Gracias a un reportaje dominical, Pablo Secada pasó de ser un sobresaliente representante del movimiento selfie peruano, para convertirse en un connotado tecnócrata con fama de patán.  En apenas unas horas, las críticas en su contra ya no radicaban en lo banal y clientelista que resultaba grabarse todos los días a sí mismo, o regalar polos con estética chicha al estilo “Elio Tupac” en el parque Kennedy, sino en lo impulsivo y prepotente que había sido con su pareja. A pocos meses de las primarias en el PPC, no pocas personas consideran que la propuesta de Pablo Secada constituye una “candidatura thriller”, es decir, sigue moviéndose a pesar de ya estar muerta.

El problema del economista no solo radicaría en las potenciales críticas provenientes de adversarios que pretenden llegar a la alcaldía de Lima y que se encuentran ávidos de observar la paja en el ojo ajeno, sino también de personas afiliadas al partido político en el cual él milita. A estas alturas del proceso, queda en evidencia que los rumores sostenidos que han venido circulando en los medios eran verdaderos, o sea, que su precandidatura resulta hostil para el presidente del partido, Raúl Castro, quien no ha dudado en calificar de “grupete” al equipo más cercano a Secada.

No obstante, Pablo Secada no se encuentra tan solo como en los selfies que continuamente publica en las redes sociales, y es que la lideresa Lourdes Flores le ha brindado un importante apoyo durante estos días, cumpliendo el rol protector propio de toda “mamá” [sic]. En diversas entrevistas, ella no ha dudado en minimizar el incidente,  argumentando que las denuncias se tratarían de problemas comunes en casi todas las parejas. Por lo visto, en los últimos días, a simple vista, parece que Raúl Castro pretende, de una vez por todas, lograr el reconocimiento público en lo que respecta al liderazgo que le otorga su cargo preponderante en la jerarquía del partido. Lograr que su candidato gane las elecciones primarias, o por defecto, evitar que el candidato de Flores sea elegido como representante del PPC, constituye un objetivo que demostraría su inherente poder en el partido que de acuerdo a los estatutos él dirige, pero que para el promedio de los peruanos sigue siendo “la agrupación de Lourdes”.

Sin embargo, los enfrentamientos al interior de un partido no deberían ser considerados negativos inexorablemente, y los procesos electorales internos son señal de un grado importante de institucionalidad. En el PPC, hasta ahora, no observamos que un alto mando manifieste expresamente, hacia las bases, su afán para que un determinado miembro ocupe un puesto importante, similar al estilo “dedocrático” que ejerce la familia Humala-Heredia en el Partido Nacionalista. No obstante, hay indicios claros de parcialización exhibidos por Raúl Castro, lo cual no afecta solo a las aspiraciones de Pablo Secada, sino también a su partido. Lo que vemos en el PPC, no es un enfrentamiento programático entre dos propuestas políticas y sociales para la ciudad de Lima, sino más bien una lucha de egos entre diversas facciones.

En otros contextos, las elecciones primarias se desarrollan bajo un clima de debate que pretende brindar la mejor opción al electorado, de modo tal que compita eficientemente con partidos rivales, siempre tomando en consideración que una crítica letal en contra de un pre-candidato, a la larga, puede convertirse en un arma de doble filo que afectará a los intereses generales del grupo al que pertenecen. Hasta el momento, el PPC no exhibe a la ciudadanía un enfrentamiento programático ni ideológico. No sabemos en qué difieren las propuestas de “lourdistas” y “castristas” en lo relacionado a problemas de vital importancia para la ciudad , tales como seguridad, transporte o urbanismo. Los limeños solo han sido testigos de cómo una facción pretende convertir en piñata humana a un compañero caído en desgracia, mientras que la otra lo defiende minimizando denuncias graves de maltrato hacia una mujer, tema álgido y sensible en un país que presenta uno de los índices más altos de violencia de género en la región.

Siendo sinceros, antes de que se mediatizaran las denuncias por violencia, la candidatura de Secada no despegaba. Pese a la intensa campaña que viene desplegando desde hace unas semanas, la intención de voto hacia él no se había incrementado considerablemente. Ni los selfies ni los polos chicheros parecen funcionar. El presidente de su partido no solo no lo apoya, sino que también ejerce un tipo de contra campaña. Incluso, este ha manifestado su simpatía a la posibilidad de una candidatura compartida con Salvador Heresi, un disidente del PPC, poniendo en tela de juicio la confianza natural que debería exhibir públicamente cualquier dirigente de un partido político, en relación a lo que pueden obtener sus propios militantes. Mientras, con un expectante 58% de potencial apoyo según diversas encuestas de opinión, fiel a su estilo, Castañeda observa silenciosamente cómo un futuro partido político rival se hace un “selfie” diariamente, ensimismándose y aislándose cada vez más en disputas internas que poco o nada le interesan al grueso de la población, y omitiendo propuestas de solución de temas sustanciales para el progreso de la ciudad más importante del país.