La moda está ineludiblemente presente en nuestra vida cotidiana. Es una expresión estética popular anclada a un contexto (a un tiempo, a un espacio geográfico, a una generación, etc.). Esta se da principalmente en la ropa, pero también a través de accesorios, maquillaje, entre otros. Y, más que solo una expresión, es un lenguaje.

Basándose en los postulados de Saussure, Roland Barthes comparó la moda, especialmente el vestir, con el sistema del lenguaje. En el lenguaje hay conceptos, significantes y significados. Estos son nuestras ideas, las palabras que usamos para designarlas y el sentido que les otorgamos, el cual se construye socialmente, en colectividad. En la moda funcionaría de manera parecida: tenemos nuestras ideas, las prendas que usamos para designarlas y el valor simbólico que reciben estas últimas (y no solo como piezas, sino como parte de un conjunto). Así, por ejemplo, tenemos nuestra idea de jean, la prenda que la representa (un pantalón de denim) y el significado social que se le ha otorgado (look casual, juvenil, vintage, etc.). Por lo tanto, cada prenda formará parte de un conjunto como si de una palabra en una oración se tratase; y será leída por un receptor, el cual le asignará un sentido.

El significado de cada pieza también estará sujeto a las otras prendas y los accesorios que la acompañen, a la persona que la use, al contexto donde se use (situación social, estación del año, momento del día, etc.); y a otras variables como la marca, la calidad, el material, etc. Como ya mencionamos, el sentido es una construcción social, así que es subjetivo y variable (en el tiempo, y de persona en persona). Se necesita entonces algo que sirva de referencia, que limite de alguna forma la significación. Esto, en el ámbito del lenguaje, es un código que permite la comunicación entre el emisor y el receptor bajo los mismos parámetros. La moda también tiene un código social establecido con reglas que rigen un poco el sentido y dan una pauta sobre lo que significan los colores, estilos y formas (por eso no podemos ir a una entrevista de trabajo en piyamas, y ciertas combinaciones de prendas, colores o patrones no son bien vistos). Y este código, así como en el lenguaje, tal cual exploró Foucault, está sujeto a relaciones de poder.

Todo esto puede pasar desapercibido para nosotros, pero todo el tiempo estamos leyendo signos. Estamos determinados por el lenguaje, en el sentido más amplio en el que podamos entender la palabra. Cuando vemos a alguien, inmediatamente decodificamos la imagen que nos presenta, añadimos esa información al concepto que tenemos de la persona y la comparamos con la data que teníamos. Por ello, la moda está muy ligada a la identidad tanto personal como colectiva. Cada uno se presenta ante la sociedad vestido y arreglado de una manera en específico. Elegimos las prendas y productos que usaremos como carta de presentación ante los demás.

La moda, al igual que el lenguaje, afecta diversos campos de nuestra vida: el económica, el medioambiental y el cultural, solo por mencionar algunos. Es mucho más que la ropa que se está usando y las tendencias. La moda tiene un sentido práctico y funcional, además de estético, pero también es un vehículo de comunicación: nos sirve para expresarnos y “leer” a otros.