¿De qué sirve una tarde de verano sino para pasarla disfrutando de un poco de cultura? Al menos yo estoy tratando de encontrar nuevas maneras de pasar el tiempo de vacaciones que sean un poquito más originales que el típico Starbucks. Así es que cuando me enteré del Festival de Cine Peruano en París organizado por la Alianza Francesa no dudé en asistir apenas tuviera la oportunidad.

En realidad, excusa no tenía, ya que las funciones son a las 7 pm. y mis clases acaban a las 6:30 pm., solo faltaba encontrar una buena compañía y una vez resuelto eso solo fue cuestión de sentarse y disfrutar. La función a la que asistí fue la del miércoles 12, la cual constó de la proyección de “Chicama” y un conversatorio con el productor de la misma en la Salle Lumière en la sede de Miraflores de A.F.

La proyección empezó puntual y a sala llena. El público era en su mayoría jóvenes y también algunos extranjeros. La diversidad de los asistentes me pareció alentadora y esto se vería confirmado en las intervenciones durante el conversatorio. Había escuchado algunas cosas de “Chicama”, que había sido premiada y que había recibido buenas críticas pero nada más. Fue bastante interesante no saber casi nada y dejarme llevar por lo que pasaba delante de mis ojos sin expectativas ni prejuicios.

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Debo decir que Chicama me encantó. En primer lugar, la temática de la educación le otorga peso y relevancia pero lo valioso es que es tratado desde una perspectiva crítica más bien sutil y cuidada. El mismo tema que puede (y suele) ser tratado como una denuncia amarga, oscura y escabrosa se aborda en cambio de una manera casi tierna y dulce. Se muestra un retrato de nuestro terrible sistema educativo público rural a través de ojos propios y cándidos a lo largo de una historia de búsqueda personal de un personaje cotidiano, de pocas palabras, de aspiraciones frustradas. Un joven profesor que anhela la capital y termina en una pequeña escuela rural.

Las críticas explícitas son puestas de manera precisa en boca de los pequeños alumnos en frases cortas pero agudas desde su percepción acertada pero inocente de que algo está mal con su colegio, además de los profesores y los discursos inflamados que escuchan cada día a la hora de formación luego de cantar el himno nacional.

El lenguaje audiovisual es bastante pausado, con extensos “travellings” de acompañamiento al personaje que remarcan la importancia del camino y del viaje para construir la historia. La elección musical fue bastante interesante ya que se eligió una melodía electrónica y ecléctica, bastante moderna que parecía disruptiva con el escenario rural que enmarcaba; sin embargo, el tempo lento me otorgó la sensación de remarcar el transcurso del tiempo, la sensación de movimiento pausado y así que si bien, al principio, me sorprendió la elección, luego comprendí que otorgaban un sentido de unidad a las secuencias de viaje entre los tres lugares claves donde transcurre la acción: Cascas, Toledo y la ciudad de Trujillo.

Al finalizar el largometraje, el productor Héctor Gálvez respondió las dudas de los asistentes, lo cual me ayudó a cimentar mejor algunas de mis apreciaciones iniciales y despertar nuevas observaciones. El ejercicio de intercambio colectivo sobre el mismo producto audiovisual desde diversas perspectivas es altamente enriquecedor.

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Definitivamente no me arrepiento haber escogido al azar esta película. Les recomiendo que asistan a este festival que reúne lo mejor de la cinematografía peruana de los últimos años, propuestas premiadas y exhibidas a nivel internacional con calidad y frescura. La entrada es libre, previa inscripción para asegurarte tu asiento. El cronograma lo puedes encontrar aquí: https://www.facebook.com/events/533967730035806/537421833023729/?notif_t=plan_mall_activity

Si alguno se anima a alguna proyección me pasa la voz. Hasta la próxima crónica.