Editora: Massiel Román Molero

¿Alguna vez se han preguntado qué es el miedo? Es esa sensación poderosa que te revuelca en el suelo. Aquella que te aprieta fuerte el cuello y por la cual de los ojos no te dejan de brotar océanos.

Desde pequeña me han dicho que el miedo es una “emoción mental“. Para poder salir victoriosa de una batalla con ella es importante hallarle una razón por la cual no tenerle miedo. Para ser franca, eso no se me ha dado muy bien. Aún sigo teniendo un miedo inexplicable al daño emocional porque siempre termina transcendiendo hacia lo físico.

Desde hace años, mi cuerpo no dejaba de comportarse como una reja sin cárcel. Mis pulmones se achicaban y el aire se hacía sólido mientras Ansiedad clavaba su bandera de victoria en mis territorios. 

Lo nuevo siempre da miedo. Eso ya deberían saberlo.

El planeta se está enfermando cada vez más y quienes lo queremos estamos muy preocupados. Estamos viviendo una época de miedo porque lo que hay ante nosotros es algo desconocido por la ciencia. O, al menos, eso se decía al inicio.

Llevo más de dos semanas sin salir de casa y siento que se me están agudizando unos sentidos más que otros. Lima está tan callada y colorida que nunca. No sé si he logrado notar ello porque ahora estoy más atenta. Y, justo ahora que no puedo salir de casa, me dan más ganas de hacerlo. Ha de ser que lo prohibido siempre llama.

Las carreras solitarias de Dasi por el pasadizo de mi casa, esas que buscan aliviar el exceso de su energía, le dan movimiento a una vida que se ha quedado en pausa, esperando la orden de reinicio por parte de Vizcarra. Eso, en parte, me deprime, aunque luego sonrío porque sé que aunque la vida esté enferma, sigue ahí afuera, dando unos colores jamás vistos en nuestro tiempo de vida.

Es la primera vez en mi vida que escribo sin algún ruido que interrumpa las canciones de mi playlist, pero también es la primera vez en mi vida que vivo una cuarentena y un toque de queda. Esto me está enseñando que lo que tomamos como si “nunca” fuera a suceder es algo que no se puede dar por sentado.

El planeta pronto sanará. Eso no lo duden. Solo necesitaba un descanso de nosotros porque lo estábamos matando y no entendíamos las señales. La vida afuera de nuestras casas ha parado, pero dentro de ellas aún sigue corriendo.

Antes pasábamos quejándonos de que no había tiempo para estar en casa con la familia y, ahora que nos lo proporcionan, paramos como cojinobas buscando nuevas excusas para pasar por alto las reglas dictadas por nuestro “presi”. 

¿Acaso no te has dado cuenta que la ropa de casa te sienta bien? Es mucho más cómoda y liberadora que la del trabajo. ¿No te has percatado que vives una nueva aventura al abrir un libro, darle play a una serie o al regañar a tu perro por la travesura que se acaba de montar? Sé que todos estamos aterrados de quedarnos solos, de que no oigan nuestras dudas, quejas, miedos, aburrimientos… pero, echen un vistazo, hay un mundo dentro de casa.

Aun así hay gente que no entiende. Vive este miedo no sé si con paranoia, pero sí con irresponsabilidad. Mientras más le pides que esté en casa, más estupideces realizan. Lo único que me consuela ahora es el frío que me abraza mientras escribo. Me recordó que nada dura nunca lo que debería. Al parecer, ya varios lo vamos entendiendo.