La noche del 15 de marzo nos colocó en un panorama gris, de incertidumbre, luego de que, por primera vez, desde que Fujimori dictara la Constitución de 1993, un gabinete ministerial fuese negado del voto de confianza por el parlamento en segunda oportunidad. Fue un viernes ajetreado en el Congreso, con el enfrentamiento entre la oposición (apra-fujimorista-ppcista) y el oficialismo, que defendía a ultranza a su venido a menos gabinete de ministros. Los medios vislumbraban una crisis política producto de la negación, por segunda vez, del voto de confianza al consejo de ministros de René Cornejo debido a la inestabilidad que esto generaría en el país. La segunda votación, a promediar las 11 de la noche, nos mostraban 42 votos a favor, 6 en contra—emitidos por el oficialismo a manera de estrategia— y 73 abstenciones de 130 congresistas. En lo formal, los votos a favor superaban a los contrarios, sin embargo las 73 abstenciones muestran el rechazo al quinto gabinete nacionalista y, en otras palabras, el consenso de la oposición de traerse abajo la figura de Nadine Heredia, quien evidentemente era la principal artífice de su conformación.

Con el ambiente caldeado después de la turbia salida de Villanueva, el aumento del sueldo de los ministros, la posición de Heredia de sacar de agenda el sueldo mínimo y, la gota que derramaría el vaso, aquel papelón y burla del protocolo en la alfombra roja chilena por la Primera Dama, nos mostraba la irreversible realidad que la oposición saldría a despotricar en contra de la esposa de Humala. Y que mejor forma de demostrar la inconformidad con el gobierno familiar que negándole el voto de confianza al gabinete Cornejo.

Sin embargo Humala no intuyó lo que se le venía y, torpemente, salió a declarar sobre una campaña sucia en contra de su dominante esposa por el aprismo y fujimorismo. Que, claro está, pretensiones nos les falta para poner contra la pared a este tibio gobierno que no ha sabido manejar sus alianzas en el parlamento. Esas pretensiones que buscan evitar que se lleve la discusión de los resultados de la Megacomisión referente a los “narcoindultos” del grandote al pleno, por el lado del apra; y la intención de Keiko que se vuelva a debatir sobre el indulto al dictador de su padre, por parte del fujimorismo.

Pero, como dicen, no hay peor ciego que el que no quiere ver. El gobierno creyó que se le daría la confianza al premier Cornejo como siempre había sucedido hasta el momento. La presentación del nuevo gabinete en el Congreso fue una aplanadora manejada con “piloto automático”- como le gusta a Castilla y a la señora de Humala. Estaba claro que sobre los temas tratados en la accidentada sesión plenaria (el caso de la ministra Cármen Omonte, la posición sobre la coyuntura venezolana, las corruptelas en el gas de Camisea, entre otros) se yuxtaponía el poder que la Primera Dama había demostrado tener en el ejecutivo.

Era un caos político que se veía venir: un consejo de ministros que motivaba el rechazo del Congreso. Mientras algunos parlamentarios pedían la renuncia de todos los ministros, el oficialismo se amparó en la Constitución para instaurar la reflexión entre los opositores. La posibilidad de la disolución del Congreso y la convocatoria a elecciones complementarias por el Presidente, ante una segunda negativa al voto de confianza al gabinete ministerial, merodeaba los pasadizos del Congreso. No dejando otra alternativa al presidente del congreso, Freddy Otárola, de convocar al pleno a sesión extraordinaria para el día lunes.

A pocas horas del remezón que había sufrido el oficialismo, Ollanta Humala se referiría a la situación como alarmante por la inestabilidad política que esta representaba para el país. Además trasmitió la decisión de todos los ministros de poner sus puestos a disposición luego de lo ocurrido.

No pasó mucho tiempo para que se entablara el diálogo entre los opositores que solicitaban al oficialismo dejar en claro que no se permitiría más la intromisión de Nadine Heredia en las decisiones del Ejecutivo. En tanto Daniel Abugattás, congresista por Gana Perú y ex presidente del Congreso, mencionaba que las injerencias de la Primera Dama en el gobierno se les habían escapado de las manos. Asimismo, Cornejo manifestó para una radio local que no se permitirá ningún tipo de intromisión por parte de ninguna persona en las labores del ejecutivo, y que se respetaría indiscutiblemente la gobernabilidad y la institucionalidad del Estado.

De esta manera, el lunes 17 el pleno del Congreso, en sesión extraordinaria, realizó la votación respecto a la cuestión de confianza al gabinete de ministros con 66 a favor, 52 en contra y 9 abstenciones. El voto ulterior significaba el respaldo del parlamento al nuevo consejo de ministros con un sabor a victoria que, por fin, saboreaba el oficialismo, pero esta vez con la ayuda de sus aliados en Confiep.

Así es, Confiep. Que sigue demostrando y ejerciendo su peso en la gobernabilidad de nuestro país. Efectivamente se ha convertido en el contrapeso del Gobierno Humala-Heredia y, claro, Castilla, que al parecer sigue siendo el salvavidas ante las zancadas que les pone el aprafujimorismo. No hay que adentrarse tanto en política para ver a la imagen de Nadine Heredia devorada por el neoliberalismo extremo, ni tampoco para ver la imagen del Presidente que escogimos con un saco que le llega hasta los tobillos. Esta seuda aprobación del Congreso al gabinete ministerial no es más que una patraña para intentar encubrir la inestabilidad política que, por estos días, se vive en el Perú. Una crisis impulsada por un gobierno invisible que ha hecho todo lo posible para machacar y mandar al diablo la institucionalidad de un país.