Esta imagen progresista, inclusiva y actual que la iglesia ha intentado proyectar desde la entrada del papa… ¿es realmente cierta?

El domingo pasado, el papa Francisco Bergoglio pidió disculpas por el polémico comentario que dio durante la Cumbre Antipederastia que tuvo lugar en febrero: “invitar a hablar a una mujer no es entrar en la modalidad de un feminismo eclesiástico, porque a fin de cuentas todo feminismo termina siendo un machismo con faldas.”. Así, en una de sus últimas entrevistas declaró “Me equivoqué” y señaló que se encontraba en un momento de intensidad. Además, en un intento de aminorar el daño, ha añadido que le había faltado precisar que aquel “machismo con faldas” era tan sólo una posibilidad; un peligro que se corre. Y sí aceptó que la Iglesia sigue siendo machista.  

¿Qué implica dicha afirmación?

A simple vista nos podemos dar cuenta de lo similares que son las palabras del papa con el siguiente discurso: “El feminismo es igual que el machismo, sólo que inverso”. La frase mencionada está muy presente en nuestro entorno de diversas maneras, muchas veces resuena con el conocido y risible peyorativo “feminazi” o los tantos memes hechos al respecto. Es así como esta reducción de lo que es ser mujer a la palabra “falda” lleva consigo una carga misógina. Por otra parte, lo que más llama la atención del papa es su intención de separar tajantemente de su agenda un “feminismo eclesiástico”. ¿Será su temor a ser identificado como ‘radical’?

Nos enfrentamos pues, a la satanización de la palabra “feminista”: La idea de que se trata de una ideología o retórica antimasculina, agresiva y extremista. Sabemos por teoría que la palabra “feminismo” es la búsqueda de igualdad y equidad de derechos para mujeres y hombres. Es un sinsentido entonces la declaración “Defiendo a las mujeres, pero no soy feminista”; no serlo implicaría reconocer que no deseas la protección de los mismos derechos tanto para los hombres como para las mujeres.

A diferencia de lo que se cree, el feminismo congrega a todos. Las desafortunadas declaraciones del papa nos recuerdan el discurso dado por Emma Watson para ONU Mujeres, en el marco del movimiento #HeForShe:

¿Cuál es el problema?

Como bien vemos en el video, Watson encuentra en su investigación que las siguientes son algunas razones por las cuales cada vez menos mujeres deciden identificarse como feministas: “No quiero ser llamada machona/masculina… no quiero ser vista como loca o radical, exagerada… no quiero que me llamen mandona o que los chicos no gusten de mi por ello… no quiero ser “la rara” que no encaja con mis amigas que sí son convencionalmente femeninas y cumplen con ‘lo esperado’”. Obviamente estas no suelen ser explicitadas.

La importancia del feminismo consiste en que te hace consciente de tus derechos y te impulsa a exigirlos, te hace ver la realidad con “gafas púrpuras”[1], y te libera de pensar que debes cumplir con todo aquello que externamente te impone el género. Las personas que ven el feminismo desde el prejuicio, no se detienen siquiera a ver los rasgos de verdad en lo que se dice.

Nada es perfecto.

En toda lucha hay facciones y vertientes. Cada ola histórica del feminismo nos ha mostrado nuevas versiones y propuestas del mismo, aún hoy se encuentra en constante cuestionamiento y cambio. En tal sentido, sí es cierto que existen posturas extremistas, no obstante, estas no representan la totalidad de la lucha. Personalmente, creo que en lugar de quedarnos en los estereotipos que se decantan por los aspectos residuales y negativos de la evolución de la lucha feminista, debemos prestar atención a la verdadera esencia del feminismo, recordar sus principios originales de justicia y libertad.

Retomando las polémicas declaraciones del papa, debemos tener en claro lo siguiente. No es ninguna novedad que el catolicismo tiene entre sus bases constitutivas la dominación, el machismo y una lógica patriarcal. Por ende, es algo utópico esperar que se realicen cambios tan desestructurantes de la noche a la mañana y es lícito esperar una evolución con tropiezos. Sin embargo, tampoco nos hagamos de la vista gorda, exijamos coherencia y verdad en su discurso, ¿acaso no son estos valores los que la Iglesia profesa? Comentarios desatinados -como el que ha motivado este artículo- y los escandalosos encubrimientos de violaciones perpetuadas por padres darían cuenta de una grave legitimación de la violencia. Y, en tal sentido, de una doble moral que tendría como autora a la Iglesia, aún en nuestros días.

Esperemos que estas disculpas hayan sido sinceras y no un mero acto de populismo en busca de atraer nuevos adeptos bajo una falsa imagen de tolerancia y contemporaneidad.


[1] Gafas púrpuras refiere a ver lo cotidiano con mirada crítica, incisiva y advertir que muchas cosas son diferentes a lo que pensabas. En el artículo en específico, darse cuenta que lo supuestamente normal en realidad contenía cierto machismo u opresión.