A menudo, escucho a muchas personas decir -muy seguros de sí- máximas como: “No te culpes por nacer pobre, cúlpate por morir pobre”, “no se puede ayudar a quien no desea ser ayudado” y, la peor de todas, “el pobre es pobre porque quiere”. En esta columna explicaré, a partir de un clásico de Vallejo, por qué esta práctica es -en principio- incoherente y lamentable.

Antes de continuar, debo aclarar dos puntos clave. Por un lado, parto de la suposición de que todos han leído en algún momento el clásico cuento de Vallejo: Paco Yunque. En todo caso, con que recuerden el final es suficiente. Por otro lado, asumo que todos en algún momento se han hecho la pregunta: ¿Qué es la vida?, esto es crucial. Quizá, muchos responderán que es una pregunta metafísica, cursi, ridícula y de literatura de autoayuda; así como otros responderán una frase sacada de Facebook o dirán que la pregunta debería ser “¿Qué es la muerte?”.

Entonces, frente a esta avalancha de respuestas, solo se puede rastrear una posibilidad: que la vida es una narrativa, es literatura. Por lo tanto, la vida no es más que aquello que nosotros contamos de nosotros mismos, cómo lo contamos y lo que callamos. De ahí, el prólogo del libro autobiográfico de García Márquez.

Vallejo narra el primer día de escuela de Paco Yunque, “muchacho” del niño Humberto Grieve, quien no duda en maltratarlo. Humillado, callado y tímido, Paco se introduce en el hogar de los Grieve para formar parte del personal de servicio. Este es, básicamente, el ambiente en el que se desenvuelve una historia cuyo final posee la suficiente plasticidad para su interpretación. Por esta razón, existe la posibilidad de ceñirse a ambigüedades y detectar algunos discursos discriminatorios camuflados en el desenlace de la historia.

Conocemos el desgarrador final que, acaso, deja una amargura e ira que no está dirigida hacia la actitud de Grieve, como debería ser; sino, a la actitud de Paco Yunque: el niño nunca habla, no se queja, no le dice al maestro que Grieve le ha robado el trabajo, Paco no reclama que su nombre debería estar en el cuadro de honor.

Lo que pretendo es evidenciar la siguiente conclusión: “Si Paco no obtuvo el reconocimiento, es porque no quiso… ya que no estaba mudo, bien podía protestar con justa razón… pero, Paco es tonto porque no habla… y no habla porque es serrano, se cree menos aún siendo capaz de hacer un excelente trabajo. Es más, Paco es tan débil que necesita que su compañero Fariña hable por él y lo consuele cuando llora, como a una niña”. Es decir, esta conclusión no niega que Paco sea capaz, sino que, da a entender que Paco no sabe cómo administrar su capacidad, ni aprovecharla ni defenderla, como un niño de verdad.

Para su defensa, el lector puede -entonces- posicionarse en dos frentes. El primero, donde el culpable es el niño por las razones que el discurso anterior da cuenta. El segundo, donde el profesor es el culpable; al final de cuentas, debe tratarse de un mal docente que -sabiendo las turbias movidas y malcriadeces de Grieve- no duda en asumir que el trabajo del niño es auténtico. Sin embargo, apostar por cualquiera de estos dos frentes de defensa no es más que optar por un recurso facilista y vago, porque olvida al verdadero culpable: el niño Humberto Grieve. Es más, hasta resulta legítimo afirmar que, Humberto es también un niño-víctima, que actúa de acuerdo al sistema en el que su familia inglesa se desarrolla.

Me consta que, muchas veces, esta es la interpretación escondida de la narrativa de Vallejo que muchos de sus lectores-escolares evidencian. Es que existe mucho miedo y desconsuelo por esa intervención, ambigua e hipócrita, que supone un niño pobre que no defiende su esfuerzo. ¿No se valora? ¿No se quiere? Los lectores le exigen a Paco que reaccione, que sea fuerte y se queje, pero ninguno se da cuenta que a ese niño nadie le ha enseñado a quejarse ni hablar ni ser fuerte. Ningún lector se percata que es el primer día de escuela de Paco y ya están culpándolo, como digo, quizá no en la opinión expresa, pero sí en la interpretación debajo del discurso.

En este punto, es posible afirmar que uno de los objetivos del cuento debería ser que el lector adquiera la capacidad -acaso valor- para desnaturalizar el personaje de Paco Yunque y extrapolarlo a la realidad. Sobre todo, debería serlo para los lectores más pequeños y, cada vez, más politizados. Pues, en lugar de visualizar esta estructura (narrativa y sociolingüística), se les presenta con mayor prioridad otros objetivos (esencialmente diplomáticos) como sensibilizarlos frente al abuso infantil, dar cuenta del respeto hacia el trabajo ajeno, honrar a los padres, e incluso respetar la propiedad intelectual. Es verdad, todos estos son objetivos nobles y legítimos, pero no primordiales. Por ello, la vida de Paco Yunque -y de su autor y sus lectores- es, como decía al principio, una narración. En este caso, lista a interpretarse de innumerables maneras.

Regresando a la narración, sin embargo, no todo está totalmente perdido, quizá Vallejo deja motivos para la esperanza: Grieve habrá sido reconocido en el cuadro de honor, pero este se renueva cada semana. Sí, siete días que – ¡hurra! – Paco debe mantener el ánimo y la cabeza en alto, a la vez que Grieve “le da patadas mientras su madre le dice al niño Humberto que no le pegue tan fuerte a Paquito”. Y es verdad, Paco es un niño pobre, pero antes de pobre es niño; antes de pobre, simplemente “es” una identidad. Y no se deja humillar porque quiere serlo, sino porque ha crecido en una estructura que -como se lee- ni siquiera el profesor la reconoce y enfrenta.

Por tanto, Vallejo no deja motivos para la esperanza, deja motivos para la ilusión… Y depende del lector activo cambiar la realidad del “niño Paco” y entender la del “niño Humberto”: ambos o ninguno. No vale posicionarse en un solo lado, sería inútil porque la realidad es una sola, pero las narraciones son muchas.

*Las imágenes (viñetas) utilizadas en esta columna han sido extraídas del artículo de Gustavo Faberón Patriau en: Revista Iberoamericana, Vol. LXXVII, Núm. 234, Enero-Marzo 2011, 111-133. Para visualizar, hacer clic aquí.