los de síntesis y más. De hecho en el disco 2012 hay una canción que se llama “Basta”, que está toda hecha con cosas digitales, electrónicas. Tengo un huevo de demos y todos están en esa nota: yo grabando con sintesis y esas texturas, y me sigue interesando. De las últimas cosas que he hecho con Campodónico hay una que se llama “Little rocker”, que es como eso: bajos secuenciados, los efectos de la voz. Creo que es algo que siempre me ha interesado.

¿Por qué volver? ¿Qué factores influyeron en la decisión de volver a formar Turbopótamos?

Extrañábamos tocar en vivo. Además, durante nuestra ausencia, no es que haya habido una guerra civil que nos cayó encima ni algo así como el golpe de Velasco, que casi mató al rock en su momento. Al contrario, hay más bandas, más conciertos, más plataformas, canales de YouTube, hay festivales más interesantes como el Selvámonos, etcétera. Primero decidimos volver para uno o dos conciertos para ver qué pasaba, pero a partir de ahí el teléfono no ha dejado de sonar. Nos siguen llamando, nos divertimos y estamos contentos de participar en lo que se pueda.

En algún momento, justo cuando nos separamos, en 2010 o 2011, aún era el boom de la cumbia; todo era “El embrujo” y “Ya se ha muerto mi abuelo”. Un montón de bandas que tocaban reggae o  terminaron tocando cumbia, cuando eso era una especie de tabú. Recuerdo haberle puesto a una chica, con la que estaba saliendo, una canción de Los Destellos y que ella se burló de mi, me dijo “oe broder, qué es esa mierda”. Por otro lado, nuestras cuestiones personales, estábamos cansados, aburridos y probablemente sin ideas. Ambos factores hicieron que sea difícil tocar rock en esa época.

Imagino que todos los conciertos son especiales, pero ¿hay alguno en particular que recuerdes?

Los conciertos que hubo en el Teatro Julieta, cuando estábamos presentando el disco. El concierto de despedida que fue en el Toro Bar, ese fue bien especial, fue un montón de gente y recibimos un montón de amor. El de regreso, que fue en el Sargento, también fue bien especial. La gente cantaba a viva voz canciones que nunca habían cantado, caletas como “El impostor”, lo cual quiere decir que toda una nueva generación nos había estado escuchando. El concierto para abrir a Linkin Park también fue bien bacán. Habíamos tocado ya en estadios casi llenos, pero nunca sentí que habíamos conectado tanto con la gente. Es medio paradójico justamente porque, como te digo, el género de música que hace Linkin Park no me gusta nada. No sé cómo hemos podido conectar con gente que tiene una sensibilidad distinta o gustos distintos, pero lo logramos. Que te aplaudan 35.000 personas es algo que definitivamente vale la pena vivir.

¿En qué se diferenció abrir el concierto de Linkin Park con el de otra gran banda como Oasis?

En el concierto de Oasis me acuerdo que en la primera canción todo el mundo nos estaba mostrando el dedo medio. Luego ya se calmaron un poco y al final incluso me felicitó Liam, no estuvo tan mal. Pero en el de Linkin Park creo que sí salimos decididos a ganarnos al público en el ánimo, la música ha seguido siendo la misma.

¿Cuáles son las canciones que más disfrutas tocar en vivo?

Me gusta tocar “Astroboy” si el sonido está bueno, porque la voz es grave y necesito escucharme bien. También me gusta tocar “María-dub”,“Ratón matón” y “El impostor. Siempre es chévere tocar “2012”.

Y sobre las canciones más conocidas que vienen desde el primer álbum, ¿ya te aburre tocar Gabrielá o Ultrabeba?

No. Creo que es algo que también le pasa a otros grupos, en cierto momento ya no son tus canciones. Sería ideal que puedas sentir la misma emoción que cuando recién la compusiste, pero después de un tiempo ya se vuelve como repetitivo. Creo que preferiría ser una banda como Indochina, que ha tenido bastantes épocas en las que no tocaban “El aventurero”, “Sexo” ni todas las huevadas de los ochentas porque su público era completamente nuevo, sus hits eran nuevos y podían prescindir de esos temas.

Entonces, prefiero ser eso a ser una banda que sigue tocando su éxito del 87 o del 92. Pero igual es un poco inevitable. Siempre cuando vas a un festival o cuando vas a una ciudad por primera vez creo es lógico darte cuenta que un montón de gente está esperando que toques tus clásicas: “Ultrabeba”, “La chola”, “Adicto”, “Nada para mi”. Me parece bien. Parte de lo divertido de volver a tocar es que hemos podido retomar algunas canciones como el “Ratón matón” o “El impostor” a las que le hemos insuflado una nueva vida. La versión que estamos tocando ahora del Ratón matón es distinta a la del disco.

Sin instrumentos de viento

Claro. También esa es otra cosa. Hemos empezado a tocar sin instrumentos de viento, como volviendo a sonar fuerte, no solo nosotros cuatro. Tocamos ahora con un tecladista llamado Johann Frech. que es muy capo, y viene de Mi Puga, Mi Pishgo y Dan Dan Dero. Entonces, estamos tratando de buscar un sonido un poco más compacto, pero creo que es más fuerte de alguna manera. Con el tiempo aprendes que diez personas no necesariamente suenan más fuerte que cinco. Porque al final todo esto es electricidad, todo sale por los parlantes. Si tienes diez señales eléctricas cada señal tiene que salir más chiquita, pero si tienes cinco, cada una de esas señales puede ser dos veces más fuerte que si fueran diez. Entonces tu fuerza se siente mucho más.

Respecto a la letra de “La chola”, ¿hubo alguna polémica cuando fue lanzada?

No recibí nunca críticas directas. Una vez sí una chica en una fiesta me dijo “¿cómo mierda vas a escribir eso? no la pude ver calata, que no la quise ver ¡esa huevada es ofensiva!”. Bueno, eran las tres de la mañana, no me acuerdo qué le respondí, pero supongo que nada muy articulado. Lo que sí te puedo decir es que este año me escribió Natalia Ipince, que enseña Antropología en la PUCP, para preguntarme si le podía dar alguna explicación o algún disclaimer, así lo puso.

Me imagino que la canción puede ser más controversial ahora, porque antes nada era tan políticamente correcto. Bueno, no sé quién puede hablar sobre lo políticamente correcto en el Perú, en donde se hacen chistes de cabros todo el tiempo o bromas sobre quién la tiene más grande, no, la guitarra; ese tipo de cosas. Aunque también es cierto que en ese entonces no se usaba la palabra cholo con tanta frecuencia como ahora. Estaba D’mente Común con “I’m Cholo”, pero la actitud de su canción era más de guerrilla. La nuestra era más I’m not cholo, o sea, yo soy blanco y mis amigos no pueden ver a mi flaca, que es chola, etcétera.

Bueno, lo que le contesté a Natalia es que he vivido bastante tiempo en Bélgica y las huevadas que más me impactaron cuando regresé al Perú fueron el racismo, el machismo y el grado de religiosidad que todavía se tiene. Entonces, a mi vuelta yo paraba con gente del Franco-Peruano, mi colegio; y el primer cumpleaños que organicé fue súper fuerte porque hubo como mierda de discriminación y racismo contra mis otros amigos que no eran parte del círculo del colegio. Esto me impactó un montón porque no estaba acostumbrado a esa huevada.

Entonces, en verdad la chola no es solo una chica, sino un pata en particular, un huevón súper inteligente que ahora triunfa en Europa, pero que ese día fue tratado como una mierda por estos idiotas de mi colegio que simplemente lo dejaron en una esquina y no le hablaron. Esa experiencia me marcó mucho. Yo venía de otra parte y quería integrarme a la gente de mi colegio, es lo que hace una persona sana creo, quieres estar integrado. Me di cuenta de que si no lo hacía me iban a dejar a un lado, lo cual yo no quería. Cuando tienes trece, catorce años, lo que más buscas es una identidad y sentirte aceptado. Entonces, era pagar el precio de ser rechazado o seguirles el juego a estos idiotas sabiendo que era una mierda.

Luego, este dilema se traspasó a la universidad. En la Católica estaba la gente bacán, que era la de la playa, de Punta Hermosa y San Bartolo, y el punto de encuentro era la rotonda de Letras. Si mirabas la rotonda eran puros pelos rubios y gente de dreads, que eran mis amigos al final, pero también paraba con otra gente. Tenía varios amigos que eran del Callao y me iba a tonos allí. No lo veía como nada raro, tampoco como si estuviera haciendo mi observación participante o etnografía; simplemente estaba buscando mi camino. Recuerdo que una vez una chica me dijo “yo solo saludo a la gente que conozco de San Bartolo”.

Bueno, lo que me liberó de tener que escoger un bando fue hacer música. Tenía una especie de carta blanca para estar en cualquier círculo que me provocara estar porque yo era el músico. No estaba perdiendo el tiempo fumando tronchos por ahí, sino que estaba ensayando. También fumaba tronchos, pero tres veces por semana durante toda mi etapa en la Católica iba a ensayar. Recuerdo que el día que terminé la Católica pensé “al fin tengo más tiempo para ensayar”.

Entonces, cuando hice “La chola” fue como decir: quiero estar con una chola y que nadie me joda. Mi gente no la puede ver, pero estoy quejándome contra eso, contra que me hagan roche en el barrio, siendo ella la mejor del callejón. Ahora, el personaje que está narrando esto tampoco soy yo, sino una víctima de las contradicciones. Eso es lo que me parecía interesante. Por eso el personaje dice “no la pude ver calata, no la pude ver”, porque en algún momento sí tiene como una especie de rechazo innato hacia lo que no es como él y es víctima de sus propias contradicciones. Creo que reconocer que uno no es dueño de sus prejuicios inconscientes es lo más sensato. Si has sido criado como un idiota y por una familia discriminadora, probablemente si te encuentras con alguien diferente a ti en la calle te va a dar miedo.

¿Qué haces cuando no estás componiendo o tocando con Turbopótamos o tus otros proyectos musicales? ¿A qué dedicas tus días?

Bueno, trato de trabajar en lo que se pueda. He tenido algunos proyectos que me han ocupado bastante. Durante un buen tiempo entre el 2013 y 2015 he chambeado un huevo para publicidad, calculo que he hecho más de cien jingles (tema musical con fines publicitarios). He hecho algo de música para docus, he dado clases de guitarra, he aprendido cosas de sonido, me he vuelto como un semi-ingeniero de sonido. Siempre he tratado de chambear en algo que tenga que ver con música, quedarme cerca de ella, ya sea producción musical, ya sea haciendo jingles. Ahorita estoy completamente dedicado a la música y terminando mi proyecto de película.

Ya hablando del futuro, ¿hay algún EP, LP o material de la banda próximo a ser publicado?

Justo me agarras en un momento en el que estoy mapeando todo tanto artísticamente como a nivel práctico. Con artísticamente me refiero a qué dirección tomar. No soy como Lemmy, de Motörhead, que está claro que era bueno haciendo una huevada y eso es lo que hacía. No te imaginas a Lemmy tocando disco, ni funk, ni rap, ni reggaeton. Lemmy es Lemmy, se mantenía. Pero nosotros que no somos Lemmy, somos un poco más eclécticos, y está siempre la posibilidad de explorar. Nos podemos ir completamente al ska-rock tipo “El metro” o “La chola”, o hacia algo más pop como es “No me meto”, o podríamos irnos también hacia “Basta”, que es una cosa más electrónica. Esos elementos siempre han conformado a Turbopótamos desde el inicio, en el primer disco también estaba “Astroboy”, que suena un poco distinto.

En realidad, la paleta de estilos caletamente ya estaba disponible. Entonces, artísticamente estamos mapeando qué queremos tocar y cuáles son las mejores canciones que tenemos. Estamos retomando canciones que habíamos dejado en el 2011, como “Cuchillo” que no habíamos terminado. También estamos viendo qué es lo mejor, si sacar singles con vídeo cada cierto tiempo, si sacar un EP o sacar un disco. A mi lo que me parecía interesante de un disco es que pueda tener un concepto y una historia. Entonces, también estoy evaluando qué tanto puedo articular una historia en diez o doce canciones, qué tan posible es hacerlo.

Luego, la parte práctica que mencionaba: si es que todos tienen el tiempo, la cabeza y el dinero para hacerlo como queremos. Lo que te puedo adelantar es que ya estamos chambeando en una canción para grabar en versión estudio, sacar un video e invertir las balas en que la gente realmente le preste atención. Por ahora, creo que se vienen hasta tres singles.

¿Se puede esperar algún estilo en particular entre los que ha utilizado la banda durante este tiempo?

Lo interesante sería hacer algo graduado. Me parece importante que el primer single sea un puente entre el pasado y el presente. Aún no hemos comenzado, pero sí estamos enfocados porque la respuesta que hemos recibido del público ha sido muy buena y nos impulsa a querer dar cosas. Creo que no hay nada más paja que descubrir una nueva canción que te encanta y que le puedes dar diez veces seguidas, que te hace bailar, te hace sonreír y te pone de buen humor. Cuando sucede es paja y siempre está la esperanza de que si sacas una nueva canción esta pueda ser eso para una persona, si son diez, cien, mil, mejor. Creo que le debemos eso a nuestro público, sacar canciones que los hagan sentir bien. El mundo no es un lugar chévere necesariamente, lo cual no quiere decir que haya que destruirlo, esa es mi conclusión.

¿Podríamos cerrar con una anécdota memorable que quieras compartir con los lectores de esta entrevista?

Algo que tenga una significación trascendente… Es difícil porque tengo moralejas para dar hacia cualquier sentido, tanto cosas negativas como positivas. Hum, ahorita mismo no sé bien por dónde ir. Recuerdo que gracias a esa amistad de universidad es que se ha podido hacer esto. En realidad, yo no tenía la confianza necesaria como para asumirme como líder de una banda. Mi familia no es nada musical y siempre me dijeron que no tenía talento para la música. Recuerdo bastante que no podía concebirme como el cantante ni guitarrista ni compositor de una banda, pero encontré a otra gente que estaba dispuesta a hacerlo. Claro que dentro de ese grupo había fricciones y algunos de los miembros cuestionaban mi liderazgo, pero bueno, es parte de la batalla.

Lo que sí diría es que si uno es joven y logra encontrar un grupo de gente que quiere hacer cosas y que piensa similar, creo que es bien importante capitalizar eso. No quiero sonar a “sigue tu sueño”. Mas bien, a algo así como si eres joven y encuentras un grupo de gente con los cuales te llevas bien y les gusta hacer cosas, y no solo tomar ron Cartavio y fumar tronchos como unas bestias, es bien importante pensar seriamente en asociarse con ellos para hacer y producir cosas. Creo que luego se vuelve mucho más difícil. Luego, terminas chambeando para alguien, luego te casas, no tienes tiempo, luego la gente deja de soñar hasta cierto punto. Creo que eso es lo más cercano a un buen consejo que puedo dar.