El Mundial

Había visto en las propagandas en la tele que el Mundial empezaba uno de estos días de la semana. No sabía cuál. No me importa mucho, el fútbol no es lo mío. Perú no va al mundial hace décadas. Jamás viví esa emoción, así que no la añoro. No me importa mucho quién gane, aunque en mi casa han organizado una polla en la cual estoy participando a regañadientes.

Tal vez vea uno que otro partido, más que nada para apreciar a los especímenes masculinos que son los deportistas. Sí, eso que algunos hombres dicen: “Las mujeres ven fútbol para ver a los hombres” se aplica conmigo. Algo que también me gusta es ver las celebraciones cuando meten un gol, me matan de la risa.

Difícilmente un partido ha enganchado mi atención durante los 90 minutos completos. No es que no entienda las reglas, sé lo que es un pase adelantado, pero no tengo ningún tipo de conexión emocional. De hecho, aprecio la destreza de los futbolistas, eso sí es algo que vale la pena ver en equipos internacionales porque en el fútbol local realmente no he podido verlo. Sin embargo, más allá de eso, no sé qué podría decirles.

Me preocupa que mis compañeros del género masculino se distraigan durante las siguientes semanas. Me preocupa que los comedores se llenen de ruido y gente durante las horas de los partidos o que este ruido se filtre a los salones mientras estoy en clase.  La histeria colectiva que genera este tipo de evento me parece injustificada. Perú no va al Mundial, acéptenlo. ¿Por qué gastan cientos de soles en televisores enormes para ver jugar a un equipo que no es el suyo?

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Imagen por Iván Navarro Sardella

En Brasil, la inversión en enormes estadios junto a la profunda desigualdad que viven las clases socio-económicas menos favorecidas me parece un chiste. ¿Qué mejor manera de restregar la inequidad en la cara de la población que con millones de dólares en inversión en metal y césped sintético? Muchos alegarán el argumento del turismo y puestos de trabajo, pero vamos, eso solo beneficia al sector con el presupuesto y las capacidades necesarias para brindar determinados servicios.

El grueso de la población solo escuchará los gritos de la hinchada desde fuera del estadio, mientras que todos los problemas sociales a su alrededor seguirán tal cual. Llámenme pesimista, amargada, etc. Este es un tema del cual jamás escribiría pero es una iniciativa de Letras al Mango que estoy respetando. Hasta la próxima.