En los últimos años la historia del rock nos ha dado más penas que alegrías, de hecho, la muerte del Chris Cornell, hace un par de semanas, es el mejor de los ejemplos. Así pues, hay muchos quienes dicen que los rockstars están desapareciendo. Muchas revistas y opinólogos sobre el tema sostienen que los últimos rockstar, en el sentido purista de la palabra, son Dave Grohl y Eddie Vedder, cuyas carreras empezaron hace, casi, 30 años.

Sin embargo, esto es negar una nueva vertiente, una nueva forma de hacer rock, en la cual  Mac DeMarco es uno de los máximos exponentes. Él se tira del escenario para que los fans lo carguen en pleno concierto, incluso en algunas ocasiones ha roto guitarras, y se muestra tanto o más despreocupado de la vida como un roquero de pura cepa.

Mac tiene sus particularidades propias de los nuevos tiempos y lo que traen consigo, de modo tal que su música no es necesariamente la descarga de guitarras con distorsión a la que un admirador de rock clásico está acostumbrado. No obstante, tiene consigo toda esta fuerza y la compenetra con el mundo de hoy, creando su propio estilo y música, completamente distinta a la de los máximos representantes del género en cuestión.

En primer lugar, la estética de Mac no tiene nada que ver con los rockeros de siempre (Jimi Hendrix, por ejemplo) y su música podría encasillarse en indie rock, rock psicodélico, Jangle pop, lo cual, en muchos casos, no se acerca al rock clásico. La idea de que sea un nuevo tipo o prototipo futuro de rockstar, se basa más en su filosofía, su accionar, su forma de transmitir. Es una adaptación al siglo XXI.

Su primer álbum de estudio, el “2”, fue un éxito y lo lanzó a la fama internacional. El segundo y el tercero, “Salad days” y “Another One”, respectivamente, lo consagraron dentro de la escena estelar de los últimos años. Después de giras alrededor del mundo, y su sorpresiva llegada al Perú en 2015,  en mayo del 2017 lanza “This Old Dog”.

El nuevo disco es alucinante, frío, estupefaciente, plácido y muy cambiante. Marca el inicio de una nueva época dentro de su carrera. Cambia sus clásicos y psicodélicos punteos de guitarra  por una suave y relajante guitarra acústica o  sintetizadores adormecientes.  Su lírica irónica y juvenil retratada en canciones como “Freaking Out The Neighborhood”, se vuelve nostálgica y reflexiva. Mac ha cambiado, pero no se puede decir que para bien o para mal, pues, en algún sentido, se ha reinventado, y, como dice el dicho, “la perfección está en el cambio”.

El nuevo Mac nos trae canciones lentas y atmosféricas, caracterizadas por la armonía de los sintetizadores, como “For the first time”, “One more love song”, “On the level”, o la realmente novedosa “Moonlight on the river”. Esta canción ha sido criticada por muchos debido a su longitud, sin embargo, es un experimento dentro de la misma música de Mac, ya que juega con la guitarra acústica al inicio y poco a poco se sumerge en un mundo más místico y psicodélico. Esta es la penúltima canción del disco y, a manera de cierre, le da un aire riquísimo y unificador a todo lo que hemos escuchado anteriormente.

Por otro lado, tiene canciones más frescas como “Still Beating”, “One Another” o “Baby Yo´re out”.  El álbum está caracterizado por esta aliteración entre velocidades y estilos, pues, como él mismo lo ha dicho, sus principales inspiraciones para este trabajo fueron Yellow Magic Orchestra ,banda japonesa de electrónica experimental, y The La´s ,un grupo de indie inglés ochentero. La influencia de estas bandas se nota en lo dual que se presenta el viaje musical en “This Old Dog”, entre lo acústico y lo electrónico.

No obstante, no es un disco perfecto, tiene puntos débiles, partes que no están a la altura de los clímax, pero de malo no tiene absolutamente nada. Para el Mac que conocemos, es un disco renovador, algo turbio por los temas que trata como la relación con sus padres, la muerte, el paso de los años, la perdida de la juventud, y, en general, su preocupación por la vida.

Una palabra que redondea muy bien al álbum es la madurez, ya casi treintón, Mac comienza a cambiar, pero nunca a defraudar. Nos trae un disco más complejo, cambiante, más compacto como unidad. Con algunos singles brillantes y otros desapercibidos. Lo importante, aunque haya empezado una metamorfosis musical y de estilo, es que sigue siendo Mac, el cantante de los dientes separados.  Un artista con tintes  de obrero canadiense, amador de los cigarros y de cantar con una sonrisa patética, pero de oreja a oreja. No será un rockstar como los de los años del Glam rock y metal, pero encarna su propio espíritu y filosofía. Mac roquea por la vida y nos sumerge en su viaje con arte.

En suma, Mac representa una combinación de estilos alucinante como lo aesthetic, lo vintage, lo neopsicodélico y lo simplista. Un artista que tira de concepto y de imagen por igual. Sin dudas uno de los grandes descubrimientos de la década.