Su figura era inconfundible en los pasillos de Letras, vestía siempre un cardigan blanco y azul  decorado con el logo de la PUCP; era imposible contrastar su voz cuando dictaba, con una actitud dispuesta a dar más que recibir. El Padre Klaiber será siempre un ejemplo digno de seguir.

Hace casi 40 años llegó al Perú con la finalidad de investigar la formación del APRA, además de analizar la relación entre la iglesia y la política latinoamericana. Formaba parte de la compañía de Jesús. Sus misas las celebraba en capilla satélite del Agustino y no en la Iglesia principal, pues creía que ella no toma en serio el sentido misionero. Sus principios eran claros y bíblicos, aunque para explicar algún tema controversial no tenía ningún reparo. Los que lo recuerdan, coincidirán en que él fue un hombre de gran amabilidad, de gran espiritualidad.

Incluso aquellos alumnos que fueron jalados por él (muy pocos a decir verdad) lo recuerdan como uno de los mejores profesores. Siempre dispuesto a explicar, a responder, a soportar y a corregir en amor y en verdad.

Era claro que su sabiduría no venía de humanos. Varios versículos en el libro de Proverbios nos dicen que el principio de la sabiduría es el temor a Jehová; aunque no lo conocí como amigo cercano sino solo como profesor e historiador, por su actitud y trato, era claro que su temor a Jehová siempre fue una característica suya. No todos tienen tal templanza, tal dominio propio, tal consejo. Por eso era un ejemplo a seguir, porque no todos los profesores o maestros, no todos los líderes o personas que consideramos importantes tienen un carácter que pueda descollar. Un carácter que muestra un estilo de vida diferente. Producto de un gozo, aquel del que habla la Biblia, un gozo que proviene de Dios y que está presente en toda circunstancia. Un gozo fruto del Espíritu Santo, y cuya esperanza estaba puesta en su Salvador, Cristo Jesús, y en su venida.

Hoy lamentamos el fallecimiento de esa persona diferente. De un santo en la fe que fue llamado por su Señor a la vida eterna. Pablo escribió a los Filipenses: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1.21), y pienso que era el mismo sentir del Padre Klaiber así como para muchos de nosotros. Para él, esto se hizo realidad ya. Como promete Dios en su Palabra, para el Padre Klaiber ya no hay más llanto, ya no hay más dolor. Ahora está en la presencia del mismo Dios.

Su cuerpo será velado en el Salón Parroquial de Nuestra Señora de Fátima en Miraflores, su misa de exequias se celebrará mañana miércoles a las 3 p.m. en el Templo Parroquial.

Viva gozoso con el Padre Celestial, Jeffrey Klaiber. Sinceramente, se le extrañará.