En algún lugar del mundo
había escondido un murmullo;
y con la soledad de los días
el secreto, el murmullo, perecía.
Aquel lugar no parecía seguro,
ni mucho menos apartado y oculto.

El murmullo como secreto,
escondido, encubierto,
se refugiaba dentro dentro de él;
ya su corazón reprimido de sentir
se cansaría de ocultar nobles verdades,
era una suave y doloroso sentir.

Tal vez algún día los murmullos ya cansados,
saldrían como un huracán incontrolado.
¿Por qué reprimir lo que el corazón reclama a gritos?
¿Por qué ofuscar la autenticidad del ser nuestro?
Un sentimiento tan dulce, un sueño tan lejano,
sería tal vez clave en nuestro vivir deseado.