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Desde que crucé aquel umbral, la realidad a la que estaba acostumbrado se desvanecía, de a pocos un mundo extraño y mágico a la vez, se iba apoderando del espacio. Una infinidad de personajes sacados de la imaginación más vehemente invadían el lugar. Hadas que jugaban con otras hermosas creaturas, héroes míticos que luchaban contra villanos y sus ejércitos, hechiceros de todo el mundo se confabulaban para invocar a poderosos demonios, músicos tocaban sus liras en el funeral de un rey, clowns cargados en andas eran venerados como dioses, y acróbatas que daban saltos mágicos ponían en tela de juicio a las leyes de la gravedad y de la propia razón.

Entre toda la multitud de esa infinidad de seres, encontré a alguien que por lo menos se veía correcto y normal. Tenía un traje oscuro, una camisa clara, una corbata y un sombrero inglés.
¿Sabes en qué lugar estamos? –le pregunté.

Me observó e hizo una reverencia con el sombrero a modo de saludo, y me respondió:
–Usted está en el Circo del Sol. En ese instante dio media vuelta…. Y se echó a volar.

En los años 80, un artista callejero llamado Guy Laliberté, habilidoso con los zancos y el arte de tragar fuego, caminaba con un grupo de amigos por las calles quebecquianas en un país del norte (Canadá). Sin saberlo, el joven Guy fundaría en pocos años una agrupación circense no convencional que recorrería el planeta, y sus espectáculos, según la crítica mundial, se convertirían años más tarde en los más hermosos que ha visto la humanidad. Guy Laliberté, inspirado en un viaje que realizó a Hawái, decidió llamar su proyecto: “Le Cirque du Soleil”. Al parecer, había quedado maravillado con la majestuosidad de los espectáculos que le daba la naturaleza: todas las mañanas salía temprano del lugar donde se hospedaba y presuroso cruzaba las calles aún oscuras, y antes que cante el gallo, Guy se encontraba sentado en unas rocas a las orillas del mar, esperando el amanecer.
Los inicios del Cirque du Soleil parecen sacados de un relato de ficción. Resulta enigmático que un grupo de artistas callejeros con poco o nada en los bolsillos, logren unirse para formar el grupo circense más grande, fabuloso y exitoso del mundo, así como también una empresa que generaría multimillonarios ingresos al año.
El secreto de su éxito es difícil de explicar. Podríamos decir, a primera vista, que fue el azar, ya que en un momento por motivos económicos el circo casi desaparece, y tuvieron que apostar todo, como si fuera una partida de póker, y apelar a la suerte cuando era la única opción. Y así lo hicieron. Cuando llegaron a Los Ángeles después de un largo viaje en tren, la situación económica del circo era precaria: no había dinero suficiente para pagarle a los actores y trabajadores del circo. Contaban con recursos solo para una semana, después de ello se quedarían literalmente sin dinero.
Guy y su equipo sabían que tenían que arriesgarlo todo, y así lo hicieron en una función una tarde del 3 de septiembre de 1987. Felizmente para Guy y su equipo, la suerte le sonrió: la carpa estaba llena. Esa tarde de septiembre, el jefe de pista vestido con el tradicional sombrero de copa alta, chaqueta y saco colorido, entró en escena con las mágicas palabras “Que comience la función”. Y así comenzó también la exitosa historia del Circo del Sol.
El espectáculo del Cirque du Soleil cautiva al público porque es novedoso, rompe con el estilo tradicional del circo. No se trabaja con animales y se agregan al espectáculo circense el teatro, la danza, la música, así como ambientaciones sacadas de cuentos, épocas mitológicas, mundos extraños que se van presentando al espectador mientras se le va contando una historia (o muchas), a través de decenas de actores que representan una infinidad de personajes como héroes, villanos, saltimbanquis, contorsionistas, mimos, hechiceros, hadas, acróbatas que realizan su número con gran técnica (la mayoría de ellos son deportistas olímpicos en retiro). Todo esto unido al conjunto musical en vivo y a la tecnología, hacen que este espectáculo sea considerado el mejor del mundo.
Dicho esto, decir que el éxito del Cirque du Soleil es solo cuestión del azar es dejar de lado la constancia y el talento de este grupo de artistas callejeros, quienes con su arte lograron remover las fibras más íntimas del espectador en los años 80 y que aún lo siguen haciendo, pues Cirque du Soleil cuenta hoy con más de 5000 empleados entre personal técnico y actores de diferentes nacionalidades. Además de varios espectáculos de diferente temática en Las Vegas, Canadá y otros que llevan en sus carpas de gira por el mundo. Por todo ello, nosotros creemos que el éxito del Cirque du Soleil no es solo cuestión de suerte o de talento, sino una confluencia de ambas.