Después de las controversiales declaraciones de nuestro ex presidente Alejandro Toledo en el Congreso, y de su baño de popularidad a la salida de este, a todos nos quedó un mal sabor acerca de lo que realmente pasó. Múltiples teorías ha soltado el “sano y sagrado” en estos días, que precisamente no hacen honor a la verdad. Desde la reparación civil del Holocausto nazi, hasta la herencia de un esposo cardiólogo muy acaudalado, pasando por una benevolente y filantrópica hipoteca a una señora de ochenta y tantos años por parte del banco Scotiabank. Pero en su exposición en el parlamento no presentó ningún papel que acreditase alguna de sus versiones; es más, se alabó de tal manera que no parecía un ex presidente, sino una deidad. Evitaba ciertos temas, se indignaba cuando hablaban de sus hijas y “no le permitía” a nadie formularle suspicaces preguntas. En conclusión, Alejandro no fue al Congreso a hablar, fue a eyacular. Y los miles de espermatozoides que salieron de él eran su portátil, vitoreando y saltando alocadamente, como si estuvieran en un concierto de Madonna.

Después de analizar detalladamente cada paso que dio, lo más probable es que no haya existido ningún lavado de dinero ni operaciones ilegales, por mucho que cueste creerlo. El empresario amiguísmo de Toledo, Yosef Maiman, estaría involucrado como garante de un préstamo a una empresa neófita en las consultorías, con un ama de llaves y un guardia de seguridad como accionistas principales, y con la señora Eva Fernenbug como presidenta de la misma. Además, Toledo indicó que cometió un error al no prevenir a su suegra de los peligros que traería el invertir en el Perú. Todo esto nos lleva a una hipótesis muy interesante. Considerando que el hombre es un animal político, y que Alejandro lo es dos veces, no nos resultará rara la teoría de que este artificio no es más que una jugarreta para que Zaraí no herede la vivienda en cuestión. Porque si el dinero adquirido no tiene una procedencia maliciosa y todo está al margen de la ley no habría nada de malo en que figure el nombre de su padre, y no el de la suegra, o el de la empresa Ecoteva como dueños. A nadie le es ajeno el recelo que puede existir entre una hija legítima y una bastarda, y por más que no sea público este odio, ¿habría influido en algo? O más aún, la tensa relación de la hija espuria con Eliane ―una persona que evoca dulzura y en cuyo abrazo da ganas de confundirse apenas la observas en la pantalla― quien además prestó tan amablemente el nombre de su madre como testaferro.

Hasta los que se creían sus amigos le han dado la espalda, solo unos cuantos radicales y poco sesudos lo defienden a capa y espada. Aquí hay algo que no cuadra, no recuerdo ningún otro escándalo revelado al término de su gobierno en el 2006, que no sean el de la compra desmesurada de whisky etiqueta azul y el de sus noches perdidas y secuestradas en el Melody, “nada más” por el que se le pueda juzgar. Pero mentirle descaradamente a un país y en múltiples oportunidades es de canallas, y él lo ha demostrado en estos días. Esperemos un pronunciamiento con más celeridad y pericia por parte de la comisión investigadora. Y que los apristas, fujimoristas y demás “istas” no se embarren más con el posible trabajo del poco comprobado “servicio de inteligencia del gobierno”, que busca abollar la concordancia y unidad de las agrupaciones políticas opositoras, ¿con miras a una reelección, quizás?

Alejandro tiene que rendirle cuentas a los que cuestionan sus transacciones millonarias, si no oculta nada no tendría por qué dejar en ascuas al pueblo peruano. Y es más, que los bancos que figuran como movilizadores del dinero y su misma suegra presenten sus versiones para que este tema quede zanjado de una vez. Pero bueno, mejor lo “¡dojomos trobojor, corojo!”.